Otro año debajo de la inflación

El salario mínimo representa apenas el 37% de la canasta básica

El Consejo del Salario acordó un aumento de 28% en el salario mínimo, un porcentaje muy por debajo de la inflación. El monto fijado es de $18.900 y ni siquiera con dos sueldos mínimos se puede evitar caer en la pobreza, en un país donde la Canasta Básica para una familia tipo se ubicó en $ 49.911,60 para el mes de octubre.

El Gobierno oficializó en octubre los aumentos del Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVyM) y de la prestación por desempleo. La definición del nuevo piso salarial impacta en unos 400.000 trabajadores y trabajadoras fuera de convenio y es importante porque oficia como referencia para el salario inicial docente, los planes sociales y los haberes jubilatorios. Las cámaras empresarias y las centrales sindicales acordaron un aumento del 28% del salario mínimo que se pagará un 12% en octubre, 10% en diciembre y 6% en marzo. En total, representa un aumento de $3.713 en el 2020 y $4.725 en el primer trimestre de 2021. De esta manera, no se ha logrado revertir lo atrasado que se encontraba este monto de referencia y además probablemente termine quedando por debajo de la inflación de este año. Así, el SMVyM se aleja cada vez más de la canasta básica total, algo que se agudizó en los últimos años del macrismo y que preocupa mucho en el sector informal.

En el año 2004 se conformó el Consejo del Salario. Allí participan las cámaras empresarias, las centrales sindicales, el Estado Nacional y el Consejo Federal del Trabajo (gobiernos provinciales) con el objetivo de definir en mutuo acuerdo el salario mínimo. El encuentro de este año fue encabezado por el ministro de Trabajo Claudio Moroni, a quien se le sumó el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y el ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo. El movimiento obrero estuvo representado por los principales dirigentes de la CGT y contó con delegados de las dos CTAs. Por su parte, las principales cámaras patronales contaron con la presencia de la Unión Industrial Argentina (UIA), la Cámara Argentina de Comercio (CAC), la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), la Federación Agraria Argentina (FAA), Coninagro, CRA, Came y las pymes.

Si bien en un comienzo las dos CTA habían pedido un mínimo igual a la canasta básica (de $46.600 en septiembre), finalmente se aprobó el 28% en tres cuotas: a partir del 1° octubre de 2020, el salario mínimo quedó en $18.900 para todas las trabajadoras y trabajadores mensualizados que cumplen jornada completa; en diciembre de 2020, subirá a $20.587,50 y el último incremento se dará en marzo de 2021, cuando el SMVyM llegará a los $21.600.

El salario mínimo incide, entre otras cosas, en los haberes docentes, cuyo sueldo inicial debe ser un 20% superior al SMVyM; en los jubilados con 30 años de aportes, ya que el haber mínimo es del 82% del vital y móvil; y en el programa Potenciar Trabajo que alcanza a 570.000 beneficiarios y equivale a la mitad de dicho monto. Para que las centrales obreras aceptaran este acuerdo, resultó fundamental la novedad de la reducción de su vigencia a seis meses, en lugar de los 12 meses habituales. El nuevo esquema refleja la preocupación por la inflación futura e implica que el Consejo del Salario vuelva a reunirse en abril para analizar una eventual  actualización.

Inflación, canasta básica y salarios

El Salario Mínimo viene perdiendo frente a la inflación desde hace varios años. Particularmente desde fines de 2015 hasta el 2019 tuvo un período de marcada caída: la remuneración mínima aumentó de $5.588 a $16.875, lo que significó un incremento del 200% pero frente a una inflación del 354% (IPC Ciudad), es decir que representó una pérdida del 43% del poder adquisitivo. Esta definición estaba en consonancia con los lineamientos del gobierno anterior donde, por ejemplo, el último aumento del salario mínimo fue en julio de 2019, cuando el gobierno de Mauricio Macri otorgó en forma unilateral un 35% en tres tramos, una cifra que terminó muy por detrás de la inflación de ese año, que fue del 54%. En esa oportunidad, la CGT y la CTA exigieron un incremento de casi el 150%.

Para el acuerdo de este año, el Gobierno esperaba un aumento de hasta el 30% en vistas de su impacto en las partidas presupuestarias. El acuerdo tuvo un porcentaje todavía menor, pero incluso llegando a ese número inicial el salario mínimo no hubiera dejado de perder frente al alza de precios, de la misma manera que viene haciéndolo en los últimos años. De hecho, en la mejor de las proyecciones, El SMVyM quedará por debajo de la inflación prevista para el 2020, que ronda en torno al 40%. El panorama resulta aún más preocupante si se observa la última medición del INDEC sobre el aumento del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del mes de octubre: un 3,8% mensual. Un salto evidente en relación a los meses anteriores, que la ubican en niveles similares a los de finales del año pasado cuando la inflación superaba el 50%.

Ante el constante aumento de precios que sufre nuestro país, el cálculo para aumentar el salario mínimo debería ser equipararlo a la canasta básica (como plantean ambas CTA). Pero eso no solo no sucede, sino que además, desde el año 2015, la brecha entre la Canasta Básica Total y el Salario Mínimo está cada vez más alejada. El salario mínimo no solo no crece al ritmo de la canasta básica, sino que además cada vez representa menos de la canasta familiar. Cabe destacar que, para determinar la Canasta Básica Total (CBT), se utiliza como base la canasta familiar y se le suman los precios de bienes y servicios no alimentarios.

Evolución del Salario Mínimo vs Canasta Básica (2015-2019)

Para poder ver cómo evolucionó el salario mínimo en los últimos años, basta compararlo con la Canasta Básica Total, el ingreso que precisa una familia de dos adultos y dos niños para no caer en la pobreza. Si observamos los últimos 5 años, veremos que en diciembre del 2015 la Canasta Básica (CB) estaba en $9541 mientras que el salario mínimo vital y móvil era de $5.588 (un 58,60% del valor de la CB). Ese 58,6% representa el índice más alto de los últimos cinco años, ya que de allí en más el salario mínimo comienza su derrotero en picada. De hecho, los dos últimos años de Macri fueron fulminantes para el bolsillo de los trabajadores y trabajadoras: en septiembre del 2019, mientras la Canasta Básica costaba $34.784,8 el salario mínimo vital y móvil era de $15.625 y representaba apenas el 44,90% de los ingresos necesarios para no ser pobre.

Este año continuará la tendencia decreciente. Según el INDEC, en octubre un grupo familiar de dos adultos y dos niños necesitó contar con ingresos por al menos $49.911 para no caer debajo de la línea de pobreza. Si comparamos ese monto con el nuevo arreglo de $18.900, hoy el salario mínimo representa apenas el 37% de la Canasta Básica Total. Es decir, que ni siquiera con dos sueldos mínimos los trabajadores y trabajadoras pueden evitar caer en la pobreza. Y ni hablar aquellos y aquellas que cobran por debajo de este sueldo de referencia, algo muy perjudicial sobre todo en los sectores populares.

Políticas laborales

Durante este año de pandemia el Estado hizo mucho para sostener el ingreso de aquellos sectores sumidos en la informalidad. El IFE se convirtió en la prestación económica de mayor alcance de la historia argentina, llegando a casi 9 millones de trabajadores y trabajadoras de la economía informal. El anuncio de que no habrá un cuarto IFE significa un problema aún más grande, en un país en donde según el INDEC, el Índice de Pobreza alcanza al 40,9%, (la medición más alta desde el primer semestre del 2004, cuando se ubicó en 44,3% en la salida de la crisis de la convertibilidad). Frente a esto, el ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, reveló que el Gobierno evalúa «otorgar bonos de fin de año para sectores que la han pasado mal» durante la pandemia y agregó que se sumaría al monto de la tarjeta alimentaria, que estaría siendo «duplicada» en diciembre. «Quienes cobran $4.000 de tarjeta alimentaria cobrarán a fin de año $8.000, mientras que los que cobran $6.000 cobrarán 12.000», explicó Arroyo.

Tampoco hay que olvidarse de otra política laboral importante a lo largo de este año, como fue el ATP, por la cual en abril el Estado abonó 2,3 millones de sueldos, con la economía prácticamente cerrada. Este programa, al ser pagado solamente a aquellas trabajadoras y trabajadores registrados, sirvió para que muchos empleadores terminen “poniendo en blanco” a una gran cantidad de laburantes. El Ministerio de Trabajo, durante los meses de agosto y septiembre, aseguró que el trabajo registrado tuvo un crecimiento mensual de 0,3% a partir de la incorporación neta de 38,5 mil personas al trabajo declarado. Este dato resulta esperanzador, ya que implica un mayor número de trabajadores y trabajadoras que no solo reciben sus aportes sociales sino que además cobran sueldos tomando como referencia el salario mínimo y el arreglo paritario de cada sector.

A pesar de varios intentos, el salario sigue perdiendo frente a la inflación. Los trabajadores y trabajadoras, sin lugar a dudas, han perdido mucho durante el macrismo y la pandemia. El fomento de políticas que mejoren estos índices será indispensable para los años que vienen.

 

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