Romina Charur

«La ley de matrimonio nos permitió pensar en una jupá igualitaria»

A diez años de la sanción de la ley de matrimonio igualitario, la presidenta de Judíos Argentinos Gays y primera mujer lesbiana en tener un casamiento judío igualitario le contó su historia a El Grito del Sur.

Hace exactamente diez años, la Argentina se convertía en el primer país latinoamericano en permitir que dos personas del mismo sexo contraigan matrimonio legalmente, posicionándose a la avanzada en cuanto a la ampliación de derechos de la población LGTBQ+. Aquel día, miles de activistas festejaron el resultado de una lucha histórica en las afueras del Congreso con un cartel que llevaba la inscripción ‘El mismo amor, los mismos derechos’. Romina Charur y Victoria Escobar estaban ahí.

Romina Charur es la presidenta de Judíos Argentinos Gays (JAG) y fue la primera mujer en casarse bajo una jupá igualitaria, es decir un matrimonio judío igualitario. Si bien JAG surgió hace 13 años con la intención de contener a los judíos LGTB, fue hace seis años cuando Romina y su pareja, Victoria, se acercaron en busca de ayuda. Aunque Victoria venía de familia católica, ambas ya practicaban el judaísmo cotidianamente, por lo cual en 2014 cuando decidieron casarse, buscaron algún tipo de ceremonia que pudiera contener su unión civil en el marco de los ritos judíos. En ese momento, acompañadas por JAG, se presentaron en la comunidad NCI-Emanu El para encontrar alguna respuesta. “Para ese entonces estaba la rabina Karina Finkelstein, que nos dio una bendición pero dijo que no se podía hacer nada más porque Vicky no era judía”. A partir de allí Victoria comenzaría el proceso de conversión que finalizó en diciembre del 2015, momento para el cual la pareja ya estaba totalmente integrada a la comunidad. “Si bien no podíamos hacer la ceremonia, ya éramos parte activa. Por eso, cuando Vicky terminó su proceso de conversión, nos acercamos a la comisión directiva diciendo que queríamos trabajar nuevamente para lograr hacer una jupá igualitaria”, recuerda Romina en diálogo con El Grito del Sur.

El cambio cultural que significó la ley de matrimonio igualitario atravesó todas las comunidades religiosas y de alguna manera llevó a resignificar las creencias. Aunque en 2014 Santiago del Estero realizó el primer casamiento por iglesia de una persona trans y en 2018 el pastor evangélico Sergio López se casó por iglesia con su esposo Renato, entre otros avances de la comunidad LGBT dentro de la religión, los grupos más ortodoxos aún siguen siendo reticentes al respecto.

En el caso de Romina, el proceso implicó un camino largo pero fructífero. Para lograr este avance, desde NCI-Emanu se basaron en la responsa que emitió el Committee of Jewish Law and Standards de la Asamblea Rabínica del Movimiento Conservador en 2006, por la cual se permitió que las parejas del mismo sexo puedan casarse de acuerdo con la ley y el ritual judíos. Fue así que, después de varias instancias de discusión, la asamblea de la comunidad aprobó por unanimidad el primer matrimonio igualitario judío en abril del 2016.

Romina sabe que nada de lo que se logró dentro del judaísmo podría haber sucedido sin la promulgación de la ley. “La ley del matrimonio igualitario fue un antes y un después. Con ella pasamos a ser iguales que los demás y a tener los mismos derechos. Antes de eso, siendo lesbiana o gay no cabía en tu cabeza la posibilidad de casarte ni tener una familia, mucho menos pensar que ibas a poder llevar una pareja al templo o tener un hijo. Ahora, mi hijo de dos años corre tranquilo por los pasillos de la sinagoga como cualquier otro chico”, cuenta. Luego agrega: “Hoy por hoy nosotras tenemos una integración absoluta, vamos al templo todos los viernes y yo fui parte de la Comisión Directiva durante dos años. Además, en otras sinagogas también se han celebrado jupas igualitarias. Independientemente que la comunidad nos alojó y nos permitió casarnos bajo los ritos de la religión esto se logró gracias a la ley, sin ley ni siquiera hubiéramos podido pensar en una jupá igualitaria”.

Desde JAG saben que para que finalice la discriminación por orientación sexual no es suficiente solamente el respaldo legal, por eso desde la organización trabajan de forma conjunta con colegios judíos para lograr una educación inclusiva e igualitaria con perspectiva de diversidad. Si bien la organización fue una herramienta fundamental para que tanto Romina y Victoria como muchas otras personas gays, lesbianas, bisexuales y trans se integren a la comunidad, la meta es que en el futuro nadie necesite ayuda para practicar sus creencias y que manifestar abiertamente su orientación sexual no sea sinónimo de expulsión. En ese sentido, Romina es positiva y resalta los avances que se han logrado en los últimos diez años, no solo en NIC Emanu sino en todas las comunidades judías. “JAG se formó para contener a la gente que no se podía integrar a la comunidad porque se sentía juzgada. Antes, vos como gay -aunque no estuvieras en pareja- no te acercabas a una comunidad porque te sentías rechazado. Lo que buscamos a futuro es que no se necesite que exista JAG. Nuestro deseo es que cada une pueda ingresar a la institución que desee y eso es lo que está pasando”.