Los ganadores del COVID-19

Mercadoliberización de la sociedad argentina

Son pocos los ganadores de una pandemia pero, sin dudas, Mercado Libre es uno de ellos. ¿Cómo funciona el imperio Galperin que crece a base de comisiones, acopio de información y que amenaza con transformarse en una empresa de impacto decisivo en la sociedad argentina? La informalidad, la precariedad y el archipiélago de empresas micro, pequeñas y medianas aparecen como factores claves del éxito de ML en nuestra región.

Con el inicio de la pandemia, el negocio repuntó de manera impensada. Pablo, carpintero con un tallercito en Burzaco y vendedor en Mercadolibre.com desde 2013, se vio favorecido por el crecimiento de la compra online y por la decisión de millones de bonaerenses de arreglar el hogar en donde, ahora, pasaban gran parte del día. En poco tiempo sus ventas crecieron y convocó a dos amigos para que lo ayudaran a hacer más estantes, mesas y placares de melamina porque no daba abasto pese a las largas jornadas que se autoimponía.

Él, además de la web de compra-venta, usa el servicio Mercado Pago con sus clientes y en sus compras cotidianas por el barrio. Aunque era desconfiado de tener su dinero en una página web, cada vez se acostumbra más. Tal es así, que parte de su plata está en una especie de plazo fijo de la empresa de Marcos Galperin -al que accedió con 4 clicks- y hasta hace cálculos para pedir un Mercado Crédito con el cual comprarse una camionetita que le ayude a hacer sus envíos sin depender de terceros.

Buena parte del crecimiento exponencial que Mercado Libre está teniendo este año se debe a que obtiene un rédito de millares de intercambios como los de Pablo, que acontecen segundo a segundo en toda la Argentina y América Latina. El rédito es económico (por ejemplo, cobra comisión por las ventas) y también por la acumulación de datos, cuestión clave en el capitalismo de plataformas. El enorme flujo de información que logra reunir, sistematizar y analizar le permite tener el pulso cotidiano de parte de la economía argentina real. Información que le permite, por ejemplo, vender publicidad, advertir potenciales negocios o influenciar en tomadores de decisiones.

2020 está siendo un gran año para Mercado Libre. No es la primera vez que una crisis le ayuda a dar un salto: en el ya lejano año 2002 se vio beneficiada por la necesidad que imperaba en los particulares de vender lo que fuera que tuviesen en su casa para sortear las dificultades económicas de una Argentina hundida. La diferencia radica en que, si el impulso de los albores del siglo XXI le permitió consolidarse, la crisis actual le estaría permitiendo convertirse en una empresa de impacto decisivo en la sociedad argentina. Por ejemplo, en este 2020, a nivel global, a ML ingresaron 425 visitas por segundo, se realizaron 960 compras por minuto, y se hicieron 3,3 millones de transacciones de Mercado Pago por día. En Argentina, desde el inicio de la pandemia, 73.500 PyMEs se sumaron a Mercado Pago y 6700 a Mercado Libre.

Para algunos el éxito de ML se debe a que supo copiar a Ebay, Amazon y Alibaba y readecuarlo a la realidad local. Sin embargo, para entender el despunte de ML hay que hacerlo a partir de su capacidad de innovación para aprovechar las especificidades de la estructura económica argentina y latinoamericana: la informalidad, la precariedad y el oceánico archipiélago de empresas micro, pequeñas y medianas. El éxito de ML fue construir un capital concentrado a partir de extraer una ganancia de ese conjunto enorme de transacciones minúsculas de individuos de ramas económicas disímiles entre sí.

Mercado Pago, por ejemplo, logró construir servicios financieros para esos enormes sectores a los que los bancos tradicionales no llegaban o no les interesaba llegar. Si los bancos hubiesen tenido mayor presencia, difícilmente hubiera prosperado tanto ese servicio de ML. Al mismo tiempo, si ese sector de actores económicos pequeños no tuviera tanto impacto en la sociedad argentina difícilmente habría prosperado tanto ese servicio financiero.

Aprovechar las especificidades de la economía latinoamericana no fue el único motivo del crecimiento de la empresa de Galperin. En el capitalismo de plataformas, las empresas pioneras como ML suelen “quedarse con todo” (al menos, por un tiempo). Además, la empresa empezó con un nivel de inversión sorprendente. No solamente porque la familia del fundador, Marcos Galperin, era dueña de una de las curtiembres de mayores ventas del país (Sadesa), o porque él estudió en EE.UU. (en donde construyó, en el marco de una maestría en Stanford, los vínculos necesarios para empezar su propuesta de negocios online); sino porque a tres meses de fundada la empresa, en 1999, obtuvo 7.6 millones de dólares de financiamiento y al año siguiente 46 millones más (Google, fundada en 1997, obtuvo una financiarización de 25 millones en 1999).

A esto se sumó que su rama no tenía una regulación específica, lo que favoreció la propensión a la evasión fiscal de su fundador. Además, fue una empresa que se preocupó por encuadrar a sus trabajadores en convenios menos favorables del que les correspondería (por ejemplo, negarle su condición de trabajadores bancarios a los de Mercado Pago), e hizo la vista gorda de los negocios ilícitos que se potenciaban gracias a su estructura, como la redituable venta de autopartes robadas. Todas estas prácticas le permitieron reducir costos y obtener réditos extraordinarios durante dos décadas que asentaron su posición monopólica en el mercado. Por último, el azar y la inteligencia financiera de Galperin hicieron su parte. Así es que ML se convirtió, amén de otras razones, en la empresa argentina de mayor valor, adquirido sobre todo por su proyección regional y presencia en los dos mercados más importantes del continente: Brasil y México. Basado en este crecimiento es que su fundador está camino a ser el hombre más rico del país y uno de los más poderosos.

El sociólogo George Ritzer, en un famoso artículo de 1983, empezó a hablar de la Mcdonalización de la sociedad norteamericana refiriéndose al impacto que la cadena de comida rápida estaba teniendo en los Estados Unidos. Desde un enfoque weberiano sostuvo que el impacto social de aquel modelo de negocios era una mayor racionalización de distintos órdenes de la vida social. Retomando la idea de que ciertas empresas estaban teniendo un impacto particular en el orden social, surgieron otros términos asociados a ciertas empresas: por ejemplo, se usó uberización para referirse a un modelo de relaciones laborales totalmente desregulado.

En este sentido, y a partir del impacto que está teniendo en la sociedad argentina la empresa Mercado Libre, es que me acerco a creer que estamos en un proceso, todavía potencial, de mercadoliberización de la sociedad argentina. Podemos resumirlo, brevemente, diciendo que el núcleo de este proceso es la acentuación de la precariedad y la desregulación de las condiciones laborales bajo la égida de una gran corporación que lo aprovecha para concentrar capital, logrando un poder faraónico cuyo manto de legitimidad es el discurso de la construcción de una sociedad de emprendedores.

La mercadoliberización es una expresión específica, situada en nuestro país, de un fenómeno más general de neoliberalismo exacerbado. La cuestión es que, en Argentina, ese proceso más general encuentra fundamento y legitimidad en el universo social online/offline que produce ML y que, discursivamente, la empresa planea extenderlo al conjunto de la sociedad (“la creación de un mundo de emprendedores”). La empresa produce en forma objetiva lo que subjetivamente pregona. El universo creado por Mercado Libre consiste en 11 millones de vendedores particulares y 40 millones de compradores direccionados, controlados, y supervisados por una vasta corporación que obtiene una fenomenal ganancia de los intercambios comerciales que allí acontecen.

Además, la mercadoliberización tiene otras aristas, tales como el mito construido alrededor de la empresa y el culto a la personalidad de su fundador y líder. ML ha sabido construir su propia legitimidad haciendo de su comienzo un momento mítico donde el esfuerzo individual y la sagacidad hicieron de un garaje en el barrio de Saavedra la principal empresa de Argentina, al mejor estilo del discurso Silicon Valley. Por ello, ML vendría a ser “un orgullo argentino” que habría que replicar dos, tres, muchas veces. Por su parte, Marcos Galperin sería un hombre de capacidades excepcionales para el negocio y la visión de futuro: el Steve Jobs criollo. Aunque todavía está por verse el futuro político de quien en las elecciones de 2019 convocó a votar por Mauricio Macri, lo cierto es que parece ser que el culto de su figura y la imagen de su empresa estaría dando frutos en sectores no menores de la sociedad.

Pero, indistintamente del futuro personal de Galperin y de su fortuna, es importante que la sociedad argentina discuta cómo regular una fuerza económico-social que ha concentrado tanto poder. Distintos actores de la vida nacional han mantenido ciertas disputas con este flamante monopolio. Juan Grabois, por ejemplo, le solicitó que regule la venta de autopartes robadas dentro de su sitio web; el sindicato de trabajadores bancarios exigió que se respete el convenio que le corresponde a los trabajadores de Mercado Pago; el sindicato de Camioneros reclamó la personería gremial de sus trabajadores de logística; y otras voces pidieron una limitación de las prácticas monopólicas que lleva a cabo como el abuso que ejerce contra los vendedores poniendo comisiones depredadoras. Otra temática relevante, aunque poco abordada, es el manejo que hace de los datos económicos privados que recopila de todo un continente.

Una de las claves de la reflexión es si, además de regular las prácticas más oscuras de Mercado Libre, es viable construir herramientas estatales y sociales alternativas que democraticen el e-commerce y los servicios financieros, limitando prácticas monopólicas, evitando comisiones depredadoras y favoreciendo el uso transparente de la información. Al respecto, la más importante iniciativa es la billetera digital del Banco Nación nacida hace unas semanas, y la Cuenta DNI del Banco de la Provincia de Buenos Aires de hace unos meses. Por otro lado, en lo que se refiere a la compra-venta por internet hay iniciativas como la de la concejala rosarina Caren Tepp (Ciudad Futura –Mercado Justo-, aunque resta ver los recursos económicos, técnicos y humanos que dispone para el proyecto.

Estas medidas manifiestan la importancia de la creatividad estatal y social en la solución de las problemáticas que van emergiendo en las sociedades del siglo XXI. Habrá que ver cómo se desenvuelve el fenómeno: si crece la presencia de Mercado Libre y de Marcos Galperin en la sociedad argentina, y si a ese aumento se le corresponde o no una acentuación de la disputa contra las prácticas monopólicas.

 

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