Darío López, presidente de la Sociedad Central de Arquitectos

«La privatización de Costa Salguero es un ejemplo de la falta de planificación urbana en la Ciudad»

En diálogo con El Grito del Sur, el presidente de la Sociedad Central de Arquitectos de Buenos Aires explicó por qué esta institución se opone a la venta de los predios costeros y señaló que en la metrópolis porteña hace falta un plan urbano estratégico que hoy está ausente.

La serie de audiencias públicas por la venta de Costa Salguero avanzan con un récord de participantes y una abrumadora mayoría de voces que rechazan el proyecto del oficialismo de levantar en esos predios un complejo de viviendas, pero también exigen recuperar la relación entre el Río de la Plata y la Ciudad y sus habitantes. La de Darío López, presidente de la Sociedad Central de Arquitectos (SCA), fue una de esas voces. Pidió revertir la privatización y reclamó que cualquier decisión respecto del destino de la zona costera debe tomarse en función de un plan estratégico que, dijo, la Ciudad no tuvo en cuenta, como en tantas otras ventas de tierras públicas de los últimos años. La SCA, además, participó de la selección del proyecto original para ese sector de la costanera, que el oficialismo en la legislatura porteña terminó por modificar para habilitar el negocio inmobiliario. «Finalmente es un mal negocio, no sólo porque es caro construir un barrio en la zona, sino porque no es sustentable y se pierde una oportunidad histórica de hacer un parque público, para todos», dice en diálogo con El Grito del Sur, y explica por qué el ejemplo de otras ciudades, como Rosario o San Pablo, podría servir de inspiración para lograr un equilibrio entre la accesibilidad pública de la costa del río y los intereses privados.

 

Como presidente de la SCA, usted pidió que se revea la venta definitiva de Costa Salguero y reclamó una mayor planificación urbana. ¿En qué medida una cosa está relacionada con la otra?

En primer lugar porque, aunque suene a muletilla, cuando se vende tierra pública se pierde para siempre, y ese tipo de decisiones tan trascendentales entendemos que tienen que tomarse en un marco más estratégico, como parte de un plan urbano que hoy no está. Y además, escuchando a los vecinos, lo que tampoco se hace. Entonces se toman decisiones parciales, ventas puntuales acá y allá, que afectan para mal el diseño urbano, sin una planificación integral. Así se va cociendo una ciudad con miles de ideas separadas una de otras, con el único objetivo del negocio, que no está mal perseguir, pero se puede hacer negocios inmobiliarios encontrando un equilibrio con las necesidades de la Ciudad y de los vecinos y vecinas. Eso no sucede desde hacer por lo menos 20 años. No hay proyecto integral de Ciudad, no se planifica dónde faltan espacios verdes, dónde no se puede incrementar la densidad o cómo solucionar el hecho de que cada vez hay más inquilinos en la Ciudad y menos propietarios. Es un déficit general dentro del cual Costa Salguero y otros proyectos de privatización, como Tiro Federal, no son la excepción sino la regla.

Son varias las voces que, sin embargo, señalan que la Ciudad sí tiene un proyecto, de gentrificación, venta de tierras y construcciones de tipo ABC1, para unos pocos, para la especulación. ¿No ve en eso un modelo que puede asociarse al Pro, en estos trece años que lleva gobernando?

Eso podría decirse que es un proyecto si se quiere ideológico, pero no es un proyecto estratégico de Ciudad. Con eso me refiero a un plan que pueda usar la derecha o la izquierda o cualquiera que gobierne, pero hay un plan trazado, como sucede por ejemplo en Chile o en España, donde cambian los gobiernos pero se sigue un plan. Durante la presidencia de Cristina, cuando Macri gobernaba la Ciudad, se proyectó que se usen las parrillas ferroviarias para el plan Procrear, lo cual nos parecía acertado porque buscaba fomentar el acceso de la clase media a la propiedad, que es un bien escaso en la Ciudad. En el otro extremo, tampoco es acertado pedir parques verdes en todos lados. Hay casos como el corredor gastronómico de Donado Holmberg, en Villa Urquiza, donde el gobierno de Macri tomó un proyecto que venía de la época de Ibarra. Y hasta lo mejoró. Los vecinos, que en un principio estaban en contra del corredor, hoy están felices, hay un barrio de clase media y también se hicieron viviendas sociales donde hoy viven ex ocupantes de la zona, también hay parques y se lo obligó a los privados a construirlo y mantenerlo. Me refiero a ese tipo de cosas, a ideas rectoras. Eso mismo necesitamos para toda la Ciudad, y obviamente también para Costa Salguero.

El Gobierno porteño defiende la privatización diciendo que “es mejor que lo hay ahora”, un montón de concesiones que no rinden demasiado y que también restringen el acceso al Río. ¿Es así, es mejor?

Eso en parte es cierto, sí, la Ciudad tiene ahí un argumento. Lo que dice el Gobierno es “si ahora lo que tengo es una zona concesionada por dos pesos y que casi nadie puede entrar, ahora, con esta venta, voy a tener el 70 por ciento verde, y un 20 o un 30 construido”, entonces sí es mejor. Pero lo que no se entiende de todos modos es por qué en esa zona se pensó en edificios de viviendas privadas. ¿Para qué? Está cerca Aeroparque, quien viva ahí hipotéticamente tendrá el ruido insoportable y permanente de los aviones por ejemplo, además de que es una zona sin servicios, es carísimo construir, y complicado. El problema es que esta es la oportunidad, después de que se vencen 30 años de concesiones, para pensar otro destino posible, mejor de lo que hay sí, pero sin privatizar y que sea para la gente, no para un negocio únicamente. Porque la costanera es de todos.

LA SCA, junto a otras instituciones, participó en la selección de proyectos para el concurso de ideas de Costa Salguero y eligió al ganador, que después la legislatura usó como base pero modificado, y bastante. ¿Cómo fue ese proceso?

El cambio fundamental entre el proyecto que nosotros aprobamos y el que impulsa el Gobierno y la legislatura es que nosotros planteamos un parque con constructividad, atado o en línea al Plan Urbano Ambiental, y el proyecto que terminó quedando son viviendas privadas con un pedazo de parque. Como nuestra opinión no es vinculante, la legislatura puede hacer los cambios que quiera, pero en el proyecto original no había viviendas, había un hotel temporario y en principio varios metros de altura menos, tenía solo 3 pisos. La legislatura mejoró algunas cosas, es cierto, pero en el todo global lo empeoró absolutamente. Y fue desprolijo: por ejemplo, para determinar las alturas permitidas era necesario esperar que se pronuncie la ANAC, por el tema de los vuelos de Aeroparque, y la legislatura modificó igual sin esperar el dictamen, haciendo algunos cambios en la zonificación y pasó la constructividad al sector 5, un poco más lejos del aeropuerto. Pero aun así, el dictamen de la ANAC llegó y ahora están en problemas. Todo nos lleva de vuelta a que no hay un plan, por eso decimos, que aunque se quieran privilegiar los negocios, lo que se va hacer ni siquiera es bueno para los negocios, terminan siendo viviendas que están aisladas de la Ciudad, en una zona, como decía, que no tiene infraestructura ¿Quién va a querer vivir bajo el ruido de los aviones? Además para llegar a ese barrio tengo que atravesar el aeroparque, la autopista, la villa 31, no creo que se haga ciudad de esa manera, no hay una trama urbana integrada. No lo veo ni siquiera como un buen negocio, la Ciudad tiene mejores que este.

Fotos: Pedro Palacios

¿Qué alternativas viables hay para la zona en los términos de “buen negocio” y de accesibilidad para todos que usted plantea? Se supone que hay ejemplos de Ciudades que lo han logrado con su costa, como Rosario.

En Rosario tenemos un ejemplo en el país, para no irnos tan lejos. Me tocó trabajar a principios de los 2000 en un proyecto en Rosario para la costa y la municipalidad realmente tenía un proyecto. Rosario tiene una costa pública, de la que gente puede disfrutar, y que integró la zona norte con la sur, y además hay concesiones que funcionan, que la gente puede tomarse un café si quiere, concesiones que aportan al mantenimiento del sector público, y también hay edificios, claro, pero no en la costa sino enfrente y alrededor ¿Cómo lo hicieron? Con una buena gestión. Yo fui testigo de cómo se escuchó a los vecinos, además: no sólo en una audiencia no vinculante, sino en los clubes y teatros de barrio, donde la gente va masivamente y hace preguntas y pide cosas que después se incorporan al proyecto. Rosario hizo una cosa mixta, como decía, también hizo edificios, que son de especulación, algunos están vacíos y otros no, pero era una zona destruida que hoy es un parque, y las torres no tapan río ni se lo apropian. Y eso no era “negociable”.

¿Y fuera del país? Siempre miramos la costa de Montevideo como el ejemplo contrario de lo que es la de Buenos Aires.

Bueno, además de Uruguay, por ejemplo en Brasil, el Parque Ibirapuera es el pulmón de San Pablo y adentro la gente la va a comer, a jugar, hay un teatro, un centro cultural, bares, centros de exposiciones, es un parque público y concesionado. Las concesiones funcionan, dan servicio a la gente. Con Costa Salguero tenemos una oportunidad de única de replantear en este sentido toda la orientación de la zona, después de esperar 30 años. Yo escucharía, si fuera el Gobierno, lo que tienen para decir la gente y cientos de organizaciones que han participado de la discusión.

¿Esa posición es unánime dentro de la SCA?

Claro que no, por eso me preocupé de hablar en la audiencia desde una posición institucional y no personal. Hay colegas dentro de la SCA que están a favor del proyecto del Gobierno de la ciudad. Se discute fuertísimo. Hay quienes piensan que está muy bien el proyecto porque entienden que la tierra vacía termina en manos de unos vivos que no pagan un mango de cannon para explotarla. Es un tema para discutir largamente, democráticamente, la tierra pública es un bien no renovable, es una muletilla pero es así. Como institución, eso sí, venimos siendo muy críticos de ese proceso de venta de tierras públicas sin proyecto, como lo demuestran todas nuestras intervenciones en ese tema.

Las audiencias están por cerrar con récord de exposiciones y además, con una abrumadora mayoría que reclamó que no se vendan los predios. ¿Lo sorprendió?

Totalmente. Fue la primera vez que sentí que una audiencia pública no fue un monólogo de poca gente a la que después no se le presta atención. Hubo una amplia cobertura. Hay que agradecerle sobre todo al colectivo de arquitectas mujeres, que hicieron un gran esfuerzo en ese sentido. Creo que el tema pegó fuerte porque estaba en juego la relación del porteño con el río. También tuvo su rol la pandemia, porque favoreció que la gente le prestara mayor atención a estos temas, relacionados con lo ambiental y con la necesidad de esparcimiento y espacios verdes. En estos últimos años, salvo los organismos y las organizaciones más atentas al tema de la venta de tierras públicas, y los observatorios que están en esa lucha no había demasiado interés. La oposición estuvo dormida en estos temas o callada y no activó el debate sobre la cantidad de tierras públicas que se venden. Lo que me preocupó fue escuchar de todos modos a algunos colegas planteando que hay que dejar los terrenos como reserva o hacer solo un parque, cuando, insisto, lo que tenemos que plantear es un proyecto que lo haga sustentable. Pero esta vez fue masivo, por lo que creo que es indispensable seguir por este camino.