Crónica de una victoria verde anunciada

Un sismo que pasará a los libros de historia

Después de otra jornada maratónica y décadas de lucha, el movimiento feminista conquistó una de sus reivindicaciones históricas. Siete momentos atados por un mismo pañuelo verde de lo que parecía inalcanzable.

Un pequeño grupo de mujeres junta firmas y reparte volantes frente a la histórica confitería del Molino en Callao y Rivadavia. Corre el año 1992 y, en un somero acto, las pocas integrantes de la Comisión por la Despenalización del Aborto presentan su primer anteproyecto de ley sobre Anticoncepción y Aborto. Hablan de lo que nadie quiere saber, gritan lo que nadie quiere escuchar, escriben lo que nadie quiere leer. La gente las evade o las mira de reojo.

Veintiocho años después, un grupo de chicas se encuentran en la misma esquina: una va siguiendo la ubicación en tiempo real para no perder el rastro de las otras entre la muchedumbre. Lleva una remera estampada enrollada por encima del ombligo, shorts de jean rotos, zapatillas de plástico y el pañuelo verde, el mismo que surgió en el Encuentro Nacional de Mujeres de Rosario en el 2003 y que trae consigo la insignia de las Abuelas. Un año después de que nacieran los pañuelos, en el noveno Encuentro Nacional de Mujeres de Mendoza (año 2004), se decidió formar una campaña para luchar por el aborto legal en Argentina. La propuesta debía durar cuatro meses.

Quince años luego del lanzamiento de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, y trece después de la presentación de su primer proyecto de ley, con los arbolitos de Navidad aún en pie pero casi caducos, la Cámara de Senadores trató por segunda vez en su historia el proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Esta vez, a diferencia de lo que pensaba Marx, la historia no se repitió como farsa sino como victoria, en un panorama muchísimo más favorable al del 2018, con el ahínco de un boxeador que sabe retomar sus batallas o la resignada satisfacción de aquelles que aceptan que siempre deberán luchar por lo que les pertenece.

Foto: Rocío Tursi

I

El calor es húmedo, insoportable. Los fenómenos meteorológicos nunca acompañan las manifestaciones feministas. Los últimos poroteos cierran pero nadie se calma, siempre hay algo que puede fallar. El paisaje interior del Senado está lejos de ser Pasos Perdidos. En el Salón de las Provincias, y más allá de los protocolos, los periodistas se amuchan, hablan a los gritos, buscan toma corrientes, consultan por la falta de ventilación, piensan cómo van a hacer para pasar una jornada de más de doce horas entre esas paredes de piedra casi sin ver la luz del día. Los senadores no pasan por la sala durante todo el debate, y casi ninguno tomará la palabra, salvo Norma Durango y la celeste, celestísima Silvia Beatríz Elías de Pérez, quien antes de dar comienzo al debate aseguró que -en caso de aprobarse- buscará judicializar la ley por inconstitucional. Varias horas después diría resignada: «Después de esta noche significa que el Estado ha tirado la toalla en esta pelea por la vida. Este proyecto no trae nuevas libertades, ni la libertad de decidir, tampoco nuevos derechos».

Foto: Prensa Senado

II

Pasadas las cuatro de la tarde, la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner da por iniciada la sesión que pronto abandonará para regresar con el cierre de bloques, dejando a cargo al radical Martín Lousteau y a Claudia Ledesma Abdala.

Norma Durango -pampeana, peronista y presidenta de la Banca de la Mujer (cabecera del debate)- será la primera en tomar la palabra y la encargada de explicar la decisión de aceptar el veto parcial del artículo 4 inciso B y solicitar al Poder Ejecutivo quitar la palabra “integral” en el concepto de salud como parte de las causales de aborto luego de la semana 14. Éste fue uno de los cambios propuestos por el senador rionegrino Alberto Weretilneck, que el Gobierno decidió conceder hilando finamente el tire y afloje para evitar lo que en otro caso hubiera sido una catástrofe política. Días antes se habló de especulaciones, de escraches y de presiones de la Iglesia que finalmente no lograron revertir el resultado. “Esto es justicia social. Tenemos la posibilidad de legislar por las mujeres. Esta banca le pertenece a nuestras hijas, a nuestras nietas. Vengo a ocupar esta banca por las mujeres muertas por abortos clandestinos», manifestó Durango.

Afuera hay brillos, barbijos verdes, música, bengalas de colores, los mismos puestos de hidratación garantizados por AySa la semana pasada. Micropolítica del deseo, revolución afectiva, evocación de viejos conjuros de antepasadas hechiceras y una vez más el río rivadaviano como muralla entre dos bandos contrapuestos: uno burbujeante e inmenso y otro raquítico, que agoniza más allá del clima de festejo artificial prediciendo la crónica de una victoria verde anunciada.

III

¿Cómo pasará esto a los libros de historia? 

“Creo que dentro de 50 años nuestras hijas, nuestros hijos, sobrinxs, nietxs, van a estar mirándonos y vamos a poder contarles que acá estuvo la lucha, acá estuvo el aguante, se puso el cuerpo, porque estamos poniendo el cuerpo en esto y creo que ahí está la magia. Es amor esto, ¿no? El feminismo es amor», dice una joven morocha sobre Avenida de Mayo.

«Nosotros somos papás, tenemos una hija chiquita y veníamos hablando que esta lucha es para ella. Nos preguntamos si ella debería estar acá luchando y pensamos que estaría bueno que en su adolescencia no sea necesaria esta lucha, que sea ley y que ella ya no tenga que salir a pelear por sus derechos», cuenta una pareja que se quiebra entre las frases.

IV

El día continúa como dos mundos paralelos: adentro oscuro, pesado, ruidoso. La piedra que no filtra la luz pero sí el sonido. Expectativa, miedo, focos de cámaras que prenden luces enceguecedoras. Nadie sale a dar declaraciones, no hay indicios y la tensión cae sobre quienes se conservan indefinidos. Se trata de reconstruir pistas, sacar deducciones, recabar datos existentes: declaraciones en medios, llamados telefónicos, reuniones con funcionarios, opiniones cercanas. La futurología no asegura pero orienta.

Dentro del recinto se hace referencia en repetidas ocasiones a Fernando Pino Solanas. Él también pensó en esta ley, en cómo pasaría a la historia. «Como decía el compañero Pino Solanas, esto es lisa y llanamente la idea de la mujer incubadora. Decir que la maternidad será deseada es una condición de la dignidad humana», recuerda Ana Claudia Almirón. Pino Solanas pasó a la historia nombrando el goce de la juventud siendo viejo, “el goce señora presidenta”, un goce con la O estirada como bandera.

Foto: Prensa Senado

V

Recién a las diez de las noche, algunas incógnitas comienzan a revelarse. Stella Maris Ollala, quien aún no había asumido en 2018 y tampoco había revelado públicamente su posición, vaticina su voto a favor cuando dice: “Mantener la prohibición no eliminará el sistema clandestino, que está sobradamente demostrado que existe. No habrá mejoras en el sistema de salud si seguimos despreciando o no llevando adelante la educación sexual integral”. «No me es indiferente el drama del aborto clandestino que provoca muertes y criminalización de mujeres en situación de vulnerabilidad. Creo que esta ley no le cambia en nada a los que se oponen, pues será una ley a la que no tendrán que apelar», explica a continuación la neuquina Lucila Crexell, quien se había abstenido hace dos años. Sergio “el Oso” Leavy  también avala el proyecto y la brecha de suspenso lentamente se cierra.

Foto: Rocío Tursi

¿Cómo pasará esto a los libros de historia?

Obtener la ley de aborto en Argentina es un precedente para toda América Latina, una región donde las derechas avanzan y retroceden como las lenguas de un mar intempestivo. Un continente llegó a tener al mismo tiempo cuatro presidentas mujeres y a sancionar la primera ley de identidad de género.

Que el Estado garantice la interrupción voluntaria del embarazo y la atención post aborto excede -pero no resta importancia- a lo legal. Es una manera de materializar la herencia de siglos de luchas y dar cuerpo a la conquista de derechos de aquellas que hace cien años no podían votar y hoy escriben la historia. Pero, ¿qué significa llegar a la meta luego de tantos reveses, dificultades y escollos? ¿Qué sucede cuando se acaricia lo que parecía inalcanzable y se relata lo inenarrable? ¿Se cierra un capítulo o se abre otro más? ¿Existirá nuevamente una causa que logre nuclear a personas de distintas procedencias, partidos políticos, edades y clases en ese entramado ensanchado artesanalmente que es la lucha por el aborto? ¿Cómo serán los feminismos argentinos ya saldada una de sus deudas troncales? ¿Qué sigue? ¿Cómo crece ese piso de derechos? ¿Lo lloramos como una victoria alcanzada o una despedida algo nostálgica?

VI

Las calles son un pegote, las pieles todavía sudan, las gargantas tragan saliva seca. Ya pasaron bandas y risas. Hay resaca de alcohol y falta de horas de sueño. Ya hubo besos, hamburguesas de garbanzos, abuelas acompañando nietas, perros con pañuelos y muchas selfies con filtros verdes para Instagram. Son las cuatro de la mañana y se va a votar en general y en particular como lo decidió la presidenta de la Cámara.

Luego de apretar los botones se enumeran uno a uno los votos, el secretario Parlamentario Marcelo Fuentes enlista nombres completos y agrega afirmativo o negativo según la opción elegida. Abajo de las pantallas gigantes, sobre el asfalto aceitoso algunes cuentan con los dedos, otres se sorben las lágrimas, otres se sumen en manchones de silencio. Los instantes hasta que los números se develan son un abismo, un pitido agudo en los oídos, un hilo de tensión dilatado, un hiato donde miles de personas aguantan la respiración al unísono, la calma antes de que explote un volcán.

Son los segundos de flashback en la mente de las históricas.

Fotos: Catalina Distefano

VII

4:12

29/12

38- 29

el marcador juega a favor,

el resultado queda estampado sobre la pantalla de Led

el mundo tiembla, ruge, se bambolea

no es marea, es sismo

es algo que si aún no se cayó empieza a tambalear.

Enfrente de la confitería de El Molino una multitud festeja los restos de una noche que se hace esquirlas.

Aunque muchas de las que repartieron los primeros volantes no lo sepan

hoy la gloria es suya.

 

Foto de portada: Catalina Distefano

 

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR:

En el país de la libertad