Alejandro Grimson

«En un año excepcional, las acciones del Gobierno siempre fueron para cuidar a la inmensa mayoría»

A un año de la asunción de Alberto Fernández, el asesor presidencial y referente de Agenda Argentina reflexionó en una entrevista con El Grito del Sur sobre la concepción peronista del Frente de Todos, los niveles de pobreza, el odio arraigado en un sector de la sociedad, la inseguridad y el mundo post-pandemia. "La derecha instaló con éxito que no salir a matar gente es una forma de proteger delincuentes", asegura. 

Exactamente un año atrás, Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner asumían la presidencia y vicepresidencia de la Nación respectivamente. En medio de un diciembre que se lleva puesto a toda velocidad un accidentado 2020, llegan los tiempos de reflexión y balance. La economía arrasada del macrismo, la pandemia inédita, los continuos embates de la Justicia y los medios de comunicación adictos al macrismo que prácticamente dejaron al Gobierno sin «luna de miel», resultan temas ineludibles en una Argentina donde los indicadores sociales generan una fuerte preocupación para quienes sueñan con un país más justo.

Asesor presidencial y referente de Agenda Argentina, el antropólogo Alejandro Grimson reflexionó en una entrevista con El Grito del Sur sobre el peronismo que representa el gobierno de Alberto Fernández, la pobreza e indigencia en nuestro país, los discursos de odio, el problema de la inseguridad y el mundo post-pandemia. «En este año excepcional, las acciones del Gobierno siempre fueron en la dirección de cuidar a la inmensa mayoría», asegura.

Dentro de la heterogeneidad que representa el peronismo, ¿adónde hay que ubicar al gobierno de Alberto Fernández para entender su primer año de gobierno?

El peronismo en toda su diversidad se fue transformando a partir de la experiencia de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Luego, con el proceso de desindustrialización que hubo durante el gobierno de Mauricio Macri, se terminaron formando -al menos por ahora- dos coaliciones contrapuestas en cuanto a convicciones y perspectivas ético-políticas: Juntos por el Cambio y el Frente de Todos. Éste último, compuesto por una gran mayoría de peronismo y kirchnerismo, tiene como prioridad «primero los últimos» y cuidar las vidas y el bolsillo de los argentinos en la medida de las posibilidades de un Estado muy golpeado y sobreendeudado. A lo largo de todo este año excepcional, que golpea a todo el planeta de manera drástica, se realizaron acciones que siempre fueron en la dirección de cuidar a la inmensa mayoría de los argentinos y las argentinas. En primer lugar a los más humildes, pero atendiendo a todos los sectores. Estuvo la política del IFE, pero también del ATP y todos los créditos a tasa cero que benefician a quienes ejercen como monotributistas.

Recién mencionabas la definición «primero los últimos», a la que hizo alusión el Presidente en su discurso de asunción hace un año. Más allá de los efectos esperados de la pandemia, ¿por qué sigue creciendo la pobreza y la indigencia en nuestro país?

Lo que pasa es que en 2020 cayó el producto bruto en todo el mundo. Ésta es la mayor caída en mucho tiempo. Cuando cae el producto bruto en esas proporciones, aumenta inexorablemente la pobreza. Lo que hizo la pandemia fue generar una reducción del PBI a nivel global y del PBI per cápita. Esto tuvo efectos negativos por igual en Argentina, Brasil, México y Estados Unidos, pero también en España, Francia y otros lados. Salvo en China, que creció un poco el producto bruto pero mucho menos de lo que venía haciéndolo. Al caer el PBI per cápita, obviamente que aumenta la cantidad de pobres. La pandemia es una crisis sanitaria, económica y social.

Otro de los saldos que dejó este 2020 fue el impuesto a las grandes fortunas y, como contracara, no haber logrado avanzar con la expropiación de Vicentin. ¿Cuál debe ser el rol del Estado con vistas a la salida de esta crisis económica?

El Estado debe sentar a todos los sectores económicos en la misma mesa -los trabajadores, los movimientos sociales, los empresarios, los productores, etc.- y generar las condiciones para que el horizonte argentino sea de potenciación de todas las capacidades productivas con una visión general y de conjunto hacia todo el territorio nacional, apuntando siempre a principios vinculados con una mayor igualdad distributiva.

Diferentes sectores dentro del Frente de Todos apuestan a construir un modelo basado en el trabajo y la producción. ¿Cómo se logra este inmenso desafío teniendo en cuenta que hay sectores políticos y económicos que se niegan a un acuerdo social?

Yo creo que hay que apuntar a los mayores acuerdos que se puedan ir logrando, algunos ya se han conseguido. Queremos un país productivo, que genere empleo y que a partir de éste se garanticen derechos con el objetivo de alcanzar justicia social, de género y territorial. Como contracara se encuentran los modelos financieros y de especulación que ya hemos vivido y que llevaron a una pérdida extraordinaria del poder adquisitivo y las capacidades de ahorro de las argentinas y los argentinos. Están muy claros los resultados del gobierno anterior, que puso a la Argentina primera en el ranking entre los países que más se desindustrializaron entre 2015 y 2019. Al mismo tiempo, tomó una deuda gigantesca con sectores privados y el Fondo Monetario Internacional. El Gobierno tiene que intentar ordenar esta situación, hoy ya se logró la reestructuración con los acreedores privados.

Te llevo a los discursos de odio. ¿Cómo funcionan y quiénes son sus promotores en la Argentina que hoy preside Alberto Fernández?

El odio en la Argentina es muy antiguo y tan arraigado que tuvo distintos capítulos. Uno paradigmático fue «Viva el cáncer», otro fueron los bombardeos de la Plaza de Mayo en 1955. Éste llevó a episodios de violencia simbólica, discriminación y violencia política muy dramáticos. En este momento estamos viendo una expansión de los discursos de odio y de los fanatismos del siglo XXI a nivel global. En ese contexto, evidentemente un pequeño sector -pero muy relevante y poderoso de la sociedad argentina- está atravesado por esos discursos que despolitizan el debate.

Esta semana volvió a instalarse en la agenda mediática el debate por la baja de edad de imputabilidad. ¿Por qué a los progresismos les cuesta tanto tener un discurso político para el combate contra la inseguridad?

La seguridad es un derecho de la ciudadanía. Todos los ciudadanos y ciudadanas tienen derecho a estar y sentirse seguros. Se instaló la idea de que no generar situaciones de represión feroz o no salir a matar gente, es una forma de proteger a los delincuentes. Ese es el discurso que buscó instalar la derecha en algunos países y regiones con éxito. Yo creo que una visión de la seguridad desde las fuerzas populares implica pensar en la seguridad de todos los ciudadanos y ciudadanas: desde los más humildes hasta los sectores medio-altos. Se está trabajando en ese sentido.

¿Qué consecuencias tiene la presencia de un isurso anti-ciencia en tiempos donde la aplicación de una vacuna va a salvar muchas vidas?

Esto se inscribe en los fanatismos del siglo XXI. Aunque en algunas teorías sociales se suponía que las visiones de la Edad Media eran más religiosas o menos científicas que las de la Edad Moderna, lo que estamos viviendo es un resurgir de algunas creencias que no son religiosas pero tampoco tienen ningún fundamento científico. En muchos países se torna así más difícil el debate de ideas porque es muy difícil discutir cuando no nos basamos en hechos. Todo este tipo de movimientos resultan bastante impermeables a ese tipo de debate que es propio de una sociedad democrática.

En otra reciente entrevista planteaste que «probablemente después de la pandemia la vida sea muy distinta en muchos aspectos». ¿Cómo te imaginás la Argentina y el mundo post-pandemia?

Después de esta experiencia, la Argentina va a ser la que sepamos construir entre las inmensas mayorías. En esa idea de ir construyendo acuerdos en cuestiones básicas, como decir nunca más al endeudamiento insostenible o nunca más a niveles de desigualdad, pobreza y desindustrialización como los que hemos vivido, sobre esa base tenemos que incrementar las capacidades productivas, laborales, territoriales y medioambientales de la Argentina siempre apuntalando todos los procesos de una mayor igualdad. Eso depende de un montón de factores, por ejemplo de cuáles sean las tendencias en el mundo. Eso no se puede predecir, pero se puede tener en claro que un proyecto de ese tipo va a ser más viable si la Argentina está más articulada con otros países de la región, retomando con fuerza los procesos de integración regional y manteniendo relaciones inteligentes y constructivas con el resto de los países.