Historias de amor en pandemia

El amor en tiempos del COVID

Encuentros y desencuentros. Charlas por Zoom y besos bajándose el barbijo. La pandemia dejó miles de historias de amor no convencional y en esta nota, Ludmila Ferrer compila algunos de esos relatos.

“Voy a contarles una historia de amor en tiempos de pandemia porque no todo fue una mierda durante el 2020. Al menos para nosotros dos… Un estadounidense y una argentina”. Así empieza el hilo de Twitter que se volvió viral en el que la politóloga Florencia Grillo cuenta cómo conoció a su novio, el fotoperiodista estadounidense Craig Hudson. Este domingo 14 de febrero algunes festejan el Día de los Enamorados y El Grito del Sur conversó con Florencia y con otras personas que relataron sus historias de amor (y desamor) en tiempors del COVID-19.

Florencia y Craig empezaron a hablar por Instagram después de que ella compartiera en sus historias -cuando todavía era posible- una foto que sacó él de las manifestaciones en contra del racismo en Estados Unidos después del asesinato de George Floyd. Después de muchas clases de español y citas por Zoom, la pareja se conoció personalmente en México, donde pasaron Año Nuevo. Hoy planean otros viajes y mudarse juntos a Washington a fin de 2021.

“Creo que hubo muchas historias lindas en la pandemia”, dice Florencia en diálogo con este medio. “El hecho de que no me parezca raro estar sentada frente a una pantalla un viernes a la noche y tomando un vino con alguien que está del otro lado del mundo o salir a la calle y ver gente con la cara tapada…Todo eso habla de la capacidad de adaptación que tenemos, que podemos reinventarnos y que algo bueno puede salir de todo esto”, opina.

Desayunos invernales en una plaza desierta

Constanza y Alejo se conocían hace años. Había onda. Ella lo invitó a su festejo de cumpleaños en un bar a finales de febrero de 2020. “Después yo me fui de vacaciones y empezamos a hablar casi todos los días por WhatsApp -cuenta Constanza a El Grito del Sur-. Cuando se decretó el aislamiento en marzo (a partir del 20) fue un poco mi salvación: hablábamos todos los días, nos recomendábamos series, jugábamos”.

Alejo coincide: “Nos hicimos bastante llevadera la cuarentena. Hablábamos de un montón de cosas, nos entreteníamos. Es como que no nos aburríamos nunca, siempre hacíamos algo distinto. Conversar con ella me sacaba de las preocupaciones, era como un cable a tierra”.

En julio, Alejo le propuso verse. Constanza pasó la cuarentena en la casa de sus padres, que está a diez cuadras de donde vive él, así que decidieron encontrarse en una plaza. “Me llevó un chocolate. Charlamos un rato y me acompañó cerca de casa -recuerda ella-. No sabíamos cómo saludarnos, era una situación rara, y él me dio un abrazo. Así que tomé la iniciativa, me bajé el barbijo y ahí sí nos dimos un beso”.

Las salidas siguientes también fueron al aire libre hasta que cambiaron las restricciones sanitarias. “Salíamos a desayunar. Comprábamos un café, facturas e íbamos a una plaza”, afirma Alejo. Entre el frío del invierno y el aislamiento, tenían toda la plaza para ellos.

“Conocerlo de antes me daba más confianza, no sé si hubiera salido con un desconocido en plena pandemia”, opina Constanza, mientras que Alejo señala que el aislamiento les permitió conocerse “más en profundidad”. “Quizás en otro contexto hubiésemos estado más ocupados con otras cosas. (La pandemia) es como que nos unió, pudimos transitarla juntos y pasarla bien”, agrega.

“Quiero conocerte a vos y a tu país”

Florencia dice que, al principio, con Craig hablaban de “cosas muy nerds”: historia, política, racismo, las similitudes y diferencias socioculturales entre Argentina y Estados Unidos, peronismo. “Le dije que si tanto le interesaba la política latinoamericana, le sería más fácil si aprendía español. Me contestó que no tenía tiempo y le dije ‘esta va a ser la única vez que estés tanto tiempo en tu casa’”, cuenta. Ella aprovechó la oportunidad y le  ofreció: “Yo te enseño”.

Así empezaron las clases de español por Zoom -aunque se colaban preguntas como “¿tenés novio?”- hasta que Craig dijo: “Hoy no quiero hablar español. Quiero hablar de vos y de mí”. “Me acuerdo que no quiso usar la palabra ‘nosotros’. Fue una cita espontánea”, recuerda Florencia.

Cuando Craig estaba por cumplir años, su madre contactó a Florencia para que le recomendara qué regalarle. “Di con un libro en inglés sobre los mejores lugares para fotografiar en Argentina. Se lo recomendé a la mamá y lo compró. (Craig) lo leyó en un fin de semana, le encantó. Y ahí me dijo ‘quiero conocerte a vos y a tu país’”, cuenta.

Un beso sin protocolo

“Ella trabaja en la misma escuela que yo, en el mismo curso, a veces entrábamos y salíamos a la misma hora, pero nunca nos habíamos cruzado”, enumera Santiago. A Nadia la conoció gracias al grupo de WhatsApp del curso en el que ambos enseñan.

A mediados de noviembre, Santiago necesitaba una planilla. “Le pregunté a ella por la planilla y empezamos a hablar. Dos días después me habló ella y ahí me di cuenta de que daba para seguirla porque no quería molestarla”, recuerda. Siguieron hablando hasta que él la invitó a salir.

“Nos encontramos en la entrada del bar, teníamos el barbijo bajo. Nos dimos un beso sin protocolo”, se ríe. Para Santiago, “no fue una situación rara”, aunque sabe que para algunes el uso del barbijo complejizó el momento del primer beso.

“En mi caso, tuve un 2020 de mierda, pero conocí a una persona con la que me siento bien y con la que empezamos a salir -concluye-. Creo que si no fuera por la pandemia no nos habríamos conocido, nos jugó muy a favor porque nos dio la posibilidad de vincularnos que la presencialidad no nos dio”.

Amor con fronteras

Con las restricciones en las fronteras y las medidas sanitarias, ni Argentina ni Estados Unidos eran opciones viables. De todas formas, Florencia tenía dudas: ¿cómo iba a viajar a encontrarse con un varón que no conocía y en un país que no era el suyo en medio de la pandemia?

“Le dije mis dudas y me contestó que las entendía, que no tenía problema en pasarme todos sus datos personales o en hacer un Zoom para que conociera a toda su familia e hicimos eso. Valoré mucho que accediera a compartir tiempo con su familia y conmigo”, afirma. Dos días después, compraron los pasajes a México DF.

Pandemia y desencuentro

Renata y su pareja estuvieron juntos casi cinco años y convivieron casi dos. Se conocieron mientras estudiaban, primero fueron amigos y después empezaron a salir. “No creo que nos haya separado la pandemia, pero sí nos empujó a hablar cuestiones que no nos animábamos a tratar”, afirma Renata.

La convivencia, dice, es muy difícil. “Siempre fuimos muy compañeros, pero no sé qué pasó en el medio que dejamos de ser un equipo. Estábamos desencontrados, ya no teníamos química. Siempre me divertí y en casa se fue la diversión, la complicidad. La pandemia expuso eso”, cuenta. Los dos se siguen queriendo, pero eligieron separarse.

Además de la angustia producida por la pandemia, Renata estuvo sin trabajo hasta la mitad de 2020. “Mis amigas fueron un cable a tierra, un sostén muy fuerte. Primero con videollamadas y ahora con distancia. Al no encontrar conexión con mi pareja, conseguí más el apoyo que necesitaba en mis amigas. Eso fue clave para mí”, asegura.

El encuentro

El vuelo de Craig llegó a México diez horas antes que el de Florencia. “Eran las cuatro de la mañana, no tenía Internet y el aeropuerto es enorme. Empecé a desesperarme -recuerda-. En un momento agarro wifi, ahí me llega un mensaje de él diciendo que está en el Starbucks y lo veo. Era el único alto y rubio, claramente era él”.

Al momento de saludarse, él le dio “un abrazo medio frío”. El miedo principal de Florencia era no gustarle. “El me miraba todo el tiempo y pensé ‘chau, no le gusté’. Le dije que me parecía más lindo en persona que en video y me contestó ‘vos también’. Ahí sí nos sacamos el barbijo y nos dimos un beso”, afirma.

“En el viaje en Uber se la pasó mirándome, agarrándome la mano, como si no pudiera creer que estaba ahí -cuenta Florencia-. En el departamento lloramos por todo lo que tuvimos que esperar. Pasaron ocho meses desde que empezamos a hablar hasta que nos vimos. Nos costó un montón poder viajar, las restricciones, nos cancelaron tres reservas. Yo no la pasé bien en el proceso”.

En la cena de Año Nuevo, Craig le preguntó si quería ser su novia.

“¿Vos me elegiste?”

Milena y Pancho están de vacaciones en la costa atlántica. La semana anterior a que se decretara el aislamiento, él decidió pasar esos días en la casa de ella. “Dijo ‘voy a tu casa a quedarme esa semana’ y vino con muy poca ropa, dos calzoncillos….Y ahí nos quedamos. Lo que pensamos que iban a ser 15 días resultaron ser cinco meses”, dice Milena a El Grito del Sur.

El 20 de marzo de 2020, la pareja -que llevaba saliendo cuatro meses- se sentó a hablar. “Vivo en un monoambiente, con una gata, y a eso había que sumarle la convivencia, que no íbamos a ver a amigos ni familia. El me dijo ‘tengo miedo de que nos peleemos’ y le contesté que sí, que era razonable. Pero queríamos estar con el otro y nos acompañamos en un momento de mucho miedo”, asegura ella.

Ambos trabajan como docentes y, para poder dar clases por Zoom, coordinaron sus horarios para no superponerse. “Escuchás hablar al otro, pero al menos no te gritás encima. También hicimos planes juntos: cocinar, jugar, participar de hobbies. Yo empecé a hacer macramé como para poder desconectarme. Pero fue clave tener esas actividades compartidas y que no tuvieran que ver con el trabajo”, cuenta Milena.

El balance de la convivencia es “super positivo”. “Aceleró las cosas porque era convivir 24 horas encerrados y sin ver a nadie. Creo que en cinco meses Pancho solo me vio a mí y al cajero del supermercado”, reflexiona. Pancho, además, “cocina muy bien” e hizo de las cenas un espacio para distenderse. “Si era por mí, me hacía un sandwich y chau -sostiene-. Pero él ponía música o un video de ‘Te lo resumo así nomás’, abría una cerveza”.

“Creo que la pasamos muy bien, fue un gran compañero para pasar ese momento de tanta incertidumbre, cuando todo estaba caótico. Me hizo bien que estuviera ahí, yo elegí que estuviera. ¿Vos me elegiste?”, pregunta ella. Del otro lado del teléfono, se escucha a Pancho que dice que sí.

Una novia en el fin del mundo

El hilo de Florencia no solo se hizo viral, sino que muchas personas se contactaron con ella para contarles sus historias de amor con gente que vivía en otro país, o parejas que quedaron separadas por las restricciones de vuelos internacionales durante la pandemia. “Incluso me habló una persona de Canadá que tiene un novio argentino y que se sintieron muy identificados. Terminamos haciendo una videollamada con ellos. Mucha gente grande me contó historias. Se generaron cosas muy lindas”, afirma.

Ahora Craig tiene dos viajes planificados a Argentina (si las restricciones sanitarias acompañan) y Florencia iría a Washington cerca de fin de año, mientras planifican la mudanza. “El vendría la primera semana de marzo y lo quiero llevar a conocer Bariloche y hacer la ruta de los siete lagos -cuenta-. Y después para mi cumpleaños la idea es pasarlo en Ushuaia, que le encantó. Creo que le resulta poético ir a buscar una novia al fin del mundo”.