La agenda ambiental continúa ganando terreno

«El Acuerdo de Escazú garantiza un nuevo paradigma de democracia ambiental»

Luego de una larga campaña en redes sociales y múltiples reuniones, la militancia ambientalista logró que esta semana que el Congreso de la Nación ratifique el Acuerdo de Escazú. Nicole Becker, referenta de Jóvenes por el Clima, explica en qué consiste el acuerdo, sus implicancias y las tareas pendientes.

Activistas y militantes ambientalistas plantean desde hace tiempo la importancia de que los distintos países de la región adhieran al Acuerdo de Escazú, que introduce distintas normativas en materia de derechos ambientales. Sobre el final de esta semana el Congreso de la Nación debatió durante horas y terminó por ratificar el acuerdo, convirtiéndose en el décimo país en hacerlo. Escazú es un acuerdo regional, distinto al resto de los acuerdos que existen en materia ambiental, que plantean normativas en un aspecto más técnico y propone una serie de derechos en materia ambiental, enfocados principalmente en el acceso a la información, el derecho a la participación y la justicia. «Es como si fuera una convención de derechos humanos, pero de ambiente. No tiene que ver con las cuestiones de fondo, como por ejemplo del modelo productivo, sino de cómo abordamos los temas ambientales», explica Nicole Becker, referenta de Jóvenes por el Clima en Argentina, en diálogo con El Grito del Sur.

Aunque para su entrada en vigor el acuerdo debe ser ratificado por al menos 11 países, esta base puede usarse ya como fuente normativa para avanzar con otras legislaciones. Además, por el peso de Argentina en la región, se espera que el resto de los países no tarden mucho más en avanzar con el tratamiento y la aprobación del Acuerdo de Escazú. «El próximo paso tiene que ver con que lo ratifique un país más y después pensar en cómo se va a llevar a cabo y cómo va a ser su implementación», cuenta Becker.

Latinoamérica lidera el ranking de las regiones más peligrosas para ser defensor o defensora ambiental y, en este sentido, el Acuerdo de Escazú incorpora un punto clave: la protección de les activistas ambientales. Si bien en nuestro país no se registran tantas alarmas, como sí ocurre en Colombia y Brasil, resulta fundamental incorporar y adherir a acuerdos de este estilo en un contexto donde, sobre todo en los últimos años, se han ensanchado las filas de la militancia ecologista, incorporando mayoritariamente a una destacada porción de la juventud argentina. «El Acuerdo de Escazú es muy bueno porque garantiza un nuevo paradigma de democracia ambiental. En ese sentido, creo que lo que implica es un punto de partida, no un punto de llegada», plantea la joven activista.

Mientras resta esperar que avance la normativa en otros países de la región, la referenta de Jóvenes por el Clima cuenta que -antes de la sesión en que se ratificó el acuerdo- mantuvieron una reunión con el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, y el titular de la Comisión de Ambiente, Leonardo Grosso, en la que los legisladores acercaron la idea de constituir un espacio interseccional con representación de distintos actores de la sociedad civil para que se encarguen de controlar el cumplimiento del acuerdo. «Es un logro y una prueba más de que la militancia y el movimiento socioambiental es cada vez más fuerte», concluyó Becker.

 

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