Carla Carrizo

«Tratar el proyecto de aborto significa volver a creer en la palabra pública»

El anuncio de la presentación del proyecto de ley de aborto apretó el botón verde y activó todas las alarmas. El Grito del Sur habló con la diputada nacional por la Unión Cívica Radical, Carla Carrizo, sobre el panorama de la votación en la Cámara Baja.

Politóloga, docente, integrante de la Unión Cívica Radical y feminista, Carla Carrizo es una de las diputadas que desde hace años milita por los derechos de las personas gestantes dentro de la Cámara Baja. Luego de que se conociera la noticia de que el proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo del Ejecutivo ingresará al recinto, El Grito del Sur habló con la legisladora nacional sobre el aprendizaje que supuso el debate del 2018, las diferencias dentro de su propio bloque y el rol de les jóvenes en la agenda pública. Hay una nueva generación que viene imponiendo una agenda y de la cual el pañuelo verde es la punta del iceberg”, aseguró.

¿Qué significa políticamente el anuncio de que el Presidente va a presentar el proyecto en el Congreso?

El anuncio viene a cumplir una promesa que Alberto Fernández hizo en campaña y que reforzó al comienzo de las sesiones legislativas. Antes la lucha por el aborto era más bien una propuesta marginal y la búsqueda de quienes la acompañábamos era por tener visibilidad. En 2018 hubo un movimiento feminista intergeneracional tan fuerte que logró abrir las puertas del Congreso al debate y ahora el Presidente recoge ese aprendizaje social. La mayoría de las democracias del mundo ya avanzaron en esto y Argentina, que siempre fue un país de vanguardia en el caso de los derechos personalísimos, estaba atrasada en el tema. Después de la espera de todo el año y de no saber si se iba a presentar o no, tratar el proyecto significa volver a creer en la palabra pública y eso le hace bien a la institución presidencial, de este oficialismo o de cualquier otro.

¿Cómo pensás que va a ser el debate en cada una de las Cámaras?

La Cámara de Diputados siempre es más flexible y permeable a lo que pasa en la sociedad. Los Senados en todas las democracias suelen ser más reactivos, son un espacio de veto que a veces va a una velocidad distinta de lo que es el clima social. Creo que en ambas Cámaras hubo un aprendizaje, tanto de la dirigencia política como de las instituciones, sobre cómo debatir de forma cuidada para evitar enfrentamientos porque no está bien que en una democracia la moral esté involucrada en el ámbito público. Además, me parece una buena estrategia que se trate en extraordinarias porque quiere decir que el Congreso ya trató los temas de la agenda dominante y se pueden abordar otros temas sin restar tiempo al calendario de sesiones ordinarias, lo cual neutraliza críticas anticipadas y protege el proceso.

¿Creés que se llega al número de votos necesarios para aprobar la ley?

En Diputados sí, en el Senado yo creo que hoy también. Que el Presidente envíe un proyecto significa que quien le diga no le está diciendo no a él y hay 19 provincias cuyos representantes pertenecen al oficialismo. Ahí hay una expectativa de que el Presidente ayude a ordenar y también la vicepresidenta que entendemos que está a favor de los derechos de las mujeres. Me parece que ese es un plus de diferencia con respecto al 2018.

¿Qué sucede con las diferencias dentro del bloque al cual pertenecés?

En el bloque radical hay una minoría que está en desacuerdo, pero también hay algunos que están de acuerdo y no lo dicen hasta último momento porque en sus provincias eso genera un enfrentamiento que no ayuda a llegar a buen puerto. Me parece prudente, tiene que ver con lo que aprendimos tanto los que queremos la ley como los que no. Hoy tenemos una sociedad más madura. Siempre va a haber grupos que gritan en vez de hablar pero eso se va a ir ordenando, yo tengo una expectativa positiva.

¿Creés que fue importante la iniciativa de Mauricio Macri de abrir el debate aunque él no estuviera a favor?

Por cómo venía históricamente el debate sí, antes del 2018 había diez temas tabú de la política argentina y uno era el aborto. En el 2018 las puertas del Congreso se abrieron porque la sociedad presionó. Hay una nueva generación que viene imponiendo una agenda y de la cual el pañuelo verde es la punta del iceberg. Creo que, independientemente de que él no estuviera de acuerdo, fue positivo que Mauricio Macri habilitara el debate. Son etapas: primero no se hablaba del tema, después se habló sin que la institución presidencial lo liderase, tercero la autoridad presidencial habilitó el tratamiento pero no lo apoyó y ahora lo empuja. Esto último fue todo bastante rápido, en términos históricos dos años no es mucho.

¿Y en cuanto al enfrentamiento con los antiderechos?

Una cosa es la ley y otra la política. Me parece bien que el proyecto se presente con el Plan de los Mil Días, porque así el gobierno muestra que entiende la preocupación de lo que sería el “grupo celeste” y le hace saber que va a estar presente su expectativa y su demanda. Es fundamental que el Gobierno tenga un programa político para quienes se oponen y quienes defienden el aborto. Para quienes lo defienden es importante que se hable de legalización y no de despenalización y que, una vez que se sancione la ley, se controle su implementación, porque al día de hoy, cuando decimos que las niñas no deben ser madres, eso es ILE y no se aplica. Además se debe garantizar el acceso a la práctica si se contempla la objeción de conciencia institucional en el ámbito privado. Esto es fundamental si queremos que la política se transforme y le llegue a los protagonistas y que no sea una ley inalcanzable.

¿Cuál es el mensaje que le dejaría a las nuevas generaciones si se aprueba la ley?

Es un mensaje fundamental, para mí es muy importante el poder social que tienen las nuevas generaciones porque plantean una nueva forma de vivir en democracia. El mensaje es “si presionan y lo hacen bien, con inteligencia, sin violencia y con la empatía necesaria para coordinar en vez de enfrentar, el resultado es positivo porque los cambios son inmensos, se rompe el statu quo y se rompe sin que se genere violencia. Eso me parece un gran empoderamiento. Después de dos años, conquistar la ley es muy bueno, es el logro colectivo de un movimiento muy heterogéneo e interesante. El mensaje es “lo lograron”.

 

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR:

Aborto legal: todo listo para reescribir la historia