Eduardo Valdés

«Queremos una sociedad normal, pero no se puede arriesgar la vida de alumnos y docentes»

En una entrevista con El Grito del Sur, el diputado nacional por el Frente de Todos se refirió a la vuelta a clases presenciales y cuestionó el "marketing" del Gobierno porteño. También habló de la economía y el precio de los alimentos. "Soberanía alimentaria es que la comida no esté a los valores de Chicago", dispara.

Como un vaticinio de lo que será el 2021, enero está transcurriendo en forma agitada y bastante alejado de cualquier posibilidad de descanso. El precio de los alimentos, la posible vuelta a clases presenciales y el crecimiento de los casos de COVID-19, entre otros temas, impidieron prácticamente que la política saliera un rato del centro de la escena. Si bien esta vez -debido a los cuidados necesarios que requiere la pandemia- no se vieron candidatos y candidatas desfilando por las playas de la Costa Atlántica, el año electoral ya se juega.

El diputado nacional por el Frente de Todos, Eduardo Valdés, forma parte del entorno más cercano al presidente Alberto Fernández y reconoce en diálogo con El Grito del Sur que «no nos preparamos para gobernar una pandemia». Sin embargo, su mirada es optimista de cara al futuro y ve con esperanza la campaña de vacunación que ya se desarrolla en todo el país. A lo largo de esta entrevista toca diferentes temas: la economía, la situación social, la presencialidad en las aulas, los errores del Gobierno, la llegada de Joe Biden a la presidencia de Estados Unidos, la relación con el Papa Francisco y la agenda legislativa.

El 2020 fue un año complicado producto de la pandemia. ¿Cuáles son las expectativas económicas para 2021 teniendo en cuenta que la emergencia sanitaria continúa?

Yo sería un mentiroso si te digo que tenemos exactamente la planificación económica en este contexto. Hasta tanto no termine la pandemia, estamos construyendo el día a día. Sí queremos lograr un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, tal como hicimos con los acreedores privados, y a partir de ahí despejar la cuestión económica. Yo soy optimista para con nuestro país en la post-pandemia y espero que podamos llegar dentro de seis meses a tener vacunada al menos a la población que tiene posibilidad de contagiarse el virus: el personal sanitario, los mayores de 60 años, etc. Ya está la cantidad de vacunas para lograr ese objetivo. A partir de ahí tenemos dos cuestiones que van a jugar positivamente para la Argentina, que son el aumento de las commodities y el ahorro que han hecho las clases medias producto de la incertidumbre que trajo la pandemia generando así una mayor capacidad de consumo.

El Gobierno logró estabilizar una variable importante como es el tipo de cambio, pero en los últimos meses la inflación -en especial el precio de los alimentos- está creciendo a un ritmo acelerado. ¿A qué atribuís esta situación?

La comida que necesitamos los argentinos no tiene que estar a valores internacionales de Chicago. De eso se trata una política de soberanía alimentaria. Creo que vamos camino a eso. Es muy notorio lo que está sucediendo con los precios.

Hace varios años que los salarios no le ganan a la inflación y la situación social es acuciante. ¿Existe un plan del Gobierno para revertir esto?

Nuestra identidad política es peronista. Yo quiero ser sincero: jamás imaginamos en nuestras vidas que nos iba a tocar gobernar una pandemia y la verdad es que no nos preparamos para eso. Por eso es un aprendizaje diario. Ahora bien, lo que sí estamos preparados es que ni bien termine la pandemia vamos a rescatar las fábricas y las empresas que sufran problemas con el objetivo de generar más puestos de trabajo y luchar contra el desempleo. Una medida muy buena en este sentido fue la prórroga de la doble indemnización y la prohibición de despidos. Somos defensores del empleo y del trabajo genuino, por lo que queremos terminar lo antes posible con la pandemia para empezar la Argentina productiva.

La campaña de vacunación avanza en nuestro país. Sin embargo, desde Juntos por el Cambio buscan desprestigiar al Gobierno en torno a este tema. ¿Cómo observás esta grieta que ahora quieren instalar referida a la presencialidad en las aulas?

Nosotros queremos una sociedad normal, donde los chicos estudien y los maestros enseñen. Donde los trabajadores trabajen y las fábricas produzcan. Sin embargo, en medio del mayor contagio que hemos tenido en la historia, ¿se puede ser tan chanta y decir que tengo resuelta la cuestión de las clases? No se puede arriesgar la vida de los alumnos y de los docentes. En la Ciudad de Buenos Aires hay que trabajar para que empiecen las clases el 17 de febrero, pero una semana antes hay que analizar cómo está el virus en todo el país. Quizás no hay que tomar una decisión uniforme, es de acuerdo a cada lugar.

¿Te parece responsable la postura del Gobierno de la Ciudad en relación a la vuelta a clases presenciales?

Ellos se están manejando con un poco de marketing. Macri, por ejemplo, iguala una frase de Donald Trump y dice que hay que volver a las aulas. Cuando gobernaron, todas sus políticas fueron -como dijo el expresidente- para caer en la educación pública. La presencialidad en las aulas debe subordinarse a la situación sanitaria.

Esta semana se vieron imágenes tremendas de gente aglomerada en la estación de trenes Constitución. ¿Por qué el Ejecutivo está fallando en situaciones tan elementales de cuidado?

La verdad que no lo sé, me encantaría poder respondértelo. No soy todólogo, pero las imágenes que vi no me gustaron nada. Desconozco por qué no se pudo organizar mejor, si habrá menos trenes y la gente desesperada quiere volver a sus casas o qué.

¿Esto se relaciona de alguna manera con los planteos de la vicepresidenta Cristina Fernández sobre los «funcionarios que no funcionan»?

(risas) No lo sé, hay que ver si son funcionarios de la Ciudad o de Nación. Es una situación difícil, no pasa sólo en los trenes sino también en las playas donde el comportamiento de los jóvenes es inversamente proporcional a una pandemia. Pareciera que la gente está muy cansada de cumplir con las normas que establece la pandemia, yo también pero tengo la obligación de preservar las vidas humanas.

En tu carácter de presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, ¿crees que la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca representa un giro en la política estadounidense?

Claro que representa un giro. Por lo pronto, Biden habló de volver al multilateralismo y firmó un decreto para suspender la decisión de Trump de abandonar la Organización Mundial de la Salud (OMS), algo muy importante. Ojalá vuelva la firma del Acuerdo de Paris en la cuestión ambiental. Imagino a ese Biden que, junto con el Papa Francisco en la gestión de Obama, concretaron una apertura de embajadas de Cuba con Estados Unidos. También firmó la derogación de la construcción del muro con México. Es un cambio sustancial.

¿Cómo está la relación entre el gobierno argentino y el Vaticano?

Está muy bien, el Papa Francisco es un ejemplo a imitar para nosotros. Su prédica es importante para tener un mundo sin muros y con opción preferencial por los más vulnerables. Es la sociedad a la cual queremos llegar. El post-trumpismo trae como contracara que volvamos a hablar de Francisco, ese es el mundo que a uno le gusta construir.

¿El Papa está molesto por la sanción de la ley del aborto?

No lo sé, la verdad que no he hablado con él de estos temas.

Te llevo a la agenda legislativa. ¿Cuáles son los desafíos para este comienzo de 2021 en Diputados?

Estamos esperando que el Ejecutivo nos mande los proyectos que quiere sancionar en sesiones extraordinarias. Toda la legislación que vamos produciendo tiene que ver con proteger las fuentes de trabajo, las empresas y ver cómo Argentina dispara rápido para el crecimiento. Esas son las leyes que debemos ir sancionando frente al momento de emergencia que estamos viviendo.

La reforma judicial pareciera ser un tema controversial entre los bloques. ¿Por qué continúa trabada en la Cámara Baja?

No sé si está trabada, es un tema importante para el oficialismo y ojalá podamos sancionarla lo antes posible. La ciudadanía requiere de una Justicia que funcione y que sea justa para todos. Tenemos que encontrar el consenso para dictaminarla rápido.

 

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