El Gobierno porteño vuelve a atacar a les manteres

“Queremos trabajar, queremos soluciones”

Esta semana el Gobierno de la Ciudad volvió a reavivar el conflicto con les manteres cuando dispuso un megaoperativo policial en el barrio de Flores. Acompañados por organizaciones sociales los y las vendedoras cortaron la esquina de Nazca y Avellaneda exigiendo soluciones para seguir trabajando.

Desde el jueves 7 de enero hasta hoy, el Gobierno de la Ciudad dispuso un megaoperativo policial en el barrio de Flores para evitar que les manteres puedan trabajar. El martes y el miércoles de esta semana, les trabajadores cortaron la esquina de Nazca y Avellaneda, uno de los puntos centrales, y contaron con el apoyo de organizaciones sociales como el MTE y de vendedores de Once y Liniers, otros de los epicentros del conflicto con los vendedores ambulantes, que viene de hace mucho tiempo, se reproduce también en Constitución, Morón y otros centros de trasbordo, y tuvo episodios represivos que terminaron en tragedia o en batallas campales. “Hace una semana que no puedo vender nada, y se pone muy complicado. Nosotros solo queremos trabajar y estamos acá porque no hay otra opción. Nuestro trabajo es digno, queremos una solución y una regularización de nuestro trabajo. Por eso estamos cortando la calle: para que nos escuchen y se reúnan con nosotros”, dice Thierno, uno de los referentes de la comunidad senegalesa en el barrio.

“El jueves pasado llegamos y parecía que había narcos en el barrio: hidrantes, motos, patrullas, 4×4, camiones, camionetas. No pudimos trabajar ni vender nada. El viernes lo mismo. El sábado, que es el día que más podemos vender, también lo mismo”, relata Badou, que llegó de Senegal hace 10 años. Es martes por la mañana, y hace cinco días que no puede vender ni una calza. Los inspectores de la Agencia Gubernamental de Control y los policías pasan al grito de “¡Vamos, vamos, levanten, levanten!”. Todes levantan y agarran las bolsas, y después las vuelven a apoyar, hasta que la coreografía vuelve a repetirse. Pasado el mediodía, y al ver que trabajar es imposible, les vendedores ambulantes deciden realizar el corte de calle, custodiados por un número al menos exagerado de efectivos de la Policía de la Ciudad e inspectores de la Agencia Gubernamental de Control (AGC). Sin mayores percances, y luego de hablar con los medios, el corte termina pasadas las 17 con la noticia de que volverán a protestar al día siguiente.

Fotos: Federico Muiña

El miércoles la jornada empieza muy temprano. Son las 8, y les trabajadores ya comienzan a agruparse en Nazca y Avellaneda. Son, en su mayoría, migrantes de Senegal, Bolivia, Perú, Paraguay, además de algunes argentines. Esperan a los más rezagados y, pasadas las 9, comienza el corte. Esta vez se hacen presentes vendedores de Once y Liniers. “Vinimos para apoyar la lucha de nuestros compañeros y compañeras. Lo que pasa acá, mañana o la semana que viene se traslada a Once, Constitución, Morón, Quilmes o Liniers”, remarca Luzmery, referenta de Vendedores Ambulantes Independientes de Once (VAIO), agrupación que nuclea a lxs trabajadorxs de Balvanera. El corte continúa las vías del tren Sarmiento, y algunos comerciantes se asoman a la puerta de sus negocios. “Otra vez estos negros de mierda que no pagan impuestos”; “¿Por qué la policía no se los lleva?”; “Que se vuelvan a su país”, son algunas de las frases clichés que se escuchan. La protesta se levanta pasado el mediodía. Mientras tanto, en el piso de C5N discuten Camilo Alan, dirigente de la Federación de Comercio e Industria de la Ciudad (FECOBA), y Omar Guaraz, del Sindicato de Vendedores Libres nucleado en la CTA. Lo novedoso no fue el debate de un muy bajo nivel entre ambos exponentes, sino la mala práxis periodística de Adrián Salonia, el conductor del noticiero, al difundir la información de que se había entablado una reunión y una mesa de diálogo.

Fotos: Federico Muiña

“¡Que no se pongan a vender en mi cuadra! Encima de que nos hacen levantarnos a las 5 de la mañana para venir acá a ver que no vendan, porque es ilegal, se ponen a vender. Yo me despierto temprano, llego a mi casa a las 21, y cuando veo un mantero por la tele no sabés cómo me pongo”, vocifera un inspector de la Policía de la Ciudad -esa suerte de policía fracasado- a una militante del MTE que intentaba apaciguar las aguas, luego de que unos pibes que pasaron vendiendo medias fueran agredidos por los policías. Ya es jueves, y en la esquina de Bogotá y Argerich les vendedores tomaron otra estrategia: tratar de vender a pesar del operativo y, si hay alguna decomisación, ir a realizar el corte. “Queremos trabajar, queremos soluciones”, se escucha por toda la cuadra, mientras les vendedores se acomodan lo más posible. Otra vez son acompañados por organizaciones sociales. Cabe preguntarse, en un atisbo de historia contrafáctica, qué pasaría si no estuvieran las organizaciones, les militntes y les trabajadores de otras zonas. El operativo continúa con hidrantes, camiones, camionetas. Impresiona. Pero, a pesar de una notoria tensión, y después de negociar con la Policía y los inspectores de la AGC, hay una suerte de “acuerdo”: les vendedores pueden vender, pero solo “de mano” (sin mantas), y cada vez que pasen los inspectores tienen que simular que levantan.

Fotos: Federico Muiña

“Es viernes, y todavía estamos esperando que nos atiendan el teléfono para lograr concertar una reunión”, explica Jackson, referente de la comunidad senegalesa de Flores. Jackson es kilométrico. Hay que levantar el cuello para mirarlo a los ojos. Mide una cabeza más que la persona más alta que pase por allí, y trata de organizar a sus paisanos. Hoy el barrio amaneció un poco más tranquilo que los últimos días, pero la presencia policial aún resulta desmedida. “Debe parecer cansador, pero lo que reclamamos no es tan complicado. Queremos que se regularice nuestra situación, queremos poder trabajar tranquilos, que no nos persigan y no entren los policías a nuestras casas”, dicen la mayoría de lxs trabajadorxs.

Los canales de diálogo con Clara Muzzio, la flamante ministra de Espacio Público e Higiene Urbana -ministerio creado a fines de 2020 luego de la partición de Ambiente en la Ciudad- hace tiempo que no fluyen. Hay una frase que se le atribuye a Léopold Sédar Senghor, líder de la independencia y primer presidente de Senegal, que dice maso menos así: “Los racistas son personas que se equivocan de cólera”. La libre interpretación, entonces, permite inferir que el gobierno que conduce Horacio Rodríguez Larreta es racista -no es una gran novedad- al “equivocarse” de cólera: destinar recursos de Seguridad (policías, inspectores de AGC que dependen del mismo ministerio) para evitar que lxs vendedorxs ambulantes trabajen, en vez de destinar el problema a los ministerios de Desarrollo y Trabajo. Para el GCBA, lxs migrantes y trabajadorxs de la economía popular “son un problema de Seguridad”.