El fantasma del "vamos a volver" recorre Latinoamérica

A pesar de los golpes y de los fusilamientos

En solo un año el MAS-IPSP derrotó el Golpe, construyó un candidato, ganó las elecciones y se apronta a gobernar nuevamente si no existen eventuales obstáculos. Un análisis del triunfo de Luis Arce en la primera vuelta de los comicios bolivianos.

Son las 12 de la noche del domingo y unas 15 personas esperan sentadas alrededor de la tele en ese cuartito oscuro de La Paz. Llevan más de 6 horas de tensión: las mesas testigo, los boca de urna y altas fuentes en off del organismo electoral comentan que el resultado es paliza, pero aún no hay información oficial y la tensión late dentro y fuera del cuarto. Pasada la medianoche, cuando la presentadora de UNITEL anuncia en cámara los resultados, en el cuarto y en todo Bolivia estallan los festejos. En el centro del abrazo y el griterío, tan sosegado como sonriente, Luis Arce festeja que -a un año del golpe de Estado que dejó 35 muertos, miles de heridos y a los principales líderes populares de Bolivia en el exilio- la wiphala vuelve al Palacio del Quemado.

Finalizaron las elecciones presidenciales en Bolivia y transcurridas 24 horas del cierre de la última urna, la página oficial del Órgano Plurinacional Electoral apenas marca el 27% de los votos cargados. Ayer a la noche, los primeros resultados disponibles en boca de urna le daban un triunfo al MAS-IPSP por más de 20 puntos, casi el doble de la diferencia que había obtenido en octubre del año anterior. Los resultados llegaron tarde y la especulación se prolongó durante la noche al compás de la falta de información, pero finalmente la presidenta de facto, Jeanine Añez, el director de la OEA, Luis Almagro, y el candidato presidencial Carlos Mesa reconocieron el triunfo de la fórmula de Luis Arce y David Choquehuanca. El tridente que por acción y omisión dirigió el Golpe, reconocía su derrota en las urnas un año después.

El triunfo del binomio Arce-Choquehuanca nos lleva a analizar el estado de la correlación de fuerzas en la región. Ya no es conclusión sino premisa: quienes hablaban de un fin de ciclo estaban errados. La larga contienda regional tuvo ayer una victoria popular de primera magnitud pero que no está aislada y seguramente tendrá un nuevo empujón este domingo, cuando el pueblo chileno vote la creación de una Asamblea Constituyente que pondrá punto final a la Constitución pinochetista y sus leyes de amarre. El germen de una revolución en el paraíso perdido de los neoliberales. Y para arrancar un año intenso, en febrero de 2021 vota Ecuador, donde lideran las encuestas Andrés Arauz y Carlos Rabascall, candidatos de la alianza correísta. El fantasma del «vamos a volver» recorre los despachos de banqueros.

Un saldo más intelectual podría hablar de la reivindicación histórica de Álvaro García Linera: en la dinámica de revolución por oleadas, de una democracia transformadora que perdura como proceso de cambio incluso afrontando períodos de derrota electoral, el MAS supo sostener posiciones, replegar tácticamente y afrontar ordenado el Golpe. Sostuvo la unidad a rajatabla, contuvo a todos los sectores sociales dentro de la alianza electoral y polarizó desde lo cultural, lo identitario y lo económico. Es cierto que en este último campo Luis Arce partía con una ventaja monumental: es uno de los pocos economistas del mundo que puede demostrar en la práctica la eficacia de sus ideas.

El saldo en términos geopolíticos es más que positivo: el triunfo de Arce fortalece el polo México-Argentina que, aunque con escasos resultados, evidencia algunas acciones coordinadas en temas como la elección para presidente del BID o Venezuela. Además, Alberto Fernández y Andrés Manuel López Obrador jugaron un papel fundamental en la construcción del salvoconducto que permitió la salida de Evo y Linera de Bolivia y ambos gobiernos se negaron a reconocer a Añez como presidenta. De yapa, otro que festejó ayer fue Nicolás Maduro, quien recupera un aliado estratégico en el contexto regional.

En solo un año, el MAS-IPSP derrotó el Golpe, construyó un candidato, ganó las elecciones y se apronta (si no existen eventuales obstáculos) a volver a gobernar. Además, demostró la capacidad de enfrentar la lucha en la arena de la política y evitar a toda costa licuar años de acumulado convocando a la violencia. A pesar de los golpes y los fusilamientos, en Bolivia ganó de nuevo la Pachamama y salió derrotada en silencio la Biblia.

 

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