Tierra para trabajar

El otro “campo”

Las patronales del sector agrario están en agenda desde hace semanas, ya sea por el conflicto de los hermanos Etchevehere o por el retraso para liquidar las cosechas de este año. Pero “el campo” no es uno solo: referentes de los peones rurales, campesinos y pequeños productores chacareros relatan la otra realidad detrás de las tranqueras.

El conflicto con las patronales rurales y los sectores sociales y políticos ligados al Gobierno no parece cesar en las últimas semanas. El sector agroexportador de nuestro país sigue sin liquidar sus cosechas, especulando con el precio y una futura devaluación del dólar. En medio de una crisis mundial sin precedentes, nuestro país necesita de divisas de manera urgente, pero la mezquindad de este sector social no parece tener reparos (y poco importa que su motivación sea por una actitud de especulación económica o por conspiración política). Un error recurrente a la hora de hablar sobre estos conflictos, es  hacer referencia al “campo”, como si fuese un ente homogéneo y no diferenciar los actores que lo componen. No solo en lo que concierne a los estratos sociales más altos, sino también en lo relacionado al trabajo rural y sus variadas formas de organización. Si consideramos necesario construir otro tipo de producción agraria, que acompañe los procesos de desarrollo con un mayor compromiso social y ecológico, es importante comprender qué fuerzas sociales pueden pujar por ese proceso. El Grito del Sur dialogó con tres sectores diferentes de la economía rural: los peones rurales, los campesinos y los pequeños productores chacareros, que vienen sosteniendo una abierta oposición a los sectores más concentrados del negocio agrario.

Ernesto Ojeda es secretario general de la Federación de Trabajadores Agrarios de la Actividad Primaria (FETAAP), sindicato de los trabajadores rurales -comúnmente llamado de peones- que congrega a cinco gremios de las provincias del Cuyo, de Salta, Misiones y Buenos Aires. “Desde la incomprensión del tema rural, se dice que todos somos “el campo” y el que mejor entiende esa confusión y esa política es el enemigo, la oligarquía. Se confunde al campesinado, a la agricultura familiar, al pequeño productor y al trabajador. Y en los únicos lugares del mundo donde la salida fue positiva, es decir ascendente, fue cuando quedó claro que el trabajador rural tiene su estructura y su marco legal y después de eso articula una alianza de intereses con el resto del ámbito rural”, comenta Ojeda.

Agustín Suárez es vocero de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), organización nacional de familias pequeño-productoras y campesinas que tiene desarrollo territorial en 15 provincias y cuenta con varios centros propios de distribución de su producción en la zona del AMBA. “Puede ser una familia que arrienda y trabaja la tierra o un mediero, un jornalero peón. Cualquiera sea el formato del trabajador, si está en una asociación o en una organización, seguramente va a tener muchos más beneficios que si está solo”, explica Suárez.

Juan Manuel Rossi es presidente de la Federación de Cooperativas Federadas (Fecofe), una entidad adherida a la Federación Agraria Argentina (FAA), que tiene su sede en Rosario y representa a 40 cooperativas con presencia en 10 provincias. “Nuestras cooperativas son todas de productores. La base de asociados son productores agropecuarios, chacareros tradicionales o productores de economías regionales que se agrupan para formar una cooperativa”, cuenta Rossi sobre la federación surgida en el año 2006.

La pandemia y la producción rural

En un año complicado por la pandemia y la crisis económica, la producción agropecuaria no vio afectada su funcionamiento en casi ningún sentido. “En general la situación laboral de todos los trabajadores que producen alimentos, estén o no cooperativizados, se mantuvo durante la pandemia”, comenta el vocero de la UTT. Lo mismo trasmite el presidente de FECOFE más allá de las complicaciones: “La situación es variada en función de la producción, pero en el medio de la pandemia y como ha avanzado la enfermedad sobre el interior del país, hay muchas cooperativas que están con dificultades por el aislamiento, por la cuarentena que tienen que cumplir algunos trabajadores. Entonces es difícil que las plantas, los procesadores de alimentos, el acopio, puedan funcionar al 100%. Pero, en términos generales, nuestro sector fue el menos perjudicado por la pandemia, en ningún momento paramos”. Rossi comenta que en algunos sectores incluso existieron mejoras. “La producción de distintos alimentos aumentó: nosotros tenemos cooperativas asociadas que hacen jugo y cítricos en Entre Ríos y Corrientes. Esas cooperativas aumentaron su producción, vieron aumentados sus productos debido a que hay un mayor consumo, no solo en el mercado interno, sino también de exportación”, señala.

Desde la UTT suman un factor interesante para pensar cómo el precio del dólar no afecta de igual manera a todos los productores agrarios. “Nosotros promovemos la agroecología y hay cientos de familias que la hacen, pero el grueso de los productores y productoras no hacen agroecología y esos son lo que vuelcan en el mercado los alimentos masivamente. Todo ese sector, que es muy grande, está totalmente atado al precio dólar, si sube el dólar te suben los insumos y vos después vendes lechuga en pesos. Ante eso, la única forma de paliar esa situación es poner más horas de laburo. Entonces ahí es donde se complica y se realiza una autoexplotación de las familias, que si bien arriendan sus tierras, tienen su producción y son de alguna forma trabajador y patrón pero, que la forma de seguir sobreviviendo es laburando más cantidad de horas. Y ese es el sector que por ejemplo produce la verdura para 14 millones de habitantes en CABA y el conurbano”, cuenta Suárez.

La visión de Ojeda es un poco menos optimista a la hora de abordar la situación actual de los trabajadores y las trabajadoras rurales: “Es prácticamente la misma que el día después del golpe de 1955. Nunca estuvo en agenda, ni de los gobiernos, ni de las centrales sindicales, ya que durante mucho tiempo se acostumbraron a no discutirlo y a entenderlo como que el campo estaba por fuera del movimiento obrero”. Aun así señala una buena noticia: “A pesar de la situación compleja, pegamos unos gritos, mandamos nota al Presidente y al Ministro de Agricultura y le dijimos que no había ningún tipo de respuesta para el trabajador rural en el marco de la pandemia, que había que reactivar el ‘inter-cosecha’ porque el macrismo se había olvidado y lo había destruido, y que esperábamos que nuestro gobierno lo reactivase». Dicho y hecho: «Se reactivó. Al principio con un 117% y estamos muy conformes porque ahora ya aumentó a 300%, que está bien porque estaba en el 3er subsuelo», plantea. El Programa Intercosecha tiene por objeto asistir a las trabajadoras y los trabajadores temporarios (comúnmente llamados golondrinas) del sector agrario y agroindustrial que se encuentren inactivos durante el período entre cosechas de los cultivos en los que se ocupan.

La organización popular en el campo

La organización interna de cada uno de los espacios entrevistados es particular y responde a los diferentes sectores sociales a los que pertenecen. En el caso de la UTT, la forma de trabajo cooperativo resulta fundamental: “La organización da beneficio en todo ya que impulsamos el monotributo social o común. Es algo que el individuo perfectamente puede ir y sacarlo pero muchas veces no sabe, no puede o no entiende y ahí también hay un laburo de concientización», explican. «Nosotros estamos peleando por lo que antes se llamaba monotributo social agropecuario, que le da mayor protección para su familia, por el aporte jubilatorio, la obra social, etc. Todos los que integran esas cooperativas tienen derecho a beneficios que vamos consiguiendo, ya sea por comprar insumos más baratos o por la utilización de un tractor que, si conseguimos un proyecto, se va a distribuir entre los socios de la cooperativa”, comenta Suárez. Además, la particularidad de esta organización es que han construido herramientas también para otros momentos de la cadena productiva. “Hay cooperativas nuestras que producen los alimentos agroecológicos y ese circuito sigue en otras cooperativas de comercialización de esos productos. Todo eso es gestión autónoma, propia y son los que están en mejores condiciones laborales, porque se discute y se fija el precio de la verdura entre los propios productores y productoras, no en el mercado. Eso es un gran beneficio, porque te da estabilidad de los precios”, agrega.

Con respecto a los trabajadores rurales en relación de dependencia, Ojeda es muy crítico con respecto a la UATRE: “Desde que nació como unión de trabajadores, se fusionó (no formal, pero realmente) con la estrategia de ganancias extraordinarias de los sectores del campo y justificó permanentemente el trabajo esclavo, el trabajo no registrado, la desregulación de las relaciones laborales, se despreocupó totalmente del avance científico y tecnológico y del desarrollo industrial en el campo”, señala el dirigente. Es por eso que llama a construir un nuevo sindicato de trabajadores rurales luego de “varios intentos de fracasos». «Durante los ´9o era imposible que nosotros, afiliados en algunas delegaciones, en algún rincón de la patria, pudiéramos lograr delegados, porque en la historia de la UATRE no hay elección de delegados, y si había algún tipo de organización, rápidamente te rajaban del laburo”, recuerda Ojeda. “Está claro que si algún derecho vamos a conquistar los trabajadores rurales organizados va a ser en el sindicalismo alternativo. No va a ser en el modelo tradicional, porque por el modelo tradicional hace 70 años nos tiene así”, sentencia Ojeda, quien ya renunció a la idea de construir desde adentro de la UATRE.

El “otro campo”

A pesar de que los entrevistados responden a sectores muy diferentes del “campo”, aún así sostienen posicionamientos similares en relación a los conflictos rurales actuales. Uno de los mayores acuerdos se da sobre el ataque de las entidades patronales agrarias al Banco Credicoop. Así lo manifiesta Agustín Suarez: “Rechazamos de lleno el ataque sin fundamento, completamente ideologizado, con alto contenido político al Banco Credicoop. De hecho, muchas de nuestras acciones bancarias se hacen a través de ese banco y por eso rechazamos el ataque sufrido”. Lo mismo nos manifiesta el presidente de Fecofe, quien ya se había manifestado a favor de la expropiación de Vicentin: “Es una vergüenza, no tiene ningún sentido. El banco Credicoop es nuestro banco, un banco cooperativo donde nosotros nos sentimos parte, que genera un desarrollo y presta un servicio a la comunidad distinto a lo que son los bancos comerciales y los bancos internacionales, sobre todo, que no apuestan al país”, remata Juan Manuel Rossi.

Por otra parte, Ojeda ve el conflicto entre los hermanos Etchevehere como una oportunidad “para visibilizar la crueldad y la barbarie de esa casta de empresariado prepotente”. Para el secretario general de la FETAAP, “Etchevehere no es la excepción sino el modelo que tenemos multiplicado en todas las regiones. Yo le agradezco a Grabois que agudice las contradicciones para que se vea la calaña de supuestos empresarios de la ruralidad, porque esa prepotencia es la que tenemos en cada una de las provincias. Y no me sorprende, hace años ya se denunció que había trabajo esclavo en sus fincas”, destaca.

La tierra como madre de las desigualdades: en nuestro país se estima que el 1% de los propietarios (2473 personas) concentran el 36,4% de la tierra de producción rural (57 millones de hectáreas). Mientras que el 54,6% de los propietarios (125.023 personas) tienen apenas el 2,25% de la tierra de producción rural (3,5 millones de hectáreas). La concentración de la tierra es uno de los principales problemas de nuestro país, por lo que modificar las estructuras laborales en el campo y promover emprendimientos de carácter solidario son solo algunos de los caminos para avanzar en una ruralidad más justa.

 

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