Bisexualidades y la disputa por ser más que una letra en la bandera

💜 En el último día del Mes del Orgullo, El Grito del Sur conversó con activistas bisexuales acerca de la construcción de sus identidades, la lucha por el reconocimiento dentro y fuera del movimiento LGBTTTIQA+ y los prejuicios a los que se enfrenta a diario este colectivo.

En los últimos años, numerosas identidades y orientaciones de género han peleado por su visibilización y reconocimiento, principalmente del Estado, pero también del conjunto de la sociedad, una acción clave para avanzar en el camino de la ampliación de derechos y reducir los niveles de discriminación y violencia. El colectivo de las bisexualidades es uno de ellos y es uno de los que, además, ha tenido que dar la pelea por BIsibilización incluso dentro del movimiento LGBTTTIQA+. Muches bisexuales plantean como una problemática la «rendida de cuentas» y la catarata de explicaciones que tienen que poner sobre la mesa a la hora de asumirse bisexuales frente a otras personas, sumado a que deben soportar una serie de prejuicios y estigmas asociados a su orientación como que «están confundides» o en «transición» hacia otra identidad de género. En el marco del mes del Orgullo, Brune Alzogaray y Malena Correa conversaron con El Grito del Sur sobre estos puntos y plantearon también una serie de reivindicaciones y demandas del colectivo de las bisexualidades.

Para empezar por el principio, quizás lo mejor sea definir entonces qué es la bisexualidad. El Manifiesto Bisexual de 1990 plantea que «la bisexualidad es una identidad completa y fluida». «No asumimos que la naturaleza de la bisexualidad sea binarista o duogama: que tengamos ¨dos¨ lados o que tengamos que estar con los dos géneros para ser humanos realizados. Es más, no asumas que sólo hay dos géneros. No confundas nuestra fluidez por confusión, irresponsabilidad, por la incapacidad de comprometerse. No equipares la promiscuidad, la infidelidad o las prácticas de sexo no seguro con la bisexualidad. Esas son características humanas que traspasan las orientaciones sexuales. Nada debería ser supuesto sobre la orientación sexual de cualquiera, incluida la propia», sostiene el escrito.

Malena Correa tiene 44 años, es integrante del colectivo Bisexualidades Feministas y es una de las escritoras del libro homónimo. Para ella, la bisexualidad «es una forma de vivir el deseo que se opone a la mononorma y a la heteronorma». «Creemos en el deseo como algo fluctuante, no como algo estable ni definido», dice.

Brune Alzogaray, activista de 22 años, militante de Bisagra Bisexual y estudiante de Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, se suma también a esta construcción colectiva de aquello que se entiende por bisexualidad y expone: «Tenemos varios caminos para responder a esto, porque somos bisexuales y no pensamos estas cosas como respuestas cerradas ni absolutas. En primer lugar, es necesario comprender que no nos gusta encasillarnos. Sabemos que es necesario generar herramientas discursivas que sean más amigables y accesibles, por lo que tenemos una respuesta para esa pregunta y es que la bisexualidad sería la orientación en términos sexuales, afectivos y la forma de vivenciar los vínculos, siendo atraídes por personas de un género similar, igual o diferente al nuestro». «Esta atracción puede ser en distintos momentos de la vida hacia distintos géneros, no hay una lógica fija. Siempre decimos que hay tantas bisexualidades como personas bisexuales», agrega.

Brune destaca positivamente, además, que «lo estable de la bisexualidad es que no es cerrada». «Una vez que vos decís ‘bueno, soy bisexual’, podés relacionarte con quienes quieras, de las formas que quieras, puede variar un montón de veces y lo único estable es que tu deseo es fluido. Es como una pequeña intersección donde la estabilidad es lo fluido y eso abre muchas puertas», resume.

Pero no todo se resuelve con una definición de manual. Los problemas aparecen, y por montones, cuando llegan cuestionamientos o preguntas acerca de sus identidades. Hay quienes acusan a las personas bisexuales de estar confundidas o en un estadio intermedio en el que dudan entre seguir siendo pakis o ser homosexuales. ¿Por qué? «En la sociedad, todo lo que no sea predecible produce cierto temor y el deseo bisexual no es predecible. Alguien no puede saber qué objeto de deseo -por decirlo de alguna manera- tendría alguien bisexual. Eso incomoda mucho y genera esta idea de que falta decidirte», expone Correa como primera hipótesis. «En realidad no te falta decidirte, lo que te falta es ser libre de vivir el deseo como lo quieras vivir. Puede haber gente en parejas monogámicas, en parejas heterosexuales, lésbicas o gays, que pueden ser bisexuales de todas formas. Porque no se habla de un momento, sino de cómo se piensa el deseo. Nos gusta pensarlo más como una frontera donde nos paramos, donde hay mucho devenir, hay fluctuación y hay más libertad», responde frente a estos discursos que buscan poner en duda la identidad de aquellos, aquellas y aquelles que se autoperciben como bisexuales.

«Pensando en las identidades sexuales nosotres decimos que no estamos confundides, elegimos ser ese «entre», y teniendo que vernos forzades a buscar un lugar fijo y estable, nos parece recontra potente que nuestra estabilidad sea la fluidez. Es como haber encontrado un margen, un vacío en la letra chica del contrato social para decir ‘bueno, sí, esta es mi identidad, es súper estable, no voy a dejar de ser bisexual nunca y dentro de eso puedo ser un montón de cosas’. Es un poco hacerle trampa al sistema y nos encanta», suma el joven activista de 22 años. «La persona que está planteando esa confusión es la que verdaderamente está confundida, quizás por el desconocimiento o el prejuicio, y quizás una vida cerrada a siempre tener que elegir entre A y B. Nosotres somos como el «y también»: también esto y también lo otro», refuerza entre risas.

Ahora bien, muchos de estos planteos vienen por parte de sectores conservadores, reaccionaries o, en última instancia, por personas cis que no comprenden -o no quieren comprender- lo que representa la bisexualidad. Pero esto no es lo único a lo que se enfrentan las bisexualidades. También deben trabajar con sus compañeres lesbianas, gays, marikas, travestis, trans, queers, asexuales, pansexuales, entre otras identidades del colectivo de las diversidades, para poder ser reconocides dentro de un movimiento que integran, «un movimiento que tiene un montón de años y un montón de cuerpos de activistas en las calles desde la Revuelta de Stonewall». «Fueron bisexuales también quienes incentivaron los disturbios y estuvieron en la primera línea, no es que estamos retomando ahora esta forma de nombrarnos, sino que tiene un montón de historia material y concreta de personas y cuerpos que estuvieron ahí (en Stonewall) y eran bisexuales», resalta Brune.

Malena cuenta también que, por su recorrido y sus propias vivencias, ha tenido que soportar o ser testigo de que algunas identidades, principalmente lesbianas, cuestionaran su sexualidad o acusaran a otras mujeres bisexuales de «ser traidoras», de «dormir con el enemigo», y expresiones similares. Lo mismo cuenta Brune y lo mismo podrían contar numeroses activistas y militantes bisexuales que dan hace tiempo esta batalla por la BIsivilización. «Causa mucho dolor y es muy difícil, porque a veces en un ambiente lesbofeminista sí se acepta que seas bisexual si tenés prácticas, comportamientos y circulás de cierta manera que es considerada como ‘lesbiana’, pero cuando se rompe con eso para verdaderamente vivir la bisexualidad, se generan conflictos», describe Malena preocupada.

En este sentido, Brune añade: «Hace poco, cuando se realizó el censo de la Federación Argentina LGBT, que tiene la B en mayúscula en su nombre, no incluyeron a las identidades bisexuales en las preguntas de la encuesta. Estas son cosas que han pasado en los últimos años y que nos perjudican en la posible planificación de políticas públicas. Y estas pequeñas cosas terminan afectándonos en cosas mucho más grandes, porque si el mismo activismo, que es el que está reclamando por nuestros derechos, no contempla a las personas bisexuales o no se nos incluye en las mesas de debate, después lógicamente quedamos por fuera de cualquier reivindicación que se pueda conseguir».

Las anécdotas y ejemplos podrían continuar infinitamente y mencionar, por ejemplo, que aún al día de hoy les bisexuales deben andar dando cuenta de cómo viven su sexualidad cada vez que salen a tomar una birra, sea un bar cis o del ambiente LGBTTTIQA+. ¿Es necesario que en esta coyuntura, con la ampliación de derechos sostenida que ha ubicado a la Argentina a la vanguardia de estas políticas en la región, se siga socavando las identidades de las personas? ¿No es momento ya de dar vuelta la página y empezar a escribir la historia de manera inclusiva y equitativa, nombrando a todas y cada una de las identidades que existen?

Malena ve con buenos ojos no sólo que estas situaciones de incomodidad, dentro y fuera del colectivo LGBTTTIQA+, sean cada vez menos frecuentes, sino también (y fundamentalmente) que les jóvenes -criades y crecides en una Argentina un poco más justa y diversa que algunas décadas atrás- hoy puedan animarse a vivir más libremente su sexualidad. Pero para vivir y expresar de manera plena y segura las identidades y orientaciones de género, no alcanza solo con confianza y orgullo propio, sino que es necesario seguir construyendo mayores pisos de igualdad y allanando el camino para que las generaciones futuras puedan transitar sus vidas de una manera un poquito más libre.

¿Cómo puede construirse ese escenario social? Con una educación sexual integral que incluya la perspectiva bisexual y la de todas las identidades por fuera del binomio varón-mujer; con un reconocimiento pleno del Estado a su existencia; con un sistema de salud formado con perspectiva de género para que las consultas ginecológicas o médicas en general no resulten en episodios tortuosos ni traumáticos para ninguna persona. Estas son algunas de las respuestas que se desprenden de lo expresado por Brune Alzogaray y Malena Correa. Pero se podría hablar también de «la recuperación de la historia bisexual» para «que se nos siga permitiendo -porque es algo que está sucediendo- que seamos una página más en la historia del activismo local, al lado de nuestres compañeres lesbianas, gays, trans, entre otras identidades».

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Christopher Loyola

Community manager autodidacta. Mi única relación tóxica es con las redes sociales. El reggaetón es mi terapia y el perreito mi rutina diaria. Militante de la educación pública y seguidor de la agenda de las juventudes. Estudio -o al menos lo intento- la Tecnicatura en Política, Gestión y Comunicación de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV). Soldado del invierno y catador de milanesas ahre.