La Economía Popular, rumbo a la representación formal

La UTEP busca su lugar institucional en el mundo de los sindicatos

La UTEP va por su personería como gremio confederado. La importancia de este suceso no es solo local, sino que representa una tendencia de avanzada en un mundo donde “2,5 mil millones de personas trabajan en la informalidad, casi la mitad de la mano de obra mundial” (OIT). Las conversaciones entre el gremio y la CGT.

Luego de varias conversaciones a lo largo de los últimos años, la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) se encamina a conseguir la personería gremial -como gremio confederado- reconocida por el Ministerio de Trabajo. Este sindicato, conformado en diciembre del año pasado a partir de la unificación de varias organizaciones sociales, aspira a representar a los más de 4 millones de trabajadores y trabajadoras no registradas de la Argentina. Además, su posible incorporación a la CGT -por ahora, sin plazos concretos- consolida la idea de una sindicalización de la economía popular e informal, algo que desde hace tiempo se discute en nuestro país y más recientemente en el mundo. Ya desde 2015, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) reconoce la importancia de la sindicalización del sector, pero son pocos los países que han avanzado en ese sentido. Esto es lo que le otorga mayor valor a este posible reconocimiento gremial.

Desde sus inicios, la UTEP ha marcado como objetivos el acceso al salario social complementario, la cobertura de salud, la protección familiar, la cobertura por ART y los aportes jubilatorios para sus asociados, algo impensado hasta hace unos años incluso por el propio colectivo de trabajadores y trabajadoras informales. Pero la pandemia ha puesto en evidencia la necesidad e importancia de programas como el IFE para sostener el ingreso de una gran cantidad de sectores sociales que se encuentran por fuera del mercado formal.

El reconocimiento institucional tiene como premisa consensuar una herramienta legal de representación, que cumpla con mínimas coberturas laborales y que permita institucionalizar su funcionamiento. Todavía resta definir si esto sería la conformación de una nueva figura por fuera de la ley de asociaciones sindicales, lo que implicaría un avance todavía mayor, ya que se espera que tenga cierto parecido a la «personería social» que el 9 de diciembre de 2015 el Ministerio de Trabajo a cargo de Carlos Tomada le otorgó a la CTEP.

Movilización CTEP San Cayetano

Movilización CTEP San Cayetano

Los debates sobre la forma de organización entre los sindicatos tradicionales y las nuevas formas de sindicalización han tomado mucho revuelo en los últimos años. El debate por la incorporación de estas nuevas herramientas gremiales en las centrales de trabajadores tradicionales como es la CGT, trae aparejado (según detalla la OIT) discusiones relacionadas al estatuto, sus formas de representación, el tipo de estructura, la forma en que se realiza la recaudación de cuotas de afiliación y la manera en que serían las prestaciones y servicios ofrecidos.

Por eso no es extraño que, ante este avance de reconocimiento institucional, algunas voces del mundo sindical cuestionen que éste no sería un “sindicato normal» y hasta pongan en duda su funcionamiento dentro del Consejo Directivo de la CGT.

La informalidad: un problema mundial

En medio del debate sobre la flexibilización laboral y las consecuencias del teletrabajo, la OIT difundió en junio de este año un documento titulado “El futuro sindical depende de la organización de la economía informal”. El informe revela que “la sindicación de los trabajadores de la economía informal puede impulsar la renovación del movimiento sindical, gracias al aumento del número de afiliados y la asunción de la negociación colectiva de los trabajadores de la economía informal a fin de proteger los derechos laborales, fortalecer la voz colectiva e influir en las políticas sociales y económicas”.

Este análisis pone en evidencia -por un lado- el cambio de paradigma del mundo sindical y, a su vez, el déficit de un sistema económico mundial que ya no puede generar de manera masiva puestos de trabajo que garanticen los derechos básicos. Otro reciente informe de la OIT muestra que la economía informal abarca el 85,8% del empleo en África, el 68,2% en Asia Pacífico, el 68,6% en los Estados Árabes, el 40% en las Américas y el 25,1% en Europa y Asia Central. Además, otro informe titulado “Mujeres y hombres en la economía informal: Un cuadro estadístico”, muestra que “un 93% del empleo informal mundial se realiza en los países emergentes y en desarrollo”.

La trascendencia de la organización de los sectores de la economía popular o informal en sindicatos no es solo el fruto de una característica corporativa que tiene el pueblo argentino, sino que responde a un problema a resolver en varios puntos del planeta. Como dice la propia OIT, “esto resulta especialmente significativo por los déficits en cuanto a trabajo decente que afectan a la economía informal, en la que trabajan casi 2,5 mil millones de personas, es decir, casi la mitad de la mano de obra mundial”.

Pero este proceso de sindicalización es bastante complejo y está directamente ligado a dos cuestiones fundamentales: “los derechos a votos y las cuotas de afiliación”. Es decir, el “poder de decisión” debe estar equiparado a lo que comúnmente se llama la “caja”. De esta manera, la OIT reseña casos en el mundo donde diferentes sindicatos resolvieron el problema del voto y de los lugares de poder de los gremios, en relación a la cuota pagada por cada miembro del mismo. Lo interesante de esto es que, entre los procesos ejemplificadores que cita el texto, aparecen dos espacios gremiales de la Argentina: la CTA y la CTEP como casos ilustrativos de sindicalización en la economía informal. Y se resalta que en nuestro país se adoptó el enfoque de “idénticas cuotas e idénticos derechos”, dejando sin efecto esta diferencia entre aquellos trabajadores y trabajadoras que se encuentran en situaciones de informalidad o formalidad.

Si ganan los trabajadores y las trabajadoras, todes ganan

Más allá de estos debates, los beneficios para los trabajadores y las trabajadoras de la economía popular están claramente a la vista. Este reconocimiento traería beneficios adicionales, como una cobertura de ART, algo inédito para el sector. Por otra parte, si la CGT decide cobijar a este nuevo gremio, ganará un aumento cuantitativo en sus miembros y la extensión de una negociación colectiva que permita proteger mayores derechos laborales. Para ponerlo en números, según el informe de la OIT “en Argentina hay más de siete millones de trabajadores en el sector informal, lo que constituye aproximadamente un 46,8% de la mano de obra”. El poder de movilización que ha demostrado el sector informal organizado en nuestro país, sobre todo durante los últimos cuatro años de macrismo, pone de manifiesto su importancia para la disputa sindical y política.

Además, en su primera presentación pública, el «Plan de Desarrollo Humano Integral” que presentaron de conjunto varios sindicatos de la CGT con la UTEP, demuestra la importancia de pensar políticas públicas desde una integralidad del trabajo para el desarrollo de nuestro país. Frente a los debates de la “meritocracia” que ocultan los déficits del actual modelo económico mundial, desde nuestro país se responde con avances concretos para garantizar derechos de los sectores populares. A este reconocimiento institucional se suman también iniciativas como las de la renta básica o el ingreso social, y la propuesta de la reducción de la jornada laboral a 6 horas (proyecto de ley presentado esta semana por el diputado del Frente de Todos Hugo Yasky).

Las formas del trabajo y sus diferentes maneras de organización popular vienen cambiando de manera dinámica en los últimos años, en gran medida por un sistema de distribución cada vez más desigual, y un proceso de tecnologización que cambia las dinámicas de producción. Reconocer a la economía popular y su sindicalización significaría un avance muy importante en ese sentido.

 

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