Cuando el trabajo es crear trabajo

馃懛鈥嶁檧锔忦煈稢ooperativas de la construcci贸n, de la agricultura familiar y tantas otras ramas crecen, son econ贸micamente sustentables y generan comunidad. Mientras esperan a que los gobiernos apuesten, en serio, a darle la escala que se merece al sector.

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Tener trabajo es el sue帽o de muchos y el castigo de pocos. Un bien escaso y disputado, por el que se pide (驴y se paga?) cualquier precio.

En la Argentina lo sabemos bien. Navegar en la falta de trabajo es nuestra experiencia com煤n, la que define los 煤ltimos 25 a帽os. Y no es f谩cil aceptarlo. Si los hijos de la clase media se hiperprofesionalizaron, postergaron su entrada al mundo del trabajo, pasaron por la picadora de carne de las pasant铆as y el empleo informal o so帽aron con tomarse el buque 鈥攗na ambici贸n que tambi茅n parece de otro siglo, con la pandemia鈥, a los sectores populares no les qued贸 otra que cargarse tempranamente con un trabajo m谩s: el trabajo de crear trabajo.

En esta nota se habla de esos nuevos trabajos, construidos a fuerza de organizaci贸n social, en una acumulaci贸n que lleva ya dos d茅cadas. Se ver谩 que funcionan, que son econ贸micamente sostenibles, que generan beneficios a la comunidad. Y llevan a una pregunta obvia: 驴Cu谩nto falta para que un gobierno les d茅 escala?

1 – El modelo de las cooperativas de construcci贸n

La urbanizaci贸n de los asentamientos y villas es un modelo probado para la creaci贸n de trabajo. Veamos el ejemplo:

En el barrio Bicentenario, de La Matanza, la cooperativa Construir Trabajo est谩 haciendo conexiones intradomiciliarias de agua potable, como parte de un programa de la Secretar铆a de Integraci贸n Socio Urbana, del Ministerio de Desarrollo Social. El coordinador de la cooperativa, Gast贸n Reyes, cuenta que los alba帽iles y plomeros que, como 茅l,  est谩n instalando los tanques y canillas del barrio,  fueron durante a帽os changarines y jornaleros sueltos. En 2018 se armaron como cooperativa dentro del MTE.

Sus puestos de trabajo nacieron de una sucesi贸n de luchas colectivas. En 2016, durante el gobierno de Mauricio Macri, las organizaciones sociales consiguieron que el Estado realizara un primer relevamiento de las villas y asentamientos existentes en el pa铆s. En 2017 lograron la creaci贸n del Registro de Barrios Populares. Al a帽o siguiente, obtuvieron la sanci贸n de la ley que comprometi贸 al Estado a urbanizar los barrios. A Macri, sin embargo, se le termin贸 el mandato sin haber hecho una obra. En los 煤ltimos d铆as de su gesti贸n reglament贸  la ley, aunque omiti贸 asignarle  fondos.

En 2020, el gobierno de Alberto Fern谩ndez retom贸 el tema y destin贸 parte del impuesto a la compra de d贸lares a un fondo para urbanizaci贸n (luego lo repetir铆a con el aporte de las grandes fortunas). Con todo listo, pas贸 casi un a帽o -y el desplazamiento de una ministra- para que las obras finalmente se empezaran a hacer. Por ley, el 25 por ciento debe estar a cargo de cooperativas, y as铆 fue como los 22 integrantes de la Construir volvieron a tener trabajo.

El cambio que m谩s valoran es la continuidad. 鈥淎l firmar un convenio peleamos tambi茅n  por recuperar derechos laborales鈥, dice Reyes. Los enumera: 鈥淭rabajamos de lunes a viernes, tenemos ART, ropa de trabajo, elementos de seguridad y obra social鈥. La comida est谩 incluida en los gastos de obra, y un colectivo los trae y lleva de regreso.

Sus salarios son tres veces m谩s altos que un programa de empleo. Est谩n casi a la altura de lo que pagan las empresas de la construcci贸n en el sector privado, con  el convenio de UOCRA. En algunas obras hay cooperativas que  consiguieron sumar, al sueldo b谩sico, un salario social, lo que signific贸 otro empuj贸n, que todav铆a no es regla, para achicar la distancia con los sueldos de mercado. 

Y un dato final: si terminan el proyecto antes de lo previsto, en esta cooperativa al excedente lo reparten entre todos, distribuy茅ndolo de manera proporcional a las horas que cada uno haya hecho.

El entrevistado cumpli贸 los 31 a帽os. Cuando era un ni帽o, all谩 por los a帽os 鈥99, 2000, 2001, acompa帽aba a su mam谩 a los cortes de la Ruta 3 y Cristian铆a, en el coraz贸n de La Matanza. De aquellas hist贸ricas protestas piqueteras menciona, como el dato m谩s significativo, que 鈥渃onsegu铆amos, como mucho, un bols贸n de comida鈥.

Hoy, adem谩s del trabajo de la obra, la cooperativa trata de organizar a los vecinos. Los  llama a asambleas para informarles sobre el avance de las obras y definir colectivamente qu茅 otras mejoras son consideradas prioritarias. Y les proponen que las tareas que van surgiendo en torno a la urbanizaci贸n -por ejemplo, encargarse de preparar los almuerzos de los trabajadores, que qued贸 a cargo de vecinas del lugar- se hagan cooperativamente.

Para Reyes, la militancia no es un elemento secundario, que puedan separarse del trabajo de la econom铆a popular, sino una precondici贸n para que exista. Sumar organizaci贸n es parte de este modelo de creaci贸n de trabajo. Que, por cierto, en estos d铆as vuelve a tener dificultades para avanzar al ritmo y con el volumen de obras prometido. S贸lo en el MTE de la Matanza, otros 900 trabajadores demandan entrar al programa de mejoramiento de los barrios.

2 – La UTT y las colonias agroecol贸gicas

La primera colonia agroecol贸gica de la Uni贸n de los Trabajadores de la Tierra, ubicada en Luj谩n, cumpli贸 seis a帽os este 20 de abril.

Est谩 instalada sobre 84 hect谩reas de lo que eran antiguas tierras improductivas del Estado. All铆 40 familias, antes despojadas de todo, producen verduras agroecol贸gicas.

Desde que entraron a cultivar la tierra, en la colonia no perdieron ning煤n puesto de trabajo. Por el contrario, estuvieron siempre en crecimiento. Abrieron un almac茅n rural, un centro de comercializaci贸n de hortalizas y ampliaron su llegada con un sistema de nodos de consumo.  En estos d铆as construyen una biof谩brica y una plantinera. Gestionaron la apertura de una escuela primaria y un colegio secundario para sus trabajadores y cualquier otra familia interesada.

La UTT  pudo  instalarse positivamente en el imaginario social. Es una excepci贸n a la regla , ya que nadie se animar铆a a endilgarles que son vagos, que viven a costa del estado,  que arruinan la cultura del trabajo o que 鈥渢rabajan de ir a las marchas鈥.   Pero vale saber que a su modelo le cost贸 brotar.  

El principal problema de los productores es el precio de la tierra. En el caso de esta colonia, en 2014 la organizaci贸n tuvo que hacer un acampe en la autopista Buenos Aires- La Plata, despu茅s de un c煤mulo de marchas y cortes, con el que consigui贸 abrir una negociaci贸n con funcionarios de los gobiernos nacional  (Cristina Kirchner estaba en su segundo mandato) y la provincia de Buenos Aires ( a cargo entonces por Daniel Scioli). Por estas v铆as  les ofrecieron los predios de Luj谩n. aunque luego  pas贸 todo un a帽o de gestiones sin que los autorizaran a ingresar. La organizaci贸n resolvi贸 entonces ocupar las tierras, en las que permanecen hasta el d铆a de hoy. En los 煤ltimos d铆as de 2015, con Mauricio Macri prepar谩ndose para asumir en la Rosada, les otorgaron un permiso provisorio. Hoy tienen  un acuerdo de uso con la Administraci贸n de Bienes del Estado, por 15 a帽os.

La UTT cre贸 m谩s tarde otras seis colonias sobre tierras fiscales. Ya nadie duda de la f贸rmula. Con la pandemia, adem谩s, se hizo muy clara la utilidad de este tipo de modelo para descomprimir a las grandes ciudades.

Sin embargo, en el Congreso sigue esperando tratamiento el proyecto de Procrear Rural. La propuesta apunta a crear cr茅ditos blandos para las familias de agricultores y armar, con parte de los lotes fiscales en desuso, un banco de tierras. Se podr铆a pasar as铆, de las actuales experiencias empujadas a pulm贸n, a una pol铆tica de mayor alcance.  El proyecto fue presentado en 2016, en 2018 y tambi茅n en 2020.

3. Las comercializadoras populares

El caso del Mecopo viene bien para hablar de un gran tema de preocupaci贸n en los movimientos sociales: c贸mo darle un uso productivo a los programas de asistencia. Y esto es pensar en el milagro de la multiplicaci贸n de los panes y los peces. Porque los montos de los planes son bajos, menos que un salario de subsistencia. Los creditos para la economia popular son micro. Las compras del estado al sector, inestables. Y aun as铆, la cuesti贸n que se han planteado durante las 煤ltimas tres d茅cadas  las organizaciones es  c贸mo producir.

El Mecopo es una comercializadora alternativa. Cuando fue creada,  hace cinco a帽os, su primera venta fue un bols贸n con 4 productos -verduras agroecol贸gicas y otros alimentos cooperativos- adquirido entre amigos y conocidos del Frente Dar铆o Santill谩n. Trataban, b谩sicamente, de darle respuesta al cuello de botella de la comercializaci贸n, porque la falta de canales de venta mataba sus mejores emprendimientos productivos.

Agustin Navarro organiza hoy los env铆os a domicilio del Mecopo. Un antiguo edificio frente a una estaci贸n de trenes en Barracas -el bar donde Pino Solanas film贸 Sur- es la central operativa de la comercializadora.  En las estanter铆as hay alimentos de todo tipo, productos de limpieza y de tocador, vinos y cervezas, juguetes -bienes para consumo familiar-. 鈥淭odo viene de productores cooperativos, de la agricultura campesina y de peque帽as empresas familiares de distintos puntos del pa铆s鈥, cuenta Navarro.

Durante mucho tiempo llegaron a un c铆rculo reducido. Pero desde que empez贸 la pandemia, las ventas subieron por encima de toda previsi贸n. Los pedidos de env铆os a domicilio se cuadruplicaron. Y en la red de almacenes populares que la organizaci贸n tiene en villas y asentamientos, pasaron a vender el  doble.

Eso oblig贸 a los productores a aumentar sus vol煤menes.   Y ac谩 viene el uso interesante de los recursos. El Mecopo tom贸 una l铆nea de  microcr茅ditos -una herramienta prove铆da por Desarrollo Social- y los orient贸 a los productores que deb铆an agrandarse. 

鈥淭enemos una relaci贸n cercana con los productores; sabemos si tal empresa familiar de Mendoza necesita una m谩quina, o si  una cooperativa debe hacer una  inversi贸n. Les prestamos lo que necesiten, sin inter茅s y con la facilidad de que productor pueda devolver el cr茅dito con mercader铆a鈥. El  fondo es rotativo, de manera que a medida que se va pagando un pr茅stamo, el dinero vuelve a la cuenta para ser ofrecido a otro productor.

Otro uso de los programas de asistencia tiene una potencia todavia poco aprovechada. El Mecopo ha equipado a sus almacenes populares, ubicados una docena de barrios con altos 铆ndice de exclusi贸n de CABA y el Gran Buenos Aires, dotando a los locales de  postnets que aceptan la tarjeta Alimentar. Esto marca una diferencia con respecto al uso 鈥渘atural鈥 de esa asistencia alimentaria, que termina mayoritariamente siendo gastada en los supermercados y comercios tradicionales y, por esta v铆a, yendo a las grandes empresas de la alimentaci贸n. Parad贸jicamente, el esfuerzo del estado para paliar la crisis por la suba de los precios de los alimentos  vuelve a quienes motorizan sus aumentos.

Investigadores de la econom铆a popular, como Alex Roig, advierten que no s贸lo hay  que prestarle atenci贸n a la falta de empleo. 鈥淓l capitalismo sum贸 m煤ltiples modos de disimular el proceso de explotaci贸n: acumula m谩s all谩 del trabajo鈥, dice el soci贸logo especializado en la econom铆a de los abajo.

Para entenderlo, Roig propone comparar a un trabajador formal con uno de la econom铆a popular. 鈥淯n trabajador de la econom铆a popular paga tasas de inter茅s m谩s altas si pide dinero prestado (acudiendo a prestamistas), recibe una paga menor por un trabajo equivalente, (como los cartoneros vs. los recolectores de basura), est谩 atravesado por impuestos m谩s regresivos  (el IVA, en la compra de alimentos, que es el principal gasto de quienes menos ganan)  est谩 sometido de manera m谩s cruda a los intermediarios comerciales. Y todo lo paga con trabajo鈥.

Por eso, en la  econom铆a popular se帽alan que no alcanza con producir. Hacen falta, adem谩s pol铆ticas, que recompongan m煤ltiples derechos laborales que  nuestro sistema de protecci贸n social asoci贸  al empleo, pero no al trabajo.

Roig cree que uno de los logros de la econom铆a popular fue poder diferenciar esos dos conceptos,  trabajo y empleo, que muchos todav铆a consideran sin贸nimos. 鈥淎unque haya crisis de empleo, la realidad es que las personas trabajan para sobrevivir. Y muchas veces lo hacen m谩s que las 8 horas diarias de un trabajador formal鈥.

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