Violencia y gordoodio en consultorios médicos

👨‍⚕️ Tras conocerse el relato de una modelo rosarina que fue discriminada por su ginecólogo, El Grito del Sur consultó a sus seguidores de Instagram por experiencias personales. Relatos y opiniones de especialistas sobre un tema que es materia pendiente.

“Fui al traumatólogo por dolor de rodilla, ni siquiera me revisó y me dijo que con 15 kilos menos estaría mejor”. “Se me acalambraban las manos, el cardiólogo me dijo que coma sin sal y baje de peso, que de paso iba a estar más bonita porque era muy joven para pesar 86 kilos”. “Fui con un ataque de asma y el doctor me recomendó Herbalife”. Los testimonios coinciden, se multiplican y refuerzan. Puede cambiar la especialidad, la edad o el motivo de consulta, pero una constante se repite: la mayoría de personas gordas tienen al menos algún recuerdo de haber sido violentadas por profesionales de la salud. 

La gordofobia internalizada en el sistema de salud hegemónico volvió a ser noticia la semana pasada, luego de que se viralizara la historia de Candela Teijeiro. La modelo plus size rosarina contó que, sin ningún estudio previo, el ginecólogo le había recomendado bajar de peso y derivado a una nutricionista cuando consultó por dolor de ovarios. “La única manera de que baje de peso es si me hace mal a la salud este sobrepeso. Yo estoy bien de salud, no tengo nada, así que no hay razón para sugerirme que baje de peso», aclaró en redes sociales la joven de 24 años. 

Sol Cardiello

Tras lo sucedido, El Grito del Sur consultó a sus seguidores de Instagram por experiencias personales. Los relatos no tardaron en llegar: “Tuve un pico de estrés que me afectó los ciclos menstruales. Cuando fui a un ginecólogo de la obra social, sin revisarme ni hacerme estudios, me dijo que tenía que bajar de peso y consultar con una nutricionista. Eso fue toda la consulta. Al mismo tiempo volví a hacer terapia y la psicóloga me recomendó complementar el tratamiento con un psiquiatra. No bajé de peso, pero al empezar a tratar mi ansiedad mi ciclo se regularizó”, aseguró una lectora. 

“Me caí en la calle por meter el pie en un pozo tapado por hojas. Al principio tomé analgésicos, pero como no se me pasaba fui al traumatólogo de la obra social. En la consulta no me tocó el cuerpo, ni me mandó a hacer placas o tomografías, directamente me dijo que al tener sobrepeso -mi hija tenía 4 años en ese momento, quedé con problemas de tiroides del embarazo- lo único que podía hacer para recuperarme era dieta y natación. Le dije que no tenía tiempo ni dinero para la natación y me contestó que eso era una excusa que daban las madres, que siempre se puede conseguir tiempo. Tiempo después fuí a un traumatólogo particular, que descubrió que por el golpe tenía una vértebra desplazada que estaba presionando el nervio ciático”, revivió otra.

La necesidad de diferenciar la salud física del gordoodio es una de las principales luchas del activismo por la diversidad corporal. Entre las violencias a las que quedan expuestes, les militantes destacan la frecuencia con la que reciben diagnósticos médicos basados en su aspecto físico o consejos de desconocidos, además de asumir que tienen malos hábitos alimenticios o son sedentaries. Estas actitudes, lejos de contener, solo alejan a una parte de la sociedad del sistema de salud, postergando estudios de rutina o evitando acercarse ante alguna molestia.

“Desde estigmatización hasta mala praxis, las consecuencias del gordoodio pueden ser terribles. Conozco gente gorda que, hasta que no se agravaron sus síntomas, los médicos no fueron capaces de evaluar otras posibilidades más allá del exceso de peso. En última instancia, la peor consecuencia de las malas prácticas médicas o de no contar con el diagnóstico adecuado es la muerte”, asegura Sol Cardiello, modelo y activista por la diversidad corporal. “Me pregunto cuántas de las enfermedades que se vinculan con la obesidad, aunque no me gusta este término, tienen que ver con la mala praxis de les profesionales”.

Laura Contrera

“Los discursos médicos se dan dentro del contexto social, por lo cual no son neutrales ni están exentos de tintes estigmatizantes y discriminatorios. El problema es que esto en lo relativo a la gordura se acentúa mucho más. Existen estudios realizados en el norte global que demuestran que muches de les profesionales de la salud consideran que las personas gordas son vagas, desagradables o les provocan rechazo físico. Estas caracterizaciones inciden en el trato que propician a sus pacientes», asevera Laura Contrera, compiladora, junto con Nicolás Cuello, del libro ‘Cuerpos sin patrones’. «La salud nunca puede ser la excusa para un trato denigrante, es por eso que hay que distinguir entre la patologización de la gordura, que es lo que el activismo gorde quiere combatir, y la violencia hacia quienes necesitan un tratamiento médico, que tampoco puede ser legitimada bajo ningún punto”, señala.

“El sistema nos rechaza metafórica y literalmente. Cuando las personas con mucha obesidad no entran en los tomógrafos o balanzas de hospitales son derivadas a zoológicos, como si fueran animales. Es una cuestión de derechos humanos”, enfatiza Sol.

Otro error instalado por el sistema gordofóbico es igualar enfermedad y factor de riesgo. Si bien la gordura puede complicar ciertos cuadros, también lo puede hacer fumar, beber alcohol en exceso, comer productos ultraprocesados o tomar sol sin protección, lo cual no pareciera generar el mismo grado de alerta en la sociedad. Asimismo, bajo esta lógica se invisibiliza el riesgo de los productos para bajar de peso, muchos de los cuales se siguen publicitando en los medios masivos sin ningún tipo de control. “La industria de la dieta se sostiene gracias a la insatisfacción y la disconformidad con uno mismo que alimenta un sistema millonario y bastante cínico. Esta cultura, basada en exponentes como (Alberto) Cormillot o (Máximo) Ravena, no busca una nutrición consciente, sino que perpetúa la venta de productos light y el enriquecimiento de las farmacéuticas multinacionales”, continúa la modelo.

Rocío Runca es licenciada en Nutrición y, junto con otras profesionales, se sumó a la propuesta de Mujeres que No Fueron Tapa para armar un compendio de consejos, recomendaciones y buenas prácticas para las consultas médicas. Respecto a la importancia de no centrarse en el peso del paciente, explica: “El sobrepeso puede ser un llamado de atención para ciertas cuestiones metabólicas o una consecuencia de hábitos que en algunos casos podrían afectar la salud. Sin embargo, en una consulta nutricional no sirve enfocarse en eso, sino al contrario, muchas veces aleja al paciente. La idea es tener una visión integral y revisar los hábitos para ir haciendo un trabajo progresivo y consciente, que muchas veces requiere de un abordaje interdisciplinario”. 

“Mi intención es que la nutrición consciente sea un proceso de cambio y no una dieta. Esto puede traer aparejado un descenso de peso pero no es el punto central, sino contar con la información para elegir conscientemente”, sostiene la nutricionista mientras asegura que la mayoría de mujeres y feminidades que se acercan al consultorio traen largas historias de dietas crónicas. “Que las mujeres estemos disconformes con nuestro cuerpo responde al modelo de la restricción y la idea de que comer bien es pasar hambre. Hay pacientes que vienen a verme con miedo por esa idea de que la nutricionista va a retarte por lo que comés, cuando el rol de un profesional de la salud nunca debería ser ese”.

Rocío Runca

“Recién hace pocos años dejé de hacer dieta después de una vida restringiendo mi deseo, que llegó a afectar mi salud mental y derivar en muchos trastornos alimentarios”, relata Sol con una voz que se escucha tomada por la emoción. “El hecho de que el negocio de la dieta sea un círculo sin fin entre odiarme porque no soy flaca y ser flaca porque me odio es muy cruel. Hubo profesionales a los cuales no se les movía un pelo cuando me veían obsesionada con hábitos autodestructivos que realmente no eran saludables. Espero que, gracias a la lucha de los activismos gordos, en algún momento podamos ver las dietas como entendemos ahora las terapias de conversión que se le hacían hace algunos años a los homosexuales”. 

Mientras la cultura de la dieta contribuye a la alienación bajo la lógica meritocrática y el mecanismo circular culpa-voluntad, la organización colectiva activa el potencial político. Por eso, junto con otres activistas, diseñadores y especialistas en sistemas, Cardiello planea elaborar un directorio federal de médicos no gordofóbicos donde cada usuarie pueda puntuar a sus profesionales y contar experiencias personales. “Por ahora en mi Instagram hice una guía de médicos no gordofóbicos recomendados por mis seguidores, pero creo que debería haber una respuesta política estructural de parte del Estado porque es una deuda que tiene con nosotres el sistema de salud”, afirma.

Runca, por su parte, propone que les profesionales de la salud deben “cuestionar la información que recibimos, descreer de la televisión, leer otros autores, tener una mirada crítica” para desnaturalizar estos discursos. “Estaría buenísimo que se agreguen materias de nutrición con perspectiva de género o en base de plantas a la carrera. Yo me recibí en 2012, pero fue a través de formarme en otros espacios cuando entendí que el peso solo es un factor más en la salud del sujeto y no puede ser el único determinante de que alguien esté sano”.

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Dalia Cybel

Escribo y edito sobre géneros en El Grito del Sur. Alguna vez fui historiadora del arte, ahora intento ser Maestranda en Estudios y Políticas de Género. Tengo un newsletter con nombre de dibujito animado. Mi superpoder es tener siempre los labios pintados.
@orquidiarios