“El posparto es muy solitario en la Argentina”

👩‍🍼 En el día de la salud mental perinatal, El Grito del Sur habló con militantes y especialistas en la materia sobre depresión posparto, un tema del que poco se dice.

Dos de cada diez mujeres embarazadas o con bebés de hasta un año presentan depresión, ansiedad o trastornos del ánimo y el 75% no recibe el diagnóstico ni el tratamiento adecuado. Sin embargo, poco se muestra al respecto en el imaginario de pañales super absorbentes y cochecitos con dibujos animados que rodean la maternidad. Históricamente, la figura de la madre estuvo ligada a la dulzura, la pureza y la abnegación. Mientras el instinto materno fue ponderado por la sociedad burguesa, el malestar físico, el cambio hormonal, el costo económico y el desgaste psicológico que conlleva gestar, parir, y cuidar quedó oculto, entendido como sacrificio necesario que se debía atravesar estoica, sonriente y, en el mejor de los casos, con la menor ayuda posible. 

Si bien con el paso del tiempo y el avance de los feminismos muchos de los mitos sobre la maternidad se han ido desarmando, los trastornos perinatales del ánimo siguen siendo un tema tabú. La falta de espacios de diálogo no solo aumenta la desinformación, generando estigma, culpa y silencio, sino que funciona como una mordaza moral aislando a quienes la padecen. Para romper este cerco de silencio, en el año 2016 un grupo de organismos internacionales instituyó el primer miércoles de mayo de cada año como “Día Mundial de la Salud Mental Perinatal”.

Analía Sierra sufrió depresión post parto hace 13 años, luego de tener a su primer hijo. Debido al desconocimiento, debió transitar un largo peregrinar por el sistema médico hasta dar con el tratamiento adecuado. Luego de sufrir esta experiencia, ante la ausencia de referentes locales, la joven decidió ponerse en contacto con agrupaciones del extranjero y cuatro años después logró crear Materna, una ONG donde junto con psicólogues, psiquiatras y otras madres voluntarias hacen acompañamientos, dan apoyo entre pares, contestan guardias telefónicas y, según la gravedad del caso, derivan con profesionales. 

“Nadie habla de que el puerperio es muy difícil. La sociedad tiene un discurso tan idealizado sobre la maternidad que cuando te chocás con que te tenés que dejar de lado, porque esa es la realidad, la persona no se encuentra. Hay un quiebre que no se da solo físicamente con el parto, sino anímicamente y eso no te lo cuentan. Es muy desgastante porque estás todos los días salvándole la vida a un bebé que depende de vos”, asegura Sierra, quien trabaja de acompañante terapéutica posparto. “No hay madre que no tenga culpa y sentimientos ambivalentes. Lo que pasa es que, de ese total, hay un 80% de los casos donde la sensación es propia de la etapa de la vida y se va sola, y un 20% que llega a depresión y necesita seguimiento profesional. Estos conflictos son multifactoriales porque todo lo que tenemos internalizado incide. El peso del mandato es muy fuerte, se supone que todo va a ser instintivo, que por ser mujer vas a saber cómo resolverlo y eso no es así y no tiene nada de malo”, agrega.

A diferencia del baby blue o la tristeza posparto, un trastorno adaptativo relacionado a los cambios hormonales que decrece naturalmente a las dos o tres semanas, la depresión posparto no se resuelve espontáneamente y precisa un tratamiento interdisciplinario. Estos casos pueden agravarse frente a factores socioambientales (violencia de género, crisis de pareja, falta de contención) o si la persona cuenta con un cuadro depresivo de base. Sin embargo, por el peso de la mirada externa o por miedo a que les quiten las tenencias, muchas deciden no contarlo. Esta coyuntura deriva en que los trastornos del ánimo perinatal sean las complicaciones obstétricas más subdiagnosticadas.

“Si bien es cierto que comparte síntomas con depresiones en otro momento del ciclo vital, en la depresión perinatal aparece la figura de la buena madre y la presión por las expectativas sociales, las representaciones, los estereotipos. La mujer se siente fuera de todos los grupos de madres porque piensa: ¿a quién le voy a decir que la estoy pasando mal en un momento de la vida cuando debería estar feliz? Es como si se horadara la eficacia, aparecen reproches, culpas, vergüenzas ligadas a lo que va a venir y esto se vuelve sumamente difícil, especialmente si no hay un entorno capaz de contenerla”,  explica Natalia Liguori, psicóloga perinatal, directora de Impronta Perinatal e integrante de Dando a Luz. “A esto se suma la dificultad en el tratamiento, porque aún son muy pocas las instituciones que cuentan con psicólogos con formación específica. La psicología perinatal -reconocida como tal- tiene a lo sumo 5 años, entonces pocas veces se encuentran especialistas en los equipos interdisciplinarios”.

En su ensayo “Sonreí”, la filósofa Sara Ahmed trae la noción de “afectos inapropiados” de Arlie Hochschild para nombrar la brecha entre el sentimiento ideal que supone una situación y la sensación real que despierta en la persona. Para ilustrarlo, Ahmed toma el ejemplo de una novia que no se siente feliz el día de su boda. “La capacidad de salvar el día depende de que la novia sea capaz de afectarse de forma correcta o al menos de persuadir a otrxs de que está afectada de forma correcta”, explica la teórica. Mientras la felicidad continúa en cuanto los demás crean la impostura, si no llega a cerrar la brecha la novia sentirá una decepción de sí misma que puede involucrar “una narrativa ansiosa de autoduda (¿por qué esto no me hace feliz, qué anda mal en mi?), o una narrativa de rabia contra el mundo que eleva algunas cosas a lo que está bien”. La descripción que hace Ahmed de la boda puede trasladarse a la maternidad, donde el salto de la expectativa a la realidad puede resultar en una caída estrepitosa si no se cuenta con las estrategias adecuadas.

“Para muchas es difícil poder soportar estar todo el día solas con su bebe, desesperándose ante cada llanto. Pueden aparecer pensamientos de lastimarlos, que muchas veces solo quedan en ideas intrusivas, pero generan mucha culpa”, asegura Natalia. “Si no estás sonriendo junto a tu hijo algo está mal en vos y lo primero que aparece no es la idea de buscar ayuda sino de juzgar a la otra. Por eso, que existan grupos donde las mujeres puedan hablar entre sí resulta una gran herramienta, una luz al final del túnel”.

Si bien los infanticidios durante los primeros meses de vida pueden darse en el contexto de una depresión grave o de una psicosis puerperal, estos casos son los menos frecuentes, ya que el 4% de las madres que llegan a un estado de psicosis generalmente tienen psicopatologías previas y es fácilmente detectable. En ese sentido, Analía advierte que el peligro está en el grueso que convive con la angustia, de la cual no se habla porque contribuye a construir la figura de madre desviada e irracional, funcional al patriarcado. “El posparto en Argentina es totalmente solitario, vos te vas con un bebé y nadie se fija si realmente estás bien para cuidarlo. Las mujeres muchas veces arrastran estos problemas en sus vínculos durante años. Lo que llega a los medios son los casos extremos que sirven para estigmatizar a las mujeres, pero no se aborda la cuestión de manera seria”. 

“Los profesionales de la salud debemos estar el doble de atentos para detectar estos padecimientos. Es importante que haya una contención precoz y oportuna porque estos trastornos impactan en toda la concepción familiar. Puede afectar la relación de la madre con el bebé, con la pareja, con ella misma. También está el tema de la diferencia de clase, porque en las instituciones públicas hay muy pocos profesionales, lo que hace que muches tengan que volcarse al sistema privado. Nosotres ofrecemos guardias gratuitas, pero si tenés que iniciar un tratamiento psicoterapéutico ya no lo es y se vuelve muy expulsivo”, añade la psicóloga que se dedica a difundir estos conceptos en las redes sociales.

Desde 2019, la primera semana de mayo Materna organiza diferentes actividades para visibilizar la problemática que este año, por cuestiones sanitarias, se transmitirán a través de su canal de YouTube. En este marco, las militantes aprovechan para enfatizar en que el Estado es el principal deudor a la hora de pensar la salud perinatal en forma integral. Por eso el año pasado asesoraron a la diputada nacional Adriana Cáceres en la creación de un proyecto de ley para que se incluya dentro del Plan Médico Obligatorio los cuidados de la salud mental de las personas gestantes y los neonatos. “Necesitamos que se protocolicen los cuidados y se trabaje en prevención. No puede ser que una madre tenga tantos controles físicos y no tengas una obstetra que te pregunte cómo te sentís”, enfatiza Analía, y aclara que la prevención puede comenzar con unas pocas preguntas en la visita al pediatra. “Prevenir no es difícil ni requiere mucha inversión, tiene que ver con capacitar a los profesionales. Lo único que debería costear el Estado, y de lo que no se hace cargo, es del tratamiento, pero si no hacés esa inversión en salud mental vas a terminar gastando más en los problemas que tenga la mamá o el bebé cuando crezca. El ser humano tiene que estar conectado con lo anímico, necesitamos cuidar a la díada madre-bebé en todos sus aspectos y entender que los trastornos del ánimo perinatales tienen una dimensión biopsicosocial”, concluye. 

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Dalia Cybel

Escribo y edito sobre géneros en El Grito del Sur. Alguna vez fui historiadora del arte, ahora intento ser Maestranda en Estudios y Políticas de Género. Tengo un newsletter con nombre de dibujito animado. Mi superpoder es tener siempre los labios pintados.
@orquidiarios