La especulación inmobiliaria no se detiene en pandemia

Buscan construir 11 torres de 17 pisos en el parque La Isla de La Paternal

En el segundo pulmón verde más grande de la Ciudad después de los bosques de Palermo, el Gobierno de la Ciudad y la constructora SADIA avanzan con su proyecto para levantar 11 torres de 17 pisos. Los vecinos de Agronomía y La Paternal denuncian que la iniciativa afectaría la identidad barrial, la provisión de servicios y la vida de las especies de aves que habitan el lugar.

En medio de una fiebre privatista exacerbada a razón de la venta de los terrenos de la Costanera Norte, ahora el Gobierno de la Ciudad quiere avanzar junto a la constructora SADIA en la edificación de un megaproyecto de 11 torres de 17 pisos en el predio ubicado entre las calles Zabala, Chorroarin, Avenida De los Constituyentes y Gutemberg, en el barrio porteño de La Paternal.

El proyecto viene de larga data y ahora volvió a ponerse en agenda a raíz de las denuncias de privatización de espacios verdes por parte del gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, animadas por la concesión votada la semana pasada de las parcelas que van desde Punta Carrasco hasta Costa Salguero. Sin embargo, a diferencia de lo informado por algunos medios de comunicación, la audiencia pública no se realizará en noviembre del corriente año, sino que ya fue hecha e incluso cuenta con doble lectura, número de ley y un convenio aprobado el 15 de mayo de 2019.

¿Cuál es entonces el estado del proyecto? ¿El PRO consiguió los avales necesarios para construir las torres? ¿Cuáles son los principales inconvenientes que traería este nuevo negocio inmobiliario en la Ciudad? Para responder algunos de estos interrogantes, desde El Grito del Sur nos comunicamos con los vecinos y las vecinas nucleadas en el espacio «No a las torres en La Isla de Paternal», que encabeza la lucha contra el megaproyecto inmobiliario.

«La construcción de las torres es un proyecto privado. En el parque hay 4 parcelas que pertenecen a un privado representado por la constructora SADIA S.A. El GCBA favoreció la comercialización de esas torres: cambió los usos de los departamentos que se iban a construir, que originalmente iban a ser viviendas y ahora lo ampliaron a shoppings y negocios. También permitieron la modificación de la base para que fuera más atractiva la venta», explica Daniel Constantini, vecino del barrio. «Este proyecto fue aprobado en la Legislatura con la mayoría automática del oficialismo y ningún legislador de la oposición lo acompañó», agrega.

«Vamos Juntos consiguió en abril del año pasado la votación para que se pueda empezar a construir, gracias a su mayoría automática en la Legislatura», explica Macarena Simón, otra de las militantes contra la instalación de las torres. Los vecinos y las vecinas señalan que los dueños del terreno cuentan con habilitación para construir desde el año 2001, pero que todavía no han avanzado por una evidente especulación comercial. «No construyeron aún porque no les era rentable. Cuando hablamos con los dueños el año pasado, nos dijeron que los créditos UVA iban a facilitar la venta, pero el UVA fue una estafa y ahora no construyen por una mera especulación comercial», señalaron.

«Nuestro barrio es de casas bajas con unas 500 y pico de viviendas. Esto implicaría duplicar la población, generaría un colapso de tránsito vehicular, de servicios, problemas de inundaciones y cloacas», agrega Constantini. «El otro problema es que se perdería el parque, que representa el segundo pulmón de la ciudad (de conjunto con Agronomía, el Cementerio de Chacarita, el Hogar Garrigos, el Club Comunicaciones y el Parque Los Andes). Estas torres vendrían a bloquear ese corredor biológico. Impactaría en la migración y procreación de aves y, a la vez, sería una barrera de cemento que dejaría el parque en sombras, metido entre monstruos de cemento».

La lucha de los vecinos se remonta al año 2006: de hecho, en 2007 presentaron un amparo judicial que finalmente fue rechazado. Se realizaron movilizaciones y festivales, incluso juntadas de firmas que lograron reunir 10 mil voluntades para oponerse a la construcción del megaproyecto. «Pero ahora, con la pandemia, no nos podemos movilizar como quisiéramos», admiten. Es más, también desarrollaron un proyecto propio para la zona que contempla respetar el arbolado e introducir mejoras en el Parque La Isla.

Asimismo, desde el barrio denuncian que existe un problema estructural en la zona: al ser inundable, varios estudios demuestran que de subir el agua de las napas, este espacio quedaría bajo el agua. «Nuestra lucha es en defensa de la identidad barrial pero también de impacto ambiental», señala Micaela. Desde la organización agregan que, en caso de que avance el proyecto, evalúan la posibilidad de volver a presentar una acción judicial.

 

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR:

Otro revés para IRSA en su intento de montar un shopping en Caballito