Ver el planeta de otra manera

Sororidad ecofeminista: otra forma de tirar para el mismo lado

El ecofeminismo es un movimiento y una corriente de pensamiento que entrecruza las luchas feministas y ecologistas. En un contexto de sobreexplotación climática, las mujeres y disidencias son en general quienes ponen el cuerpo para combatir la crisis socioambiental y del sistema de cuidados en el que nos encontramos.

Hace poco, una amiga politóloga del mundo del ambientalismo me contó un sueño que tuvo: que íbamos distintas mujeres relacionadas con el mundo de la ecología activista -ingenieras, periodistas, abogadas, campesinas, médicas, cocineras- en un mismo colectivo. Cuando se levantó, me mandó un mensaje que decía algo así: claro, ahora entiendo. Es que vamos todas para el mismo lado.

Y eso es lo que sucede con el ecofeminismo: un movimiento y una corriente de pensamiento que entrecruza las luchas feministas y ecologistas. Así es que empezamos a ver las problemáticas que nos genera vivir en un sistema de base capitalista y patriarcal, que hace siglos subordina con violencia y sobreexplotación, bajo estas miradas.

Y más allá de las diversas realidades de donde vengamos mujeres y disidencias, cuando nos ponemos las gafas ecofeministas, como bien denominan las compañeras de Taller Ecologista en Rosario, ya no podemos seguir viendo la realidad que atraviesa el planeta de otra manera.

Cambiar las bases

Y si realmente deseamos seguir habitando de manera más saludable en este planeta, tanto el feminismo como el ecologismo replantean cambiar las bases de este modelo de sobreexplotación ambiental, climático, cultural, médico, energético, hídrico y alimenticio.

Si bien nos encontramos frente a un agotamiento de organización económica, productiva y social -desde el ámbito ideológico, simbólico y cultural-, ¿quiénes le dicen basta a esta situación? A pesar de que eso no esté tan visible, suelen ser las mujeres y disidencias, en general, quienes le ponen el cuerpo a combatir esta crisis socioambiental y del sistema de cuidados en el cual nos encontramos.

Muchas veces son prácticas feministas que nacen de la cercanía de mujeres y naturaleza, al ver los efectos evidentes en la salud, como sucedió con las famosas luchas de las Asambleas de Nonogasta, en La Rioja, frente a la contaminación generada por las curtiembres y la megaminería o las Madres de Ituzaingó, en Córdoba, al ver lo que pasaba en sus casas con sus hijes, frente a la fumigación de los campos de soja transgénica con agrotóxicos.

Pilares del movimiento

Uno de los pilares que plantea el movimiento es que al ver los efectos de las personas que viven en las denominadas zonas de sacrificio, que son espacios que sufren las consecuencias en la salud de los pasivos ambientales generados por nuestro sistema de desigual de consumo, claramente no se puede reducir a monetizar todo. De esa manera, se confunde el progreso social y el bienestar con la acumulación de bienes materiales, dejando al margen el trabajo reproductivo y el costo ambiental que involucra la producción capitalista.

Y además plantea que hay que revalorizar los trabajos de cuidado, imprescindibles para el sostenimiento de la vida en los núcleos sociales como planetarios.

Sus orígenes

El ecofeminismo nació en los 70’. La palabra ecofeminismo aparece por primera vez mencionada por Françoise d’Eaubonne en 1974 en su obra «Feminismo o Muerte». Al decir de la autora: “se trata de un término nuevo para designar un saber antiguo”.

¿Quiénes toman estas banderas?

En este diálogo necesario entre la lucha feminista que plantea una recuperación y lucha de derechos de las mujeres y disidencias; con la ambiental que manifiesta un replanteo de defensa de los derechos de la naturaleza. La pregunta es: ¿quiénes toman estas banderas?

Como sucede en estos movimientos las luchas son diversas, pero podríamos encontrar algunos ejemplos en las referentas de pueblos originarios, asambleístas de diversas provincias de Argentina, el auge reciente de movimientos juveniles, y nuevas formas de socialización y organización social y económica que permiten liberarse de un desarrollo que prioriza los beneficios monetarios sobre el mantenimiento de la vida.

En resumen, las personas no somos parte de la naturaleza, sino que somos ella. Y como dijo mi amiga: varias personas somos las que vamos para el mismo lado.

 

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR:

Ley de IVE: entre el respiro y la resistencia