«Nunca pude pensar el arte por fuera de lo político»

🪕 En la recta final de la grabación de su segundo disco y ultimando los detalles de la presentación, Valen Bonetto se sigue abriendo paso en el mundo de la música para introducir sus acordes transfeministas al folklore argento.

En la familia de Valentín Gabriel Bonetto, la música se transmite de generación en generación. Después de cenar, su papá agarraba la guitarra y la casa de Laguna Larga se llenaba de melodías folklóricas que templaron el perfil del joven cantautor de 25 años. «Cuando me preguntan qué escuchaba cuando era chico, me encuentro con que la música que sonaba en casa era mi viejo -dice entre risas-. Entonces, además de que tengo asociado la mitad del cancionero popular argentino a mi papá y, por ende, pienso que la mitad de las canciones son de él. Sin elegirlo, en un primer momento, su propia historia lo fue llevando hacia el camino que años más tarde adoptaría para desarrollarse personal y profesionalmente. «Crecer en ese contexto, al menos a mí, me dio mucha curiosidad porque me pasaban muchas cosas cuando mi papá tocaba o cantaba», confiesa.

En lo más crudo de la pandemia, Valen sacó su disco que, contra todo pronóstico, acumuló miles de reproducciones. A través de su música, el joven busca transmitir sus propias vivencias, pero también ponerle melodía a la realidad argentina. «De muy chiquito tuve una fuerte conexión con la lucha por la identidad, a la que pude ponerle nombre mucho más adelante y creo que ahora cobró incluso mucho más sentido», recuerda en diálogo con El Grito del Sur. Su familia estuvo siempre muy comprometida con la lucha de los organismos de Derechos Humanos y eso fue algo que marcó un antes y un después en su vida.

A medida que fue creciendo, empezó a involucrarse más en la política para abrazar a ese nuevo emergente político en el que la juventud volvía a sentirse escuchada, cobijada y representada: el kirchnerismo. Valen se acuerda, incluso, del momento en que se empezó a discutir la ley que, una vez sancionada, le permitiría a miles de jóvenes votar a partir de los 16 años y el significado que tuvo aquella decisión. Pero el profundo avance que hubo en la última década, en términos sociales y legislativos, lo tocó muy cerca: «Otra de las conquistas de la política ha sido el Cupo Laboral Travesti-Trans y hoy gracias a eso puedo estar laburando en el CCK (Centro Cultural Kirchner)».

En ese sentido, el joven cordobés afirma: «Nunca pude pensar el arte por fuera de lo político, me parece una herramienta de comunicación importantísima. Todas las ramas del arte, el cine, la literatura, la música, son cosas que van construyendo el sentido, que hacen al contexto y a la historia». Crecer escuchando las letras de León Gieco, de Charly García y saber que Mercedes Sosa tuvo que irse del país por las canciones que escribía, fueron también parte del recorrido que marcó a fuego su trayectoria musical.

Sin embargo, así como en cuestión de segundos se podría armar una larga lista de hombres y mujeres cis que se convirtieron en grandes referencias musicales en Argentina, llevaría un poco más de tiempo encontrar artistas trans y no binaries que hayan alcanzado al menos la mitad del reconocimiento que les primeres. «Sí, yo a los ocho años escuchaba a León Gieco y no a Susy Shock», dice Valen. Pero las transformaciones sociales que introdujeron las políticas de ampliación de derechos para el colectivo LGBT+ y la irrupción del feminismo a partir del 3 de junio de 2015 vinieron a cambiar ese patrón y llevar a más escenarios a todes les artistas que durante años fueron insibilizades. Valen Bonetto es prueba de ello.

«Yo no conocí a un varón trans hasta los 22 años, y eso no es menor. Porque no saber que existe una persona que está atravesando cosas parecidas a las que a vos te pasan y a las que jamás le pudiste poner nombre porque no sabías que existían no es menor», problematiza. En esa línea, considera que «es muy importante la visibilización de nuestras identidades en todos los ámbitos» y asegura que «en el arte esa visibilización se hace más ancha, porque no solamente necesitás hacer música para identificarte con alguien que canta canciones y para sentir que podés charlar con esa persona, o que escuchando lo que dice o lo que canta o la forma en que se exprese podés sentirte indentificade ahí, sino que además hubo algo muy importante que hizo Susy (Shock), a quien admiro muchísimo, que fue empezar a hablarle a las infancias».

Lo que un día fue un tímido acercamiento a una viola para tocar los acordes que recordaba ver tocando a su hermano y su tío, se convirtió en su vía de escape para poder empezar a comunicarse de otra forma. «Me enamoré de eso que me sucedía cuando podía hacer una canción», dice emocionado. Y sigue: «Todo se fue armando con mucha sinceridad y a partir de las ganas, la necesidad y el deseo, lo cual para mí es una premisa fundamental y un compromiso con la música y la política».

Valen empezó a tocar con su papá, luego experimentó tocar con su hermano hasta animarse a dar sus propios pasos, tocar solo, probar cosas nuevas e ir descubriendo lo que le gustaba hacer, que lo llevó a abandonar temporalmente su pueblo natal para migrar a la Ciudad de Buenos Aires. «Hubo algo de esa partida de Córdoba que me hizo reconectar con el folklore y con la canción popular desde un lugar muy genuino, de mucha conexión y de mucha permeabilidad y ahí empecé a hacer más folklore del que venía haciendo. Porque antes hacía como una cosa más de un estilo pop, en la que tampoco me hallaba mucho», describe y cuenta que, a partir de ahí, empezó a ver al bombo legüero como aquello que le permitía transmitir a las personas todo eso que él sentía de pequeño al escuchar cantar y tocar a su padre.

Consultado sobre el público al que apunta y la audiencia que efectivamente ha consolidado, el artista duda al responder. Si bien muchas de sus presentaciones fueron en ambientes militantes -que van desde unidades básicas hasta centros culturales-, la impredecible e incontrolable potencia de las redes sociales le permitieron expandir su llegada y encontrarse de pronto con mensajes de distintas partes del país, inclusive de su propio pueblo natal. «Con mi transición entendí que quizás no importa cuántas personas están escuchando, pueden ser dos personas o un montón, pero para mí era importante que lo que dijera no solamente tuviera que ver con mi historia, sino que contara una realidad, problemas estructurales de nuestra sociedad y que afectan particularmente a la población travesti-trans», explica. «Mi objetivo es lograr que alguien me escuche y le llame la atención algo de lo que estoy diciendo», insiste.

Ahora Valen Bonetto se encuentra terminando de mezclar sus canciones para el estreno de su segundo disco, programado por el mes de octubre, y muy ansioso por la presentación presencial que realizará de esta nueva obra en JJ – Circuito Cultural, un espacio cultural ubicado en Jean Jaures 347, en el barrio de Once. Además, luego de casi tres años viviendo en la Ciudad, el joven cantante transfeminista iniciará hacia fin de año una gira por distintas partes del país.

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Christopher Loyola

Community manager autodidacta. Mi única relación tóxica es con las redes sociales. El reggaetón es mi terapia y el perreito mi rutina diaria. Militante de la educación pública y seguidor de la agenda de las juventudes. Estudio -o al menos lo intento- la Tecnicatura en Política, Gestión y Comunicación de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV). Soldado del invierno y catador de milanesas ahre.