Día de la Mujer Migrante

«Las jóvenes son la punta de lanza en la defensa de los derechos migrantes»

Para las mujeres migrantes, el reparto siempre es desigual y la pandemia significó un nuevo aumento de las tareas de cuidado y una baja en los ingresos. El Grito del Sur habló con Natalia Gavazzo, antropóloga e investigadora del CONICET, sobre el lugar de las migrantes en el feminismo en este día especial.

El 10 de enero se conmemora el Día de la Mujer Migrante en honor a Marcelina Meneses, la joven boliviana que falleció tras ser empujada junto con su hijo Ioshua a las vías del Ferrocarril Roca en un acto de xenofobia. Diecinueve años después de ocurrido, el caso sigue sin esclarecerse pero su figura fue resignificada convirtiéndose en una bandera de lucha.

Según el último censo realizado por el INDEC (2010), les migrantes representan el 4% de la población argentina y el 78% proviene de países latinoamericanos. Este colectivo fue perseguido, estigmatizado, y en muchos casos deportado durante el macrismo bajo el amparo del DNU 70/2017, que aún continúa vigente a pesar del pedido de las organizaciones de derechos humanos.

Si bien el cambio de gobierno significó un alivio para les migrantes, la situación empeoró durante la pandemia y especialmente para las mujeres que debieron afrontar un aumento en las tareas de cuidado. “La situación de las mujeres migrantes en la pandemia fue de una enorme sobrecarga de tareas de cuidado, no solo en sus casas sino en sus barrios, ya que muchas estuvieron abocadas a trabajar en los comedores o atender las consejerías. A la vez, quienes forman parte de la economía popular o realizan tareas no registradas sufrieron una interrupción absoluta de los ingresos: por ejemplo, las vendedoras ambulantes o las trabajadoras de casas particulares”, explica a El Grito del Sur Natalia Gavazzo, Doctora en Antropología e investigadora del CONICET especializada en migraciones.

Fotos: Catalina Distefano

Si bien la crisis económica derivó en una mayor demanda de seguridad social por parte del Estado, los requisitos de acceso limitan las posibilidades de les migrantes: en Argentina, para ser beneficiario de una pensión por vejez, es necesario tener al menos 40 años de residencia en el país, para una Asignación Universal por Hijo se requiere un piso de tres años y en el caso del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), son dos años que hay que llevar viviendo en el territorio nacional. Esto se vuelve aún más cruel teniendo en cuenta que los recién llegados suelen ser quienes menos posibilidades tienen de contar con una red de contención. “Hay un prejuicio por parte de los propios migrantes de que no tienen derecho para pedir estos beneficios ya sea por miedo a que los discriminen o por una idea de que ya han accedido a la salud pública, a la educación pública, a un trabajo y a una vivienda y que andar reclamando otras cosas no está bien”, señala Gavazzo. A estas cuestiones, la pandemia le sumó la interrupción o dilación en los trámites migratorios dificultando así el acceso a los servicios de salud y relegándolos a alquileres informales donde no se respetaron los decretos presidenciales para congelar las tarifas y frenar los desalojos.

En Argentina, el 53% de les migrantes son mujeres, y la mayoría de ellas forma parte de la población económicamente activa concentrada en el AMBA. Estas mujeres suelen realizar trabajos mal remunerados o no registrados y no cuentan con derechos laborales; sin embargo, según la ONU, todos los años unas 100 millones de mujeres migrantes alrededor del mundo envían remesas a sus países y, más allá de la brecha salarial, lo hacen con mayor frecuencia y en un mayor porcentaje de sus sueldos que los hombres. La investigadora del CONICET asegura: “Muchas veces las mujeres migran solas para sostener a su familia dejando hijos a cargo de sus madres y sus familiares, formando lo que se llama cadenas globales de cuidado, donde aparece un conjunto de mujeres que se dedican a la crianza y los cuidados, tanto de su propia familia como de otras, ya sea remunerado o no”. “Hay estudios que demuestran que las poblaciones migrantes tienen tal movilidad social que en una sola generación logran un progreso que les permite mejorar su calidad de vida y la de su familia. Al día de hoy, gran parte de los hijos e hijas de migrantes que han accedido a la educación terciaria se desempeñan como enfermeros o médicos y eso también se vio en la pandemia, cuando estuvieron en primera línea. En ese sentido, los jóvenes son la punta de lanza en la lucha por la defensa de los derechos de los migrantes”, recalca la antropóloga.

Fotos: Catalina Distefano

Las mujeres, lesbianas, travestis y trans migrantes vienen reclamando el lugar que les pertenece en el feminismo argentino y denunciando la blanquitud y el racismo dentro del movimiento. De esa rebeldía incómoda surgieron grupos como las marronas. “Yo creo que a las mayores les cuesta más acercarse al feminismo. El feminismo fue muy bastardeado durante décadas y eso implicó que la militancia de las mujeres migrantes se vea limitada a espacios que consideraban seguros, trabajando cuestiones como la violencia de género o violencia doméstica, que son cosas que sí asumieron como agenda en la elaboración de la ley Migratoria, sin necesidad de nombrarse feministas. Creo que las jóvenes tienen muchos menos prejuicios a la hora de reconocerse parte del movimiento y han avanzado en otros temas como el aborto o el derecho al goce”, asegura Gavazzo. «Esto se fue contagiando y hoy vemos que ambas generaciones, con modalidades distintas, se unen en un frente común para visibilizar las problemáticas de género en las organizaciones migrantes y demostrar su capacidad para liderarlas».

Natalia Gavazzo concluye: «En las últimas marchas de Ni Una Menos aparecieron los reclamos de las migrantes y eso es una victoria de este frente político que aprovechó todo el capital que había conquistado la primera generación con la fuerza y las estrategias de la nueva ola”. Aún faltan varios pasos para ganar la batalla cultural contra el estereotipo de la blanquitud eurocéntrica, que está en la base de la xenofobia en nuestro país, la misma xenofobia que provocó la muerte de Marcelina.

 

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