Migrantes se organizan para huir de Rappi y Glovo

🗣️ Frente a la crisis económica profundizada por la pandemia y el maltrato sufrido en las aplicaciones de reparto, empiezan a surgir nuevas alternativas basadas en el cooperativismo. El caso de Central Express en CABA.

La pandemia puso de manifiesto las condiciones de explotación y precarización laboral que sufren los trabajadores y las trabajadoras de las apps de delivery a nivel mundial. En Argentina, al menos seis repartidores murieron en hechos de tránsito durante la cuarentena más estricta entre marzo y julio de 2020. Esta desprotección condujo a una serie de manifestaciones y paros generales para denunciar a las cuatro empresas transnacionales que se reparten el negocio -Pedidos Ya, Glovo, Rappi y UberEats- por falta de derechos elementales como licencias, cobertura de salud, seguridad social, ART e indemnización por despido.   

Antes de la pandemia, el delivery era apenas una parte del negocio de los comercios. Sin embargo, las empresas tuvieron un crecimiento exponencial en 2020 y, en plena segunda ola de 2021, se beneficiaron con un incremento de la demanda de más del 30%. Al mismo tiempo, se produjo un rechazo mayor al esquema de sobreexigencia y competencia interna, dado que la gran mayoría de les laburantes excede las 50 horas de trabajo semanales. 

Las experiencias de autogestión en este rubro crecieron en Argentina con la llegada de la pandemia, pero previamente tuvieron lugar otros antecedentes a nivel mundial. Ya en 2018, España albergaba a diferentes cooperativas de mensajería que ofrecían a sus trabajadores salarios y horarios dignos, pese a asumir con realismo el rol de David en esta batalla contra un casi invencible Goliat. El año 2020, en tanto, fue un punto de inflexión para Argentina: se destacó la aparición de Acaba, un servicio de «bicimensajerxs autogestionadxs» conformado por personas que se quedaron sin ingresos y decidieron salir a las calles para hacer mensajería. 

Central Express, una iniciativa sostenida por migrantes

Los trabajadores y las trabajadoras de plataformas de delivery son, en su mayoría, jóvenes, varones y migrantes. En Rappi, les inmigrantes representan alrededor del 83% de sus repartidores, principalmente provenientes de Venezuela, pero afortunadamente existen alternativas al modelo de plataformas. En abril de 2020, un grupo de migrantes colombianos dio nacimiento a Central Express, una cooperativa que realiza servicios de paquetería y mensajería, trámites y mercado flex. Actualmente llevan a cabo repartos por toda la Ciudad y el Gran Buenos Aires, y además tienen su local ubicado en el barrio de Once, corazón comercial porteño.

«Central Express nació de la necesidad de trabajo en la coyuntura de la pandemia, donde mucha gente que integramos el proyecto nos habíamos quedado sin laburo. Nosotres habíamos sido trabajadores y trabajadoras de estas aplicaciones que desembarcaron en los últimos 5 años en Argentina. A partir de ese momento empezamos a organizarnos horizontal y colectivamente, transformando y construyendo hasta el día de hoy», cuenta a El Grito del Sur Wilmar Restrepo, migrante colombiano y uno de los fundadores de Central Express.  

Si bien ya funcionan como una cooperativa de trabajo, aún se encuentran en proceso ante el INAES para conseguir la matrícula de habilitación. Con este paso necesario, buscan avanzar hacia nuevas formas superadoras del modelo de pequeño emprendimiento que fomentan las aplicaciones. «Queremos ser la contracara de este modelo, realmente se puede ser el verdadero jefe pero no en las formas que ellos plantean», agrega Restrepo.  

Wilmar señala que se manejan en forma «igualitaria», con las mismas condiciones y oportunidades bajo la premisa de equiparar la cantidad de servicios entre las y los propios integrantes. «Es un proceso nuevo y estamos experimentando continuamente, pero con el aprendizaje y también los errores vamos acumulando esfuerzos para llegar a la dignificación del trabajo, que es nuestro principal objetivo», asegura.   

El integrante de Central Express fue uno de los primeros trabajadores de Rappi en el país y tuvo un accidente de tránsito en Villa Crespo allá por el año 2016, pero recuerda que la empresa hizo oídos sordos frente a su reclamo de que no le cobraran la comisión por el pedido que estaba trasladando. «No sé si podremos disputar mercado a futuro, pero sí esperamos poder solventar nuestras necesidades básicas. Para encarar un proyecto más grande, se necesita capital. Eso es lo que no tenemos hasta ahora. Del Estado recibimos los subsidios de Potenciar Trabajo, que nos ayudó y nos sigue ayudando. Hacia el futuro queremos disputar, pero necesitamos mayor financiamiento. La única forma de competirle a estas plataformas es a partir de un modelo cooperativo», concluye Restrepo. 

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Sebastián Furlong

Licenciado y profesor en Ciencias de la Comunicación (UBA). Periodista comprometido con los intereses populares.