Carnaval en tiempos de COVID

Apretar el pomo desde casa

La tradicional fiesta popular será virtual este año. Historia de una tradición popular y rebelde, algunas recomendaciones y la mirada de Coco Romero, músico e investigador, para pensar un carnaval diferente.

Su origen se remonta a miles de años: los Carnevales, el festejo del final de la Cuaresma, las fiestas en honor a Saturno. Y si bien supieron sobrevivir a guerras, prohibiciones, dictaduras y hasta alguna pandemia, ahora, en pleno siglo XXI y al calor del COVID-19 han debido readaptarse para encajar en la nueva normalidad.

Los carnavales han tenido una larga tradición en nuestro país: de origen popular y mestizo, prohibidos por la dictadura y recuperados al calor de la democracia, la tradición de murga, redoble y platillo tiene en nuestro país un extenso historial. De hecho, en su larga historia también, y como casi todas las expresiones artísticas populares, tiene sus desaparecidos (si les interesa aquí tienen un poco de esa historia).

Este año, en plena pandemia, la ciudad de Buenos Aires suspendió las murgas presenciales: los clásicos encuentros que tenían su punto de encuentro en distintos barrios porteños, han tenido que trasladarse a la virtualidad. Y aunque gran parte de su magia se diluye con la tecnología (no habrá espuma, ni baldazos de agua, ni caravanas de trajes sudados y en caravana por la Ciudad), también contará con actividades que intentarán darle continuidad a esta tradición popular.

Coco Romero es músico e investigador del Carnaval. Trabaja en el Centro Cultural Rojas y hace más de 32 años que investiga sobre el tema. «En este carnaval tan especial, de pandemia planetaria, hemos convocado a todos los amantes del carnaval a levantar altares en todos los caminos y rincones posibles para alimentar el imaginario del carnaval y trabajar el imaginario del carnaval hacia adentro», explica consultado por este medio sobre las adaptaciones del festejo a las condiciones sanitarias actuales.

«El carnaval es una fiesta pública y nos preguntamos qué camino tomaremos para no perder lo que hemos ganado. El carnaval en Argentina tiene un atraso por tantos años de prohibición: no porque la gente no lo festejara, sino porque desde lo ámbitos oficiales el carnaval no apareció en los calendarios durante 36 años», explica Romero. «Es una mochila con la que cargamos y el reflejo de la política de este país».

Así y todo el GCBA ofrece una serie de propuestas oficiales para darle seguimiento al carnaval: una programación digital que puede verse integramente por la plataforma Vivamos Cultura. A las presentaciones de las murgas se les suma la muestra fotográfica «Memoria del Carnaval» y ua serie de murales murgueros que se realizarán en algunos puntos de la Ciudad de Buenos Aires.

«En el carnaval se pone en escena las miserias y virtudes propias de esta sociedad», sintetiza Romero. La pandemia abrió un momento de distanciamiento, podría decirse casi antagónico con el espíritu de encuentro y festividad del carnaval. Sin embargo, desde el Centro Cultural Rojas también invitan a sostener la celebración en el ámbito privado y se suman a las convocatorias del GCBA. «Es un carnaval distinto: yo soy de la idea de que hay que trabajar todas las áreas que le competen al carnaval para que, apenas se dé la oportunidad de volver a la presencialidad, salir mejores».

Será un carnaval distinto, pero desde aquí les dejamos tres recomendaciones: la música del propio Coco, la maravillosa «Agarrate Catalina»  y esta tremenda murga que descubrí hace poco «La Gran Muñeca»