Conflicto en Promoción Social

«Nosotros somos la mafia»

En medio de una protesta en el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad, un grupo de 20 personas que se identificó como miembros del SUTECBA golpeó y amenazó a los delegados que reclamaban. Mientras los trabajadores y las trabajadoras de hogares y paradores están en la primera fila del combate a la pandemia, el sindicato oficialista de la Ciudad opera como "poder policial" de las autoridades porteñas.

La patota del SUTECBA

La imagen inicial impacta: veinte tipos entrando con palos, a los golpes y pateando las puertas del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad, al grito de «váyanse de acá, nosotros somos mafia». No es un saqueo, no es un robo en banda, no es un motín. Es una patota del SUTECBA, el gremio eternamente oficialista de la Ciudad de Buenos Aires (no importa quién sea el oficialismo), que ingresó a la sede del Ministerio ubicado en la Villa 15-Ciudad Oculta para golpear y amedrentar a los trabajadores y las trabajadoras de Promoción Social que sostenían una medida de fuerza en el lugar para visibilizar las pésimas condiciones de trabajo en el sector.

Nadia Polanco es delegada general de Promoción Social de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE). «Intentábamos buscar respuestas favorables a nuestros reclamos históricos, que se vienen recrudeciendo cada vez más a partir del desarrollo de la pandemia y las consecuencias de la crisis socioeconómica y sanitaria», explica en diálogo con El Grito del Sur. Sueldos muy bajos (la mayoría cobra alrededor de los 24 mil pesos y de esa plata deben pagar el monotributo), merma de personal y ausencia de insumos de bioseguridad componen un combo peligroso. «Venimos con una situación muy crítica de precariedad laboral: hay un grupo de trabajadores que se encuentra en la primera línea y están contratades bajo modalidades fraudulentas, como la locación de servicio o, peor aún, la asistencia técnica vía Universidad de Buenos Aires», agrega Polanco.

Sin derechos básicos, sin ART ni insumos para sostener las medidas de protección en hogares, los trabajadores y las trabajadoras decidieron protestar en la sede del Ministerio, cumpliendo las recomendaciones sanitarias de distanciamiento. «Estando en el lugar, cuando pasamos a un cuarto intermedio, es que se desarrollan los hechos de violencia», explica Polanco. «Acá manda Sutecba», fue el grito de guerra de los violentos. Pero, ¿qué es SUTECBA y por qué opera como mano de obra y poder policial del Gobierno de la Ciudad?

«Es un gremio que históricamente ha cogestionado con todos los gobiernos que han pasado por la Ciudad de Buenos Aires», explica Polanco. Firmaron paritarias a la baja, avalaron congelamiento de salarios y son uno de los principales intermediarios al momento de ingresar a trabajar en un puesto de planta en la gestión de la Ciudad. El famoso sindicato de «los dos lados del mostrador». De hecho, hasta el día de hoy, el SUTECBA se encarga de señalar que «no son trabajadores del Estado» quienes revisten modalidades de contratación precarizadas. Un gremio que, en lugar de luchar por derechos laborales, los niega. «Cercenan la posibilidad de ejercer la libertad sindical y además nos amenazan con dar de baja los contratos», agrega Polanco.

La situación en los hogares

Corina Rojas es delegada y trabajadora de Promoción Social en el parador de La Boquita. Consultada por este medio explica: «Tenemos compas licenciados hace 4 meses por integrar grupo de riesgo. Son 4 meses de sostener equipos con un tercio de trabajadores y con el desafío de acompañar a niños y adolescentes en esta nueva normalidad tan difícil». Rojas, psicóloga y delegada de ATE, comenta que viene trabajando con horarios extendidos, una suerte de desdoble que debieron realizar los propios trabajadores para cubrir guardias y establecer pautas de rotación por si hubiese que aislar a uno de los equipos.

«En La Boquita pudimos armar tres equipos, todo con muchísima falta de personal, muy por debajo de lo mínimo indispensable», agrega Corina. Juan Cruz Pérez es docente, operador de La Boquita y delegado sindical. Fue uno de los encargados de armar el protocolo sanitario del parador, frente a la ausencia inicial de las autoridades sanitarias. «Las reivindicaciones que se están pidiendo son las históricas: pase a planta para los contratos de locación de servicio y que se equiparen los sueldos en función a los planta», explica Pérez. «Tenemos sueldos irrisorios y además están tomando gente para trabajar en la pandemia con sueldos 30% o 35% superiores a los que venimos trabajando hace 4 o 5 años», agrega.

Juventudes sindicales, divino tesoro

«A eso se le suma que fuimos declarados como personal esencial, pero jamás se nos abonó un plus o un bono. Menos aún la entrega de elementos de higiene o prevención sanitaria. Recién la semana pasada llegaron los barbijos necesarios para el colectivo de trabajadores», cuenta Pérez sobre la situación en el hogar. El delegado denuncia que no existe la articulación necesaria entre ministerios para el abordaje de los posibles positivos y señala que no cuentan con disponibilidad para garantizar el aislamiento de aquellos trabajadores y trabajadoras que no poseen un espacio propio. «En todos los dispositivos se repite un problema transversal: la falta de gente. Nos reunimos con la directora de Niñez, Carolina Díaz, y desde ATE le llevamos un relevamiento que da cuenta de que hay 91 personas faltantes en los dispositivos», sentencia.

La situación en los hogares es compleja: sueldos muy bajos, falta de personal y escasez de insumos. Y, si algo faltaba, ahora se le suma la violencia política para evitar que los trabajadores y las trabajadoras eleven sus reclamos. Una realidad compleja para laburantes que tienen la responsabilidad de cuidar y acompañar a los sectores más vulnerados de nuestra sociedad.