Ni mucamas, ni muchachas, ni sirvientas

🧍‍♀️ A 8 años de la promulgación del Régimen Especial de Contrato Trabajo para el Personal de Casas Particulares, uno de los sectores más feminizados del mercado laboral continúa exigiendo el reconocimiento de sus derechos.

Hoy se cumplen 8 años de la promulgación del Régimen Especial de Contrato Trabajo para el Personal de Casas Particulares –Ley N° 26.844- que amplió derechos a todas las trabajadoras domésticas. Fecha que se fijó como día no laborable y pago para el sector. Y con pago doble, en caso de que se concurra a trabajar.

Previo a esta ley, durante 57 años rigió un decreto de la dictadura de Aramburu que afectaba solo a las que trabajaban más de cuatro horas por día o cuatro días a la semana para el mismo empleador. Un universo muy pequeño dentro del gremio. Entre varias “perlitas” del decreto, se podía despedir sin preaviso por razones de “injurias contra la seguridad, honor, intereses del empleador o su familia, vida honesta del empleado, deseo personal…”. Polémico.

La sanción de la ley significó un hito y reparó -en parte- una deuda del Estado con este sector. El trabajo en casas particulares es una de las principales actividades de las mujeres trabajadoras de nuestro país. Sin embargo, transcurridos ya varios años, dos de cada diez trabajadoras -76,8%- se encuentran en la informalidad.

¿Qué dice la Ley 26.844?

Esta nueva ley creó la Comisión Nacional de Trabajo en Casas Particulares, un órgano tripartito -con representantes del Estado, sindicatos y empleadorxs- que fija la escala de salarios mínimos, entre otras cuestiones. Y, además, estableció la regulación de la jornada laboral, vacaciones pagas, aguinaldo, licencias -entre ellas por maternidad, pensemos que se trata de un gremio feminizado-, indemnización por despido sin causa, pago de horas extras, recibo de sueldo, entre otras. También las trabajadoras que están registradas pueden acceder a una obra social, tener aportes jubilatorios y contar con aseguradora de riesgos del trabajo en caso de accidentes.

Hoy cualquier persona que trabaja en un domicilio -limpiando, cuidando, etc.- aunque sea 1 hora, ya puede ser registradx y gozar de estos derechos. El trámite es muy sencillo y se hace desde la web: https://casasparticulares.afip.gob.ar/default.aspx

Reconocer derechos y reivindicar el trabajo doméstico

La Asociación Civil Mujeres Unidas Migrantes y Refugiadas en Argentina (AMUMRA) tiene como lema “Ni mucamas, ni muchachas, ni sirvientas, ni domésticas. Trabajadoras de Casas Particulares”. Natividad Obeso, su presidenta,  nos cuenta que la ley significó “un reconocimiento para todas las mujeres del sector. A esas cientos y cientos de mujeres que salen de sus países en búsqueda de mejor calidad de vida y muchas veces se encuentran en situaciones de desigualdad, de sometimiento, exclusión, maltrato y discriminación”. Porque además de ser un gremio integrado mayormente por mujeres de bajos ingresos, con hijxs a cargo y que son jefas de hogar, muchas de ellas son migrantes. Según un informe del año pasado de la Dirección General de Estadísticas y Censos de la Ciudad de Buenos Aires, un 37,6% de las mujeres que trabajan con retiro -es decir, viven en su propio hogar- son migrantes internacionales.

Matilde, trabajadora en tareas de cuidado y miembro de la Asociación de Trabajadoras del Hogar y Afines (ATHA) -creada recientemente-, comenzó a participar activamente en movilizaciones y asambleas a partir del año pasado cuando se agudizaron las condiciones del sector por la crisis de la pandemia. Para ella, el 3 de abril significa una reivindicación de sus derechos y para las 1,4 millones de trabajadoras que se desempeñan en estas tareas. Estela, que trabaja hace 19 años en el rubro y pertenece a ATHA, también considera importante esta fecha por “la labor que hacemos, aunque muchos no nos tengan en cuenta. Yo estoy súper orgullosa, de los años que tengo, de este trabajo”. Efectivamente, el trabajo doméstico y de cuidados es un gran aporte a los hogares y a la economía del país. Los ritmos de productividad, la falta de conciliación entre el trabajo y el hogar, la escasez de tiempo para las tareas domésticas, la ampliación en la expectativa de vida, hace que la labor sea tan necesaria. ¿O acaso la pandemia no demostró a muchxs lo arduo que puede ser trabajar, cuidar, educar, limpiar, cocinar, todo junto al mismo tiempo en el mismo lugar?  

Es trabajo, no es ayuda

Sin embargo, el gran porcentaje de trabajadoras que se encuentran en la informalidad da cuenta de las dificultades en considerar el trabajo en casas particulares como cualquier otro sector laboral. Sin ir más lejos, hoy es un día no laborable, pero inclusive todavía para quienes están registradas les cuesta que sus empleadores respeten ese derecho. Estela cuenta que siempre trabajó el 3 de abril y nunca le pagaron doble, nos comenta: “nunca me dijeron ´hoy es tu día´. Nunca. Aún en este momento no le están dando la importancia que tendría que tener esta fecha, como las que tienen otros rubros. Esta labor que nosotras tenemos jamás fue sacada al aire”.

Hace unos días, la Oficina de País de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para la Argentina impulsó una campaña junto a los principales sindicatos de trabajadoras del país y el sindicato de amas de casa, con la consigna #EsTrabajoNoEsAyuda.  El objetivo es visibilizar la importancia del trabajo doméstico, apuntando a concientizar a empleadores y dar a conocer sus derechos a las trabajadoras en el contexto de la pandemia. Para eso, crearon una página –https://www.ilo.org/legacy/spanish/argentina/trabajo-domestico/index.html– donde hay información sobre trabajo y seguridad, remuneración y derechos laborales. Además, unos videos destinados a trabajadoras y empleadorxs, que muestran que el trabajo doméstico es tan importante como cualquier otro.

El sector de trabajo en casas particulares fue uno de los sectores laborales más afectados por la crisis económica y sanitaria causada por la Covid-19. Despidos, falta de pagos o demora, reducción de salario u horas, cambios de categoría, fueros los principales problemas que padecieron. Una situación que se cimentó sobre desigualdades que vienen de larga data. Pero, a su vez, esta crisis generó la necesidad de crear o reforzar espacios de participación colectiva. Durante el 2020 y lo que va de este año, desde diferentes espacios se realizaron charlas, campañas, asambleas y movilizaciones. Estas últimas lograron que se reúna la Comisión y se aumente la escala mínima salarial.

Como señala Natividad, “a partir de la sanción de la ley empezó la visibilización de las trabajadoras de casas particulares. Ahora debemos seguir caminando organizadas para que por fin puedan ser reconocidas como sujetas de derechos”. Es que aún falta mucho para este colectivo desvalorizado e invisibilizado. Es preciso fomentar campañas de registración, sensibilización y control, mejora de salarios, que tengan seguro de desempleo, reconocimiento de antigüedad, garantizar el acceso a la cobertura de salud de la trabajadora y su familia, entre otras cuestiones.   

Sin su trabajo, muchxs otrxs no pueden salir a trabajar, estudiar, ser cuidados, participar políticamente, tener momentos de ocio y un largo etcétera. Reconocer derechos a las trabajadoras domésticas es un deber que tenemos como sociedad. En este día y cada día.   

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Veronica Casas

Antropóloga social (UBA). Es becaria doctoral en el CONICET y docente en la UBA. Investiga temas de géneros y trabajo, específicamente sobre trabajos de cuidado remunerados.