Día del Maestro y la Maestra

Enseñar a leer y escribir por Zoom: historias del primer grado en pandemia

Aunque las dificultades de la educación a distancia fueron muchas y muy variadas, el verdadero desafío lo afrontaron aquellos maestros y maestras que tuvieron a su cargo la enorme tarea de enseñarle a leer y a escribir a los niños y las niñas de primer grado.

El primer grado es un año crucial en la trayectoria escolar de todes les niñes por muchos motivos, y uno de ellos es que se aprende a leer y escribir. En una nueva celebración del Día del Maestro y de la Maestra, desde El Grito del Sur indagamos al respecto y conversamos con dos maestras, para que nos cuenten de primera mano cómo se desarrolla el proceso de alfabetización desde la virtualidad. «Si bien la alfabetización es fuerte en el primer grado, es un proceso que no empieza ni termina ahí. Y eso también nos puede dar la posibilidad de un tiempo más extendido para pensar la alfabetización», plantea Marcela Terry, docente MATE (Maestra Acompañante de Trayectorias Educativas) que estuvo trabajando durante este período de educación a distancia con niñes de primer y segundo grado en proceso de alfabetización.

Paola Cuaglia es maestra de primer grado en el Distrito Escolar Nº 10 y, para comentar su experiencia, resalta la labor conjunta que vienen desarrollando junto con los padres y las madres de les niñes. Si bien reconoce que las familias no estaban preparadas para alfabetizar desde sus hogares, celebra y destaca la voluntad con que asumieron el desafío y se adaptaron a las nuevas pedagogías. «El contacto (con los chicos y las chicas) es todos los días. Todos los días un poquito, porque primer grado lo que necesita es eso: estar todos los días un poquito conectados con la lectura, con la escritura. Y trabajamos mucho con las familias, haciendo reuniones por Zoom y explicándoles cómo vamos a seguir adelante, cómo va a ser el siguiente paso que vamos a dar, pedirles que los dejen escribir como les sale así nosotras podemos avanzar con los contenidos», describe.

Antes del inicio de la cuarentena -recuerda-, los niños y las niñas tuvieron solo dos semanas de clases en las escuelas y en muchos casos no llegaron siquiera a conocer a todes les docentes. Mucho menos apropiarse del lugar, de la escuela, que empezaban a habitar. «Aún todavía siguen diciendo sala, traen ese lenguaje del nivel inicial y bueno, pasa», confiesa. Esto trajo consigo una infinidad de desafíos a la hora de pasar las clases y la educación misma a la virtualidad, pero «la mayor dificultad es avanzar con el proceso de alfabetización», sostiene Terry. «Alfabetizar supone una serie de condiciones que no están dadas en la virtualidad», agrega.

Desde entonces los maestros y las maestras, junto con las familias y hasta les mismes estudiantes, se han dado distintas estrategias para sostener el proceso de enseñanza y el vínculo pedagógico. A través de las aulas virtuales, grupos de WhastApp y de Facebook, a través de los mails, videollamadas por Zoom, Google Meet y distintas plataformas, se las ingeniaron para seguir educando. Hasta videos de TikTok hicieron les docentes. «Las canciones por TikTok cantadas por sus seños les encantó y eso los motivaba a leer también», cuenta contenta.

Mucho de lo que fue sucediendo tuvo que ver con ensayar distintos mecanismos para cumplir con los objetivos. Desde llamar a les xadres hasta hacer videollamadas personalizadas con estudiantes que no cuentan con conexión a internet. Durante estos meses fue fundamental el respaldo en las casas de lo trabajado en las aulas virtuales. Poder acompañar, además, un proceso tan importante como aprender a leer y escribir fue una pata clave a la hora de atravesar ese proceso. Y eso requirió de charlas cotidianas con los chicos y las chicas, pero también con sus familias, para recrear el «ambiente alfabetizador» que se pierde muchas veces por no estar en las aulas. Leerles un cuento, colgar afiches con palabras que trabajaron con sus maestros y maestras, entre otras cosas, fueron algunas de las recomendaciones que pusieron en práctica. «A los papás los llevamos como en una capacitación acelerada de las aulas virtuales», cuenta Cuaglia. Sin embargo, admite que «muchas cosas van a quedar por fuera, que se tienen que dar en la presencialidad y no pueden adaptarse a la virtualidad».

No fue nada fácil y las dificultades no fueron las mismas tampoco al momento de enseñar la escritura y la lectura. «Yo encuentro más difícil intervenir en la escritura, porque tiene que haber un momento de plena confianza y que los niños y las niñas sepan que lo que van a escribir va a estar bien como lo escriban. Eso cuesta mucho», plantea la maestra acompañante de trayectorias educativas. «Nosotras, las maestras de primero, usamos mucho el «escribilo como puedas» y eso en el aula tiene un sentido que muchas veces es difícil de explicar y que suceda en las casas», explica. Ese «escribí como puedas» es «yo sé que algo sabés, usá eso que sabés para escribir esto que te propongo y vemos cómo seguimos, pero va a estar bien porque estás aprendiendo». Esa mirada en las casas es muy complicada porque hay mucha ansiedad (por parte de les xadres) cada vez que mandamos una tarea para que no falte ninguna letra o no haya faltas de ortografía», suma.

Terry cuenta también que, durante estos meses donde se estuvo sosteniendo un sistema de educación a distancia, muchas familias optaron por comprar abecedarios y múltiples variaciones para acompañar el proceso de aprendizaje de lectura y escritura. Pero esto no necesariamente fue útil. «Muchos adultos piensan que con el nombre de la letra ya está, entonces si los nenes saben el abecedario ya está. Pero con lo que nos estamos encontrando, sobre todo ahora producto de los meses de trabajo, es con nenes que ante una palabra la pueden deletrear «c-a-s-a», pero no pueden leerla», menciona. «Es un trabajito de hormiga», agrega Cuaglia.

Desde este medio les consultamos también cómo influyó el exceso de virtualidad en el sostenimiento o desuso de los cuadernos. «Al principio manteníamos el cuaderno, pero ahora es más difícil. Quizás cada encuentro es una hojita nueva y no sabemos bien dónde quedó la anterior», dice Terry. Mientras que en el caso de la maestra del distrito 10, la situación es otra: «Los chicos y las chicas siguen usando su cuaderno en la casa, y lo que hacen es mandarnos la fotito. Seguimos haciendo el panel del día, ese hermoso panel que construimos, porque es fundamental seguir todos los pasos para que ellos puedan construir esta lectura y esta escritura».

Al grado que tiene a cargo Cuaglia le tocó el acto por el Día del Maestro y de la Maestra. Orgullosa, cuenta que sus alumnes pudieron hablar de su escuela tanto en la oralidad como en la escritura. «A mí eso me llenó el corazón», expresó.