Vidal amaga con competir en la Ciudad

María Eugenia deshoja la margarita porteña

Cada vez más lejos de Macri y más cerca de Horacio Rodríguez Larreta, Vidal se plantea su candidatura como diputada por la Ciudad, aunque por ahora no abandona su perfil de dirigente bonaerense. En su entorno especulan inclusive con la posibilidad de que deje pasar el turno y se resguarde para 2023. La danza de nombres y de internas de la oposición sigue sumando capítulos.

La ex gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, admitió a fines de agosto que estudia la posibilidad de un retorno a la Ciudad, su cuna política, como candidata en las elecciones legislativas del año que viene. No hizo más que confirmar un rumor que ya circulaba por los zoom de los dirigentes de Juntos por el Cambio de la Provincia desde que aceptara, en abril, la invitación de Horacio Rodríguez Larreta de sumarse a la “mesa de crisis” por el COVID en territorio porteño. Aun así, la revelación generó revuelo del otro lado de la General Paz, donde la danza de nombres para competir en 2021 incluye a varios pesos pesados como el intendente de Vicente López, Jorge Macri, el ex ministro del Interior, Rogelio Frigerio y el ex presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, el último en anotarse. Incluso se especuló en su momento con una incursión de Diego Santilli, envalentonado por su perfil filo-peronista. También coquetea con esa posibilidad Elisa Carrió, desde una vidriera opuesta o complementaria, según desde donde se la mire.

Rodríguez Larreta había convocado a Vidal para “sumar” desde un costado meramente “social”, el perfil elegido por la dirigente para su tránsito por el llano. De hecho, en ese plan, visitó la capilla del Padre Toto De Vedia en la Villa 21-24 de Barracas. Desde su ONG “Ayudemos desde Casa”, la ex gobernadora recoge donaciones para comedores pero de la Provincia. Un poroto en cada canasta: por ahora, prefiere jugar a dos puntas y esperar. “Me cuesta elegir entre la Ciudad y la Provincia. Es como elegir entre tu mamá y tu papá”, dijo, fiel a su estilo.

En su entorno sostienen que la decisión está atada a cómo evolucione la situación del país: en la profundización o no de la crisis socio-económica se juegan las chances, para cualquier opositor, de encabezar una boleta competitiva. Por eso, si el Gobierno lograra cierto éxito en manejar la pandemia y la economía, incluso está la posibilidad concreta de que finalmente deje pasar el turno del año que viene y se resguarde para 2023. “Todo eso pesa en la balanza”, se atajan, y aclaran que de ninguna manera Vidal se “sacrificaría” con la idea de una hipotética candidatura perdedora –pero de reducción de daños– en Provincia, como lo hizo CFK en 2017. De ahí que las chances de encabezar en la Ciudad, territorio cómodo y conocido, no se descarten hasta último momento. La idea es apostar a seguro: ganar o cuidarse.

Vidal sí tiene una cosa clara: su espacio de referencia en la oposición está en el sector “dialoguista”. Si ya no le habían gustado las últimas decisiones políticas de Mauricio Macri como presidente –entre ellas, no permitirle desdoblar la elección en Provincia–, mucho menos el rol que eligió el ex presidente como opositor “duro”. Nadie se olvida en su entorno que los mismos trolls que manejaba Marcos Peña desde la Rosada ahora la tienen de blanco a ella y a Rodríguez Larreta por tener una “posición blanda” frente a Alberto Fernández. Tampoco cae bien la elección de Patricia Bullrich como vocera, que a la postre podría resultar un trampolín de la ex ministra para una candidatura también en Ciudad, en representación de ese «núcleo duro» anti todo.

Esa elección política la aleja cada vez más de Macri. Emilio Monzó, esta semana, mandó a jubilar al ex presidente, pero ella no salió a cruzarlo. Ni lo va a hacer. Tampoco, por ahora, se permite decir lo contrario, que el ex presidente sigue siendo el jefe indiscutible del espacio y que merece volver al lugar de donde lo sacaron las urnas. Al contrario: lo prefiere en la quinta Los Abrojos, en Tres de Febrero, escribiendo cartas como la que publicó en La Nación el domingo pasado, a la que entiende intrascendente. Para la foto y poco más, lo que es igual a jubilarlo, claro, pero decorosamente: eso serviría, explican en su entorno, para «bajar un cambio» en la confrontación política.

Sobre la carta en sí, para llevar más claridad, la dirigente cree que Macri perdió una oportunidad de jugar fuerte en respaldo de Rodríguez Larreta, quien esa misma semana debutó como jefe de la oposición en su mensaje en vivo en respuesta a la decisión del Gobierno de quitarle un 1,2% de coparticipación a la Ciudad. El de los recursos es un tema incómodo para Vidal, dado que ella misma le había exigido a Macri un aumento que nunca recibió, negativa que también los enfrentó. Hasta esta semana, eligió elogiar a Larreta por «no enfrentar a porteños y bonaerenses» en su discurso del jueves pasado.

En Parque Patricios, en tanto, apuestan a Vidal como un tapón eventual ante el crecimiento de Martín Lousteau o de la misma Bullrich como posibles figuras a suceder a Horacio Rodríguez Larreta en 2023, cuando el Jefe de Gobierno abandone la Ciudad en dirección a una casi segura candidatura a presidente. Tanto Lousteau como Bullrich tienen juego propio y no son considerados en el larretismo como fieles, sino más bien como «resbaladizos». Ninguno de ellos, creen, se animaría a competirle a María Eugenia.

 

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