Jonathan Thea

«El Evita organizó al sujeto político más novedoso de los últimos años: el trabajador de la economía popular»

Seamos Libres anunció que se integra definitivamente al Movimiento Evita. El Grito del Sur dialogó con Jonathan Thea para entender las razones de este proceso de unidad, su lectura del escenario político y el aporte en la etapa actual. "El peronismo logró construir el contorno para acercar a la tradición de izquierda popular", sentencia.

La historia entendida como proceso de transformación. De aquel grupo de jóvenes que en el año 2006 fundó El Gleyzer a la consolidación de la herramienta política en 2014 bajo el sello Seamos Libres, el recorrido militante de Jonathan Thea fue siguiendo de cerca los procesos históricos que vivió nuestro país en las últimas dos décadas. En un contexto marcado a fuego por la pandemia de COVID-19, Seamos Libres anunció dos días atrás que se integrará definitivamente al Movimiento Evita, la síntesis de un proceso de unidad que vienen construyendo desde hace varios años.

Gestor cultural, militante político y actualmente director general de Coordinación Institucional en Jefatura de Gabinete de Ministros, El Grito del Sur dialogó con Jonathan Thea para comprender el proceso de unidad, las razones que lo motorizan y su lectura de la compleja situación que atraviesa nuestro país.

¿Cómo llegan a esta síntesis y por qué el Movimiento Evita?

Este lunes vamos a hacer un Congreso Nacional de Seamos Libres para ratificar una decisión que venimos construyendo hace ya mucho tiempo. Desde el verano venimos discutiendo la fusión definitiva pero hace dos años que somos parte de la organización: participamos de los ámbitos de conducción, manteniendo nuestra identidad pero muy articulados y en sintonía con la política del Evita. Si uno va un poco atrás, nosotros en 2014 participamos de las propuestas del segundo tomo que impulsó el Evita a partir de la precandidatura presidencial de Jorge Taiana. Si uno mira inclusive más atrás hay un acercamiento de posiciones desde fines de 2013, entendiendo que es la organización popular más grande de la Argentina, que tiene una profunda vocación transformadora de la realidad y que organizó al sujeto político más novedoso y emergente de los últimos años que es el trabajador de la economía popular. En política siempre es importante la audacia, y el Evita es una organización audaz y que pone la construcción de poder popular en el centro de la búsqueda de una estrategia de poder.

Seamos Libres se integra al Movimiento Evita, Itai Hagman se posiciona muy cerca de Máximo Kirchner y La Cámpora. ¿Hay una suerte de peronización de la izquierda popular?

La realidad es que el peronismo logró en estos últimos años construir el contorno para que todas las tradiciones de lo que autodenominamos izquierda popular se haya acercado al peronismo, entendiendo que es ahí donde se discute la política popular en Argentina. Nuestras construcciones, que fueron buenas y genuinas, que plantearon debates que no se venían planteando, llegaron a un techo. Empezamos a notar nuestros propios límites y que lo construido tenía que ser parte de un espacio más grande sin perder la identidad. Seamos Libres tiene esta definición hace tiempo y así culmina una parte, una etapa. Pero nosotros no vamos a diluir nuestra identidad sino que se la vamos a aportar al Movimiento Evita para que pueda interpelar a más sectores.

¿Qué discusiones trae sobre la mesa Seamos Libres al Evita?

Nuestro aporte tiene que ver con interpelar a un sujeto joven, que está más atraído por las nuevas discusiones del siglo XXI vinculadas a lo laboral, a las formas del buen vivir, a las discusiones ambientales, del feminismo y las problemáticas urbanas. Para construir una organización popular fuerte y grande que tenga capacidad de incidir en los destinos de la Patria, es necesario llegar a la gran mayoría de sectores posibles. Está claro que los trabajadores y las trabajadoras de la economía popular son fundamentales pero con eso no alcanza: tenemos que poder llegar a los jóvenes estudiantes, a los pequeños comerciantes, a los colectivos feministas y los espacios ambientalistas. Construir una organización bien diversa y heterogénea, con un horizonte claro pero que pueda contener las nuevas realidades. Es la búsqueda que venimos haciendo hace varios años, en principio en CABA, pero que fuimos trasladando a todo el país: a la cultura, al feminismo, a la intelectualidad, como lugares donde construir y humildemente aportar a la misma.

Existe en el FdT una tensión entre apelar a la moderación para conservar la unidad y la puja con ciertos sectores que pretenden avanzar en discusiones, por ejemplo el impuesto a las grandes fortunas. ¿Cómo se convive en un frente tan amplio para tomar decisiones de fondo?

Es un tema construir los equilibrios que nos permitan ir avanzando. En el Frente de Todos construimos un espacio bien amplio donde se tuvo la capacidad de incluir a la mayoría de los espacios peronistas, progresistas e independientes en un gran frente. Eso nos permitió ganar las elecciones. Alberto tiene una política del consenso y el diálogo que nos otorga gobernabilidad y que se demostró en la gestión de la pandemia, que le permitió dialogar con los gobernadores sin importar su color político. Ahora tenemos que iniciar un proceso donde podamos llevar adelante transformaciones más profundas, no solo de carácter coyuntural como el impuesto a las grandes fortunas o lo de Vicentin sino cuestiones más estructurales. Hoy tal vez no tengamos la condición suficiente para construir esas transformaciones, que tiene que ver no solo con el consenso interno sino con la capacidad de construir consenso junto a sectores productivos y laborales que están por fuera del FdT. No alcanza con que nos pongamos de acuerdo entre nosotros, sino que también requerimos la capacidad de ponernos de acuerdo con otros. Planes, iniciativas y propuestas hay muchas, pero lo que falta es consensuarlas con los actores que son genuinos en esos temas.

En el Fdt conviven dos miradas sobre la economía popular: una más «productivista» que propone su inclusión a un mercado formal de trabajo, y otra que habla de la mejora de sus condiciones de vida como trabajadores de la economía popular. ¿Cómo ves esta tensión?

La pandemia ayudó a clarificar el debate de la realidad laboral en nuestro país: hay cinco o seis millones de trabajadores de la economía popular y de alguna manera el Estado tiene que intervenir y acompañarlos. Yo entiendo que difícilmente puedan integrarse a un esquema productivo como el de hace 40, 50 o 60 años. Ya el mundo cambió: mi abuelo laburó en Grafa durante 35 años, eso difícilmente vuelva a existir. Me parece que vamos a cometer un error si queremos volver a la Argentina de los 40 o los 50, cuando no hay condiciones en el mundo para hacerlo. Eso no quiere decir que no podamos tener una política que le otorgue derechos al conjunto de los trabajadores y las trabajadoras de nuestro país. Nosotros tenemos una masa laboral que debe tener derechos. La pregunta sería: ¿cómo le damos derechos a todos los trabajadores y las trabajadoras? Los de la economía popular e informal. Esa sería la discusión más que cómo construimos fábricas para integrarlos al mercado formal. Yo no conozco ningún plan que me muestre que eso es posible, si alguno lo tiene está buenísimo y vamos a discutirlo, cómo construir la Argentina de los 50. Lo que tenemos que pensar es cómo le damos mejores derechos a los trabajadores de la economía popular y cómo se insertan sus procesos productivos en beneficio del país. Ese es un debate interesante que nosotros también debemos darnos, actualizar los planteos propios sobre la economía popular.

¿Qué pueden hacer los gobiernos populares para frenar la proliferación de discursos de odio desde la ultraderecha?

Es preocupante y no pasa solo acá, sino que está presente en todo el mundo y tiene que ver también con la crisis política y el intento de canalizar representaciones por medio de actitudes filo fascistas, que tocan lo más sensible del sentido común. La forma de dar respuesta es atendiendo todos los problemas que tenemos, absolutamente todos. Los que se vinculan con el trabajo pero también con la seguridad, con la justicia, con la corrupción. Tenemos que poder dar respuestas para que determinados sectores no se monten sobre esa problemática y nos lleven a lugares desde los cuales es muy difícil poder dialogar. La responsabilidad nuestra, no solo como gobierno, sino que también lo tiene la oposición, es bajar las aguas con algunos planteos. Y nosotros como gobierno tratar todos los temas, ya que no puede haber algunos de los que no queramos hablar y le regalemos agenda a ese tipo de sectores.

¿La inseguridad es uno de esos temas que se suele evitar?

Si, claro. Nos cuesta tener planteos profundos sobre este tema, y al campo popular ni hablar. La decisión de que Sabina (Frederic) esté al frente del Ministerio de Seguridad es un acierto, está capacitada y lo ha estudiado en profundidad. Es un compromiso de todas las fuerzas políticas atender este tema y mostrar a la sociedad que nosotros estamos preocupados y haciendo los esfuerzos para poder resolverlo. Siempre nos costó el tema, es una realidad, pero no puede ser así porque la inseguridad golpea fundamentalmente a los sectores populares, a los trabajadores, a los que se levantan todos los días para ir a laburar o los que vuelven a la noche a la barriada popular. Hay que profundizar el trabajo en esta área y dar una respuesta sincera.

 

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