El mercado masturbatorio en la pandemia

Juguetes sexuales, deseo y exploración

El hecho de pasar más tiempo en casa y evitar el contacto con otres, sumado a un discurso que legitimó estas prácticas, habilitó el espacio para formas complementarias de placer. El Grito del Sur conversó con una especialista y con personas que, durante la pandemia, compraron su primer juguete sexual.

Desde el inicio de la cuarentena, hubo distintos fenómenos o “modas”: los vivos de Instagram, las videollamadas, el pan de masa madre, el aumento en el uso y la venta de bicicletas, y también el incremento en la venta de juguetes sexuales. El hecho de pasar más tiempo en casa y evitar el contacto con otres, habilitó un espacio para el autoconocimiento y la exploración. El Grito del Sur conversó con una especialista y con personas que, durante la pandemia, compraron su primer juguete.

“La gente gastó mucho menos dinero en salidas, como ir al bar o al cine, y tuvo más tiempo estando sole, menos tiempo para conectarse con sus compañeres sexuales. Por ende, esa conjunción dio la posibilidad de que mucha gente se explorara”, dice en diálogo con este medio Mel Feld, educadore sexual y coordinadore de Kinky Vibe, la tienda erótica y de cuidados transfeminista que se dedica, además, a la divulgación y educación sexual.

Feld señala que también hubo un discurso que habilitó estas prácticas. A mediados de abril, durante uno de los reportes del Ministerio de Salud, el médico infectólogo José Barletta recomendó el sexo virtual y el sexting para evitar el contacto físico entre personas y, así, reducir los casos de coronavirus. “De repente, teníamos gente hablando (de este tema) en la tele. Esto hizo que muchas personas disciplinadas por ciertos discursos sintieran que podían explorar esa opción”, resalta.

Descubrir el placer después de la maternidad

P. es mamá de una niña de seis años y en la cuarentena compró su primer juguete sexual. “Fue un re proceso para mí. Estoy muy interpelada por cuestiones feministas y conocí a Flori (Florencia Berrade) de @somosvulva. Ella había hecho un vivo en Instagram sobre el orgasmo en clave feminista y las relaciones que me conmovió mucho”, cuenta.

“Mis vínculos sexuales siempre tuvieron que ver con complacer al otro y nunca me había puesto a pensar cuáles eran mis deseos o fantasías -relata P.-. También tiene que ver con que mi hija ya ganó cierta autonomía y la cuarentena, estar en casa, me permitió dedicar tiempo para mí”.

Pero no es el caso de C., quien se define como “madre, separada y sin pareja estable en cuarentena”. Aunque pensó en comprar juguetes e incluso averiguó precios, dice que no se animó. “Me daba vergüenza encargarlo por Internet. El que te trae las cosas sabe de qué negocio viene, así que me acobardé, me dio pudor. También vi un juguetito en Farmacity, pero tampoco me animé”, lamenta.

Además de la vergüenza, sigue C., otro problema con el que se encontró fue la falta de información y asesoramiento. “Hay mucho, no sabía para qué era cada cosa. Me metí también a ver algunas cosas que arrobaban instagramers pero nada, es como que asumen que las personas que buscamos sabemos todo”, agrega.

“Cuando vemos quiénes tienen acceso a los juguetes, vemos (imágenes de) una pareja joven, heterosexual, bella. No vemos a una mujer de 60 años, tampoco a una que tiene estrías después de haber parido, a una mujer gorda o con una discapacidad funcional -afirma Feld-. Los juguetes siguen sin ser producidos para ellas, no son parte del deseo ni del mercado masturbatorio”.

También sostiene que “cerca del 70 por ciento de la industria para juguetes sexuales está orientada a personas vulvaportantes”. “¿Qué pasa con los hombres cis que compran juguetes masturbatorios, con masculinidades o maricas?”, inquiere Feld.

“La gente te mira raro si comprás juguetes y sos varón”

Según A., es difícil para un varón hablar abiertamente de juguetes sexuales “incluso en círculos progres o deconstruidos”. “La gente te mira raro si comprás juguetes y sos varón -opina-. Lo que yo siento es que si mi novia y yo nos sacamos una foto con el juguete, la misma, pero cada uno por separado, y la subimos a Instagram, a ella le van a llover halagos porque hay un tema de mayor liberación femenina que hace que esas cosas se festejen. Si yo subo la foto, tendré uno, dos comentarios, capaz, de amigues, pero más que nada da cringe”.

Cuenta A. que hace tiempo que tenía intriga acerca de un juguete en particular y aprovechó las ofertas de una CyberWeek para comprarlo. “Yo sabía lo que quería, pero le pedí consejo a una amiga que hace reseñas de juguetes en Instagram (@lalupaeneldeseo) sobre materiales, medidas y qué cosas tenía que tener en cuenta”.

Para A., es necesario tener más información sobre los juguetes sexuales. “Hay un punto donde vos, si no estás acostumbrado a leer cosas sobre sexualidad o sobre juguetes sexuales en particular, te quedas afuera, y eso es grave porque estás muy literalmente jugando con tu cuerpo y lo que uses ahí importa. Tener una guía es importante porque, salvo en algunos espacios, no se habla del tema abiertamente”, advierte.

Un juguete para cada necesidad

Para comprar un juguete sexual, Feld sugiere primero definir qué es lo que se está buscando. “¿Se busca estimular el clítoris? Bueno, hay que saber que no todo es apto para el interior del canal vaginal. También tener en cuenta que un vibrador se puede usar en el clítoris, en la parte externa del ano, pezones, en la garganta mientras se practica sexo oral”, enumera.

Lo más importante a tener en cuenta, resalta le coordinadore de Kinky Vibe, es el material del juguete, en especial si se va a compartir con otra persona. “Los más seguros son los que no tienen poros. Los materiales recomendables son la silicona, el metal, el vidrio templado, la cerámica sellada y el plástico duro”, afirma.

Asimismo, hay que decidir si se quiere un juguete que necesita pilas para funcionar, si es recargable con USB o si se prefiere que el juguete no vibre. “Se puede pedir el nombre de la marca e investigar. La gente no sabe sobre materiales, la mayoría de los vendedores tampoco, pero lo mejor es comprar con asistencia personalizada para que elijan algo que se ajuste a sus necesidades”, agrega Feld.

“Muchísimos de los productos vienen atrás de experiencias específicas y poblaciones específicas. Así como la comunidad lésbica ha desarrollado teorías sobre dildos, prácticas, fisting y muchas cosas más, hay que darle mérito a las comunidades discas, queer y trans en lo que tiene que ver con desarrollar nuevas ideas y productos para nuestros disfrutes y necesidades -destaca le educadore sexual-. Si tenés ciertas necesidades, siempre va a haber un juguete que las contemple”.

 

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