Ciencia y economía popular

Parques de Producción Social: un modelo para armar  

El Ministerio de Ciencia busca vincularse con la economía social: desde la cartera impulsan la creación de predios donde radicar empresas sociales y promocionar su sinergia con el sector científico y tecnológico. El ejemplo de este modo de producción en el extranjero y su importancia creciente.

En 1902 un reverendo en una capilla en Boston, Estados Unidos, tuvo una idea: organizar a su congregación para recuperar muebles y ropa descartados en las áreas más pudientes de la ciudad y entrenar y contratar a los pobres o desempleados para reparar y enmendar lo recuperado. Esa iniciativa, bautizada con el nombre de Goodwill, se terminó transformando en una organización sin fines de lucro, todavía vigente. En historias tan antiguas como esa es posible rastrear los orígenes de un concepto relativamente nuevo: las empresas sociales.

Las empresas sociales son entendidas en los países de tradición anglosajona y en Europa en general como entidades cuyo objetivo es generar un impacto social en lugar de ganancias para sus titulares, para satisfacer una necesidad (como puede ser la laboral en grupos sociales desfavorecidos, por ejemplo) y/o resolver problemas sociales o ambientales. Suelen tener un fuerte anclaje en las comunidades, aunque hay casos de empresas que por su escala terminan trascendiendo sus lugares de origen.

La diferencia con otras organizaciones sin fines de lucro más tradicionales, que suelen depender principalmente de donaciones o subsidios, es que participan en el mercado; pueden ofrecer un amplio espectro de productos y servicios de interés general. De acuerdo con la diversidad de necesidades insatisfechas que pueden surgir a nivel local en diferentes países y contextos, el conjunto de servicios prestados puede incluir servicios de bienestar, salud, educativos, culturales, servicios públicos (por ejemplo, agua, gas y electricidad), entre muchos otros.

Algunas estimaciones dan cuenta del impacto que las empresas con fines sociales pueden tener en las economías nacionales. Un reporte de la Comisión Europea de 2020 indica que la economía social (que incluye a este tipo de empresas) representa cerca del 10% del PBI de la Unión Europea y ocupa a 13,6 millones de trabajadorxs (4,5% de la población económicamente activa). El número estimado de empresas sociales y su perfil varia por país, aunque en gran medida son micro y pequeñas empresas y las mujeres representan más de la mitad de la fuerza global empleada. Por dar un ejemplo, en Francia se estima que hay unas 96,600 empresas sociales que emplean a 1,187,000 personas.

Estados y gobiernos manifiestan un interés concreto y creciente en la promoción de este sector. Según la Comisión Europea “las empresas sociales contribuyen a importantes objetivos políticos, como la creación de empleo, la inclusión, la igualdad de oportunidades, la sostenibilidad y la participación cívica”. Desde 2011, año en el que se introdujo la Iniciativa de Empresas Sociales en la Unión Europea, unos 16 países miembros adoptaron legislaciones específicas en la materia y 11 crearon estrategias o políticas formales para impulsar su desarrollo.

Además de dichos objetivos, su capacidad para innovar es otra gran razón que explica el atractivo que  están despertando a nivel gubernamental. La Unión Europea esta impulsando la reconversión hacia una economía circular y sostenible a través de un set de políticas públicas. Una de ellas consiste en reforzar el Fondo Social Europeo, destinado a invertir en capital humano: capacitación en nuevos empleos, acceso al primer empleo, acceso al empleo para grupos desfavorecidos. La inversión en los próximos siete años será de 88,000 millones de euros y el foco estará puesto en acompañar esa reconversión, especialmente en las regiones, países e industrias con mayores dificultades para realizarla.

La empresa Souji en España es un caso testigo del potencial del sector social. Souji es una pequeña iniciativa que introdujo años atrás un producto que reutiliza el aceite de cocina y lo convierte en jabón. Ahora se encuentran desarrollando una máquina para reciclar aceite en grandes cantidades, destinada para comercios gastronómicos. La iniciativa fue asistida técnicamente desde el principio por Empleaverde, un programa público español que impulsa la creación de empleos “verdes” y que es co financiado por el Fondo Social Europeo.

Mientras que en Europa buscan aprovechar al máximo esa capacidad innovadora de la economía social, en Argentina el vínculo entre economía social e innovación debe ser pensado aún. Con ese fin, el Ministerio de Ciencia y Tecnología y la Asociación Civil Construcción Colectiva para el Desarrollo Comunitario exploran un proyecto de Parques de Producción Social (PPS): predios diseñados para la radicación específica de empresas sociales y la promoción de su vínculo con el sector científico y tecnológico.

Bajo el convenio firmado en diciembre se esta realizando un estudio que permita elaborar un plan orientado a la implementación del proyecto. Se busca definir a los PPS como entidad, las razones para su instalación y promoción, el tipo de actividades que se deben desarrollar dentro y cómo el ministerio se involucrará en estas. “Estamos avanzando en la agenda de producción de conocimiento para dar respuestas a la economía social. Necesitamos generar una mirada integral que nos permita articulaciones virtuosas y un mayor impacto territorial”, afirmó el secretario de Planeamiento y Políticas en Ciencia, Tecnología e Innovación del MINCyT, Diego Hurtado.

Entre los objetivos específicos figuran la relevación de iniciativas de empresas sociales a nivel nacional y experiencias a nivel internacional, la elaboración de un proyecto conceptual de PPS y su articulación con el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, la elaboración de cuatro proyectos piloto para distintos escenarios y la propuesta de una selección de empresas sociales con capacidad ocupacional a partir de los indicadores sectoriales disponibles, y la identificación y recomendación de herramientas para la constitución, consolidación y/o ampliación de los PPS.

La idea es implementar conjuntos productivos donde la ciencia, la tecnología y la innovación tengan un papel central y en los que se fortalezca la vinculación y transferencia entre el sector científico y tecnológico y las empresas sociales. El fin de estas últimas es resolver problemas sociales y/o ambientales que, en muchas ocasiones, demandan soluciones técnicas que solo el sector de ciencia y tecnología está en condiciones de proveer. Así como esas empresas pueden estar en mejores condiciones para identificar problemas y elaborar propuestas e ideas que se transformen en productos o servicios. Ciencia y tecnología y economía social, dos mundos por unir a través de los Parques de Producción Social, un modelo para armar.