Crece el tango con perspectiva de género

El fin del macho malevo, dominante y bravucón

La lógica machista y patriarcal del tango invisibilizó durante varias décadas el desarrollo profesional de muchas compositoras, cantantes, músicas y bailarinas. Sin embargo, la ola feminista empieza a derribar esta discriminación y la reproducción de estereotipos de género.

El Día Nacional del Tango se celebra cada 11 de diciembre en homenaje a Carlos Gardel y Julio De Caro, dos íconos de una de las mayores expresiones de la cultura argentina. En este nuevo aniversario, pandemia mediante, la Comisión de Género de la Asociación de Creadores e Intérpretes de Tango (ACIT) organizó junto al Ministerio de Cultura de la Nación una charla virtual denominada «Tango y Género» en el CCK, que contó con la participación de la artista y cantante trans Susy Shock, la investigadora Dora Barrancos, el filósofo Darío Sztajnzrajber, la periodista Nora Veiras, el productor y guionista Pedro Saborido, el investigador Gustavo Varela, la vicepresidenta de INAMU Paula Rivera y la diputada nacional Mónica Macha.

Si bien el tango es una de las expresiones culturales por antonomasia de la zona del Río de la Plata, también ha sido fuente histórica de una discriminación marcada hacia las mujeres y de la reproducción de estereotipos de género que es necesario derribar. El tango nació en nuestro país a finales del siglo XIX, cuando las mujeres aún no gozaban siquiera de derechos políticos y el reflejo de esta época desigual se expresa en dicho rubro de la música. Términos arrabaleros como «pebeta» (muchacha coqueta), «paica» (prostituta), «mina» (prostituta explotada por un hombre), «yira» (prostituta callejera) y «grela» (mujerzuela), entre otros, se referían a las mujeres en una forma despectiva y delimitaban unos roles de género bien precisos y notoriamente machistas.

En un ambiente que le resultó muchas veces hostil, la reconocida actriz y cantante de tango Susana «La Tana» Rinaldi sostuvo en una ocasión: «No ocupo el lugar que el machismo le destinó a la mujer en el tango. Hice escuela con no aceptar que una mujer debía disfrazarse de varón para subirse a un escenario a cantar tangos». «El mundo tradicional del tango destina a la mujer dos roles: ¨atorranta¨, que dejó a ese pobre ser humano colgado en la palmera, o sometida. Cuando yo digo ¨y ni el tiro del final te va a salir¨, se lo digo concretamente a varios hombres y eso no se perdona», agregó.

La presencia de un «macho dominante» en el tango se mantuvo durante varias décadas invisibilizando el desarrollo profesional de muchas compositoras, cantantes, músicas y bailarinas que fueron discriminadas tanto arriba como abajo de los escenarios. En contraste con dicho status hegemónico, el 8 de marzo de 2018 nació Tango Hembra como un grupo de mujeres feministas de la escena cultural tanguera que apuntaron a construir un lugar más igualitario e inclusivo dentro del ritmo del 2 x 4. Previamente, el Movimiento Feminista de Tango (MFT) empezó a denunciar situaciones de violencia o abuso dentro de las milongas u otros espacios donde se desarrolla esta actividad.

¿Cómo incidió la ola feminista en el ambiente del tango? «El feminismo llegó al tango de distintas maneras: en principio está bueno diferenciar qué pasa en términos de baile y en términos de música. Dentro de lo que es el baile, el Movimiento Feminista de Tango (MFT) elaboró un protocolo para las milongas y además realizó muchas intervenciones en las milongas tradicionales. Quince o veinte años atrás, se empezó a gestar el tango queer, una forma de bailar el tango que cuestiona las formas tradicionales en las que el hombre lleva y la mujer es guiada. Pueden ser dos mujeres o dos hombres bailando, y obviamente todo lo no binario entra en juego. En cuanto a la parte musical, empezaron a aparecer muchas compositoras y autoras mujeres -y disidencias también- que reflejan en las letras de tango la actualidad: esto incluye al feminismo y a poner límites sobre situaciones machistas y patriarcales», explica en diálogo con El Grito del Sur Natalia Bril, cantante de tango e integrante de la Comisión de Género de la ACIT.

Entre las nuevas letristas y compositoras del tango con perspectiva de género, se destacan Cintia Trigo, Claudia Levy, Julieta Laso, Ana Sofía Stamponi, Coni Banus, Bárbara Grabinski, Marisa Vázquez y Denise Sciammarella, entre otras. Estas referentas buscan romper con la figura de la mujer objetivada y bregan por la valorización del rol profesional de la mujer y las disidencias. El proceso de cambio no se produjo de un día para el otro: Natalia Bril cuenta que «antes de que surgieran las agrupaciones feministas dentro del tango, una ya empezaba a hacerse algunos cuestionamientos sobre el carácter machista del tango. De a poco fui dejando de cantar los tangos que no me representaban en ese sentido; cuando empecé a estudiar podía cantar algún ¨Malevaje¨ o ¨Atenti pebeta¨ por ejemplo, pero después se hizo insostenible. Junto a la mayoría de mis colegas elegimos cantar cosas que nos representen a nivel letrístico y musical también desde luego».

El tango con perspectiva de género llegó para quedarse. Inmensos desafíos lo acompañan: uno de éstos es, sin lugar a dudas, la implementación de la Ley de Cupo para que los eventos organizados de forma pública o privada respeten un mínimo del 30 por ciento de solistas como grupos de mujeres y mixtos. «A mi modo de ver, el tango con perspectiva de género no es solamente ese tango que expresa en sus letras las ideas de reivindicar los derechos de las mujeres, minorías y disidencias. Al contrario, puede expresar esto o no; por lo tanto, es ese tango que al expresarse en sus letras y al practicarse -tanto en el escenario por sus músiques como por les bailarines en la pista de baile- abre sus puertas con una idea de igualdad y que, además de ser inclusivo, no sea fijo ni estigmatice», señala la cantante e integrante de la Comisión de Género de la Asociación de Creadores e Intérpretes de Tango.

Con una impronta feminista que pisa fuerte, el ambiente del tango deconstruye de a poco su lógica de macho malevo, dominante y bravucón que desplazó históricamente de la escena musical a las mujeres. Desde luego, como en todo, queda mucho por hacer.

 

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