Bolivia decide

Elecciones en Bolivia: entre la biblia y la wiphala

A un año del Golpe que dejó 35 muertos y miles de heridos, Bolivia elige presidente este domingo. El candidato del MAS-IPSP, Luis Arce, encabeza las encuestas pero necesita una diferencia de 10 puntos para evitar el ballotage. El neoliberal Carlos Mesa se ubica segundo en intención de voto. ¿Qué pasará mañana del otro lado de la frontera?

Tal vez ustedes no lo recuerden porque son demasiado jóvenes, pero el año pasado y en un mundo pre-pandémico, en Bolivia hubo un golpe de Estado. Luego de que Evo Morales ganara las elecciones por más de 10 puntos (como finalmente acreditaron numerosos organismos internacionales), un grupo de militares, policías y políticos de extrema derecha condujeron un proceso destituyente con biblias y cruces que culminó con la toma del palacio de gobierno, la quema de wiphalas y el exilio de los principales dirigentes del MAS-IPSP, coalición política que gobernó el país durante más de una década y sostuvo niveles de crecimiento económico y redistribución de la riqueza jamás vistos en Bolivia.

Luego del Golpe llegó la asunción de Jeanine Áñez, representante de los intereses de la oligarquía cruceña, quien dio lugar a un paquete de medidas que cambiaron diametralmente las políticas en tres grandes ejes: economía, cultura y política exterior. En estas áreas el cambio fue radical y la debacle económica a la que condujo esta dirigente evangélica alcanzó su punto cúlmine ayer cuando toda la cúpula del Banco Central de Bolivia dimitió de su cargo. Meses antes, y luego de dejar 35 muertos, 800 heridos y más de 1.500 detenidos, Áñez tomó el poder y aseguró que su gobierno sería de transición y que no se presentaría a elecciones. ¿Adivinan qué pasó? Claro, Añez se presentó a elecciones.

Este domingo, los y las bolivianas irán a las urnas para elegir su próximo presidente. A la cabeza de todas las encuestas se encuentra Luis Arce, exministro de Economía de Evo Morales, uno de los autores intelectuales de la nacionalización de hidrocarburos y del crecimiento económico sostenido de Bolivia durante la última década. Su postulación no estuvo libre de tensiones pero finalmente se acordó una fórmula de unidad que incluye como vicepresidente a David Choquehuanca, una apuesta que resultó exitosa y logró contener a la totalidad de los sectores sociales que acompañaban el proceso de cambio liderado por el dirigente cocalero.

Con el ascenso de Arce en las encuestas llegaron los movimientos tectónicos en la derecha. El principal candidato es Carlos Mesa, representante de los intereses de la burguesía boliviana que ya gobernó el país y debió abandonar la presidencia en el año 2005 luego de una importante insurrección popular. Mesa abonó durante todo el 2019 a la idea del fraude del MAS, pero después del Golpe intentó despegarse de los sectores más radicales. Con un programa económico neoliberal y una retórica más socialdemócrata y de centro-derecha, su crecimiento logró que Áñez -presionada por propios y ajenos- debiera bajar su candidatura propia en pos de la unidad. Dicen las malas lenguas que hubo una negociación que le garantizaría impunidad en caso de que Mesa alcance el triunfo.

El tercer lugar en las encuestas lo ocupa Fernando «Macho» Camacho, líder cívico de Santa Cruz y la expresión de los sectores ultraderechistas «cambas», representante de la élite blanca de la Media Luna petrolera de Bolivia. Camacho contiene poco más de un 10% de voluntades a nivel nacional, aunque su intención de voto lo ubica como principal candidato en su región de origen. Al fondo, se ubica Chi, un candidato evangelista de origen coreano que logró contener un voto popular decepcionado del MAS. En esta pequeña franja de representación podría estar una de las claves de la elección: ¿en qué medida, ante un escenario de polarización, Chi podrá contener los votos populares o estos apoyos migrarán hacia Arce en una especie de «voto en defensa propia»?

Así las cosas, el domingo se vota y desde el MAS ya advierten que hay posibilidad de fraude: el miedo es que se anuncien los resultados provisorios muy temprano (cuando solo estén cargados los votos urbanos, más orientados a la derecha) y así generar un escenario de ballotage, sin esperar a la carga de los datos rurales (donde el MAS alcanza números que rondan el 80%).

Las denuncias de irregularidades son muchas y varias tienen que ver con nuestro país. Anoche se conoció la detención de diputados y referentes políticos argentinos que acompañaban el proceso como observadores internacionales: de hecho, Federico Fagioli fue demorado al igual que Leonardo Grosso y Paula Penacca. Además, en Argentina inhabilitaron a 25 mil personas residentes bolivianos para votar y en la provincia de Mendoza amenazaron con no dejar ejercer el sufragio. Es evidente: el padrón en Argentina duplica al del departamento de Pando, y en 2019 el MAS saco nada más y nada menos que el 82% de los votos.

Con este escenario, solo queda esperar y estar alertas para saber si en Bolivia siguen los golpistas con cruces y biblias o si vuelve la wiphala al Palacio del Quemado.