Según un informe de la AGC

La Ciudad clausuró 43 bares por incumplir con los protocolos sanitarios durante el primer mes de reaperturas

La necesidad de controles efectivos de los protocolos sanitarios se impone con mayor fuerza a medida que se flexibilizan las reaperturas del sector. La Ciudad detectó "fiestas dentro de los patios" de algunos bares durante el primer mes, en que sólo se pudo desplegar mesas sobre las veredas. "Se necesita una mayor planificación para evitar problemas", sostuvo la legisladora Claudia Neira.

Los bares, restaurantes y cervecerías de la Ciudad de Buenos Aires volvieron a atender esta semana dentro de los locales. La nueva flexibilización se suma a una serie que tuvo su primer capítulo en septiembre con las mesas desplegadas sobre las veredas. El ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, precisó que sólo podrán habilitar el ingreso de clientes aquellos comercios gastronómicos que puedan dar cuenta de una correcta ventilación y circulación, y sólo podrán hacerlo en un 25 por ciento de su capacidad. También dijo que, para garantizar el cuidado de les comensales, la Agencia Gubernamental de Control (AGC) jugará un rol fundamental en el control de las medidas sanitarias.

La AGC, sin embargo, sólo comunicó algunas pocas inspecciones y clausuras durante la primera semana de septiembre (durante la cual el propio Quirós dijo haber visto “cosas que no nos gustan” en relación a la avalancha de clientes sobre algunas cervecerías), y desde entonces no hubo novedades públicas sobre su tarea.

Pero de acuerdo con información de la propia AGC a la que accedió El Grito del Sur, durante los primeros 30 días de reapertura -del 1 al 30 de septiembre- la AGC clausuró 43 bares, cervecerías y restaurantes por no cumplir con el protocolo sanitario. Se realizaron 1840 inspecciones en ese lapso, lo que da un promedio de 2,3 bares en infracción de cada 100.

La mayoría de las clausuras, 19 de las 43, se debieron a la presencia de “mesas y sillas en vía pública fuera de hora” (el protocolo obligaba a cerrar a partir de las 12 de la noche, horario que se extendió luego hasta la una de la mañana). El resto se repartió entre la aparición de “público en patio interior del local” (12 de 43), “fiesta con público en el interior del local” (solo 2 de 43) y “falta de distancia social en vía pública” (2 de 43). También hubo otras irregularidades por fuera del protocolo de COVID pero igual de riesgosas, como la ausencia de matafuegos u obstrucción de las salidas.

Durante ese lapso, a medida que se inspeccionaban los bares abiertos, el Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana -a cargo de la ex directora de “veredas”, Clara Muzzio- abrió nuevas “áreas peatonales transitorias” en San Telmo, Villa Devoto, Retiro, Recoleta, La Boca, Boedo, Villa Urquiza, Belgrano, Palermo y Parque Chacabuco, entre otros barrios clásicos con actividad gastronómica.

La necesidad de recuperar espacios públicos para cumplir con la exigencia de la Cámara del rubro, que presionó fuerte para que las reaperturas le den una salida al sector, apareció entonces con mayor claridad. “Uno de los problemas que desnudó la pandemia fue la carencia de un plan urbanístico integral que la Ciudad arrastra durante años y que, de haberlo tenido, hubiera permitido aperturas mejor controladas y más equitativas para todos los barrios y todos los rubros. Como no hubo un diagnóstico correcto del espacio público, vimos las reaperturas desordenadas y preocupantes como dijo el ministro Quirós, que se vieron durante los primeros días”, aseguró a este medio Claudia Neira, legisladora del Frente de Todos y presidenta de la Comisión de Espacio Público.

El planteo de la legisladora hace hincapié en el déficit de espacios destinados al ocio y esparcimiento que tienen muchos barrios en detrimento de otros. Lo que redunda, en definitiva, en que en algunas zonas comerciales como Palermo se haya producido una sobre-circulación de gente por la saturación de zonas comerciales. De hecho, la mayoría de los bares clausurados por infracción se detectaron en esas zonas, que a su vez son las de mayor poder adquisitivo.

La Ciudad primero autorizó las mesas en la calle, luego abrió calles peatonales para expandirlas y, por último, habilitó llevarlas incluso a espacios linderos como los estacionamientos a cielo abierto, antes de permitir el despliegue dentro de los locales. En todas esas flexibilizaciones medió el lobby de la Asociación De Hoteles, Restaurantes, Confiterías Y Cafés (HRCC). “Se trata de un paso adelante luego de las intensas gestiones realizadas por la AHRCC desde el comienzo de las restricciones y las reuniones mantenidas durante la última semana con funcionarios de las distintas áreas del Gobierno de la Ciudad”, blanquearon en uno de sus comunicados sobre la última de las permisiones.

Lo curioso es que la AGC, encargada de hacer cumplir los protocolos, negocia con la Cámara los requisitos para las habilitaciones, pero no tiene la misma contemplación con otros rubros igual de necesitados de salir a trabajar, como son los vendedores ambulantes. Sin ir más lejos, su titular, Matías Lanusse, es señalado por las organizaciones de trabajadores de la vía pública por ensañarse con migrantes del Once, Flores y Constitución. Las historias de operativos conjuntos con la Policía de la Ciudad son cotidianas y terminan siempre igual: confiscación de la mercadería, detenciones y represión. El propio Lanusse todavía sigue procesado en la causa por apremios ilegales tras su paso por la Unidad de Control del Espacio Público (UCEP), la tristemente célebre patota paraestatal que pegaba a las ranchadas de personas en situación de calle.

“Es necesario que los bares abran y puedan trabajar, el sector gastronómico fue de los más golpeados y nos parece bien que retomen su actividad. Pero la AGC no da la garantía y nuestro rol como oposición es estar atentos y que los controles se realicen como corresponde”, señala Neira.

“Hubo mucha improvisación, y donde quizás se ve con mayor claridad fue en las reaperturas en las escuelas, donde prácticamente se anotaron para participar muy pocos chicos y terminó más en un acto de marketing que en una revinculación efectiva. Se pudo haber hecho de manera más eficiente si la Ciudad hubiera tenido una planificación y redistribución equitativa de los espacios públicos y verdes aprovechables”, agrega la legisladora, uno de cuyos hijos cursa el quinto año de la secundaria, que junto con el séptimo grado de la primaria fueron los dos años de cursada elegidos para el experimento de reapertura educativa en territorio porteño.

 

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