«L-Gante escapa al discurso meritocrático y también reivindica el esfuerzo»

🗣️ La especialista en juventudes, música y cultura popular, Malvina Silba, analizó el reciente encuentro entre L-Gante y Alberto Fernández.

Elián Valenzuela, más conocido como L-Gante, se reunió con el presidente Alberto Fernández en la Quinta de Olivos. Desde Presidencia compartieron un video editado de casi 10 minutos del encuentro en el que conversan sobre gustos musicales, política y sus trayectorias de vida. «El acercamiento de Alberto Fernández a L-Gante es mínimamente un gesto de reconocimiento a un artista que encarna una forma de representar la cultura», opinó Malvina Silba, especialista en juventudes, música y cultura popular de la Escuela Idaes (UNSAM) y Doctora en Ciencias Sociales (UBA), en diálogo con El Grito del Sur.

Es preciso complejizar el encuentro del fin de semana entre L-Gante y el presidente Alberto Fernández. ¿Qué análisis merece más allá de ciertas interpretaciones simplistas que hablaron de una identificación política por un lado o de un cálculo electoral por el otro?

En general, las interpretaciones que tienden a analizar este tipo de escenas de una manera u otra son limitadas y están dejando una buena parte de la riqueza del mensaje por fuera. El encuentro tuvo algo relacionado con lo electoral y la identificación partidaria de Elián, pero en términos de mensaje me hizo acordar a cuando Alberto se puso la gorrita (de Brian Gallo, el joven discriminado cuando ofició como presidente de mesa en las elecciones de 2019). En general, los políticos entendieron que hay algo de la cultura juvenil popular que se les estaba escapando en un montón de aspectos: desde el fenómeno de la desocupación y la dificultad en el acceso a la educación durante la pandemia como dato duro, hasta toda una serie de simbolismos y expresiones culturales que condensan buena parte de ese descontento y que son una forma de arte que la cultura ilustrada -a la cual supuestamente pertenece Alberto por ser un egresado de la UBA, si bien Abogacía no es una carrera que se considere de alta cultura– no suele reconocer como tal. El acercamiento de Alberto Fernández a L-Gante es mínimamente un gesto de reconocimiento a un artista que encarna una forma de representar la cultura y contar la realidad que él (Alberto) necesita escuchar. Más allá de lo electoral y de la ideología, se trata de un hecho destacable.

Frente a las críticas que recibió por su encuentro con Fernández, el cantante expresó que también estaría dispuesto a verse con otro presidente y dijo que no estaba con ningún partido político. ¿Es posible capturar la existencia de este personaje desde arriba, sea el poder político o económico?

En la actualidad, la forma en que L-Gante se muestra y se vincula con las redes o sus fans tiene una relación con lo dominante: por ejemplo, la estética de las fotos que él sube tienen un cuidado artístico. Esas decisiones artísticas siempre son políticas. Respecto al vínculo con otros partidos políticos, cabe destacar que el PRO tuvo en la Ciudad de Buenos Aires una política más abierta con los artistas populares. En su momento nombró a Tini Stoessel como personalidad destacada y se armó un revuelo por esto, puesto que cierta forma más cool del kirchnerismo lo veía como una degradación. Si seguimos pensando que los consumos culturales de las clases populares son basura y que la única forma de cultura es la que se da entre el Teatro Colón y el CCK, ahí tenemos un grave problema político.

Malvina Silba, especialista en juventudes, música y cultura popular

L-Gante dijo al Presidente: «Me gustaría que en vez de agarrar una regalía se agarre un trabajo. Lo que ganaste, lo ganaste vos». ¿Cómo se expresa en su caso esta combinación entre la marca del mercado que lo atrapa desde tan joven, la rebeldía y la meritocracia que emana su discurso viniendo de los sectores populares?

Existe una idea que se ha instalado, que en mi lectura no está ajena a los discursos mediáticos y de sentido común que se han expandido fuertemente en los últimos años respecto a «los pobres no quieren planes». Yo coincido con esa afirmación: el mercado laboral se ha transformado de una manera tal que no puede utilizar toda la mano de obra disponible, con lo cual los planes vienen a ser una especie de curita para una herida que sangra cada vez más. Lo que quiso decir L-Gante, retomando también lo que despertó la nota de Mayra Arena, no fue encarnar un discurso meritocrático, esto significaría haber dicho que él llegó por su propio mérito, pero en ese mismo gesto denostaría a los que fracasan. En L-Gante no veo ni he leído un gesto en ese sentido, sino que tiene una relación de reivindicación con sus pares y de denuncia por las condiciones de desigualdad. Él reivindica también el esfuerzo, lo cual está presente en las discursos de las clases trabajadoras, y al mismo tiempo defiende a sus pares.

Un proyecto de ley busca declarar a L-Gante como «visitante ilustre» de la ciudad de Rosario, lo cual suscitó diversas críticas señalando, por ejemplo, el contenido machista de sus canciones. ¿Por qué el progresismo cultural cuestiona constantemente al músico?

Reducir el fenómeno de L-Gante a que sus letras son machistas atrasa un montón. El placer femenino está en un lugar distinto y las formas de representarlo son muy variadas. No veo en él a una persona que quiera denostar a las mujeres en otro contexto, de hecho en la entrevista con Alberto todas las personas que lo rodeaban eran mujeres. En cambio, sí me parece que las letras reivindican una erotización del cuerpo y una sexualización muy intensa de la vida, pero eso también responde al universo juvenil, al hecho de que las, les y los jóvenes tienen una relación muy fuerte -por el momento cultural y vital que atraviesan- con la sexualidad. El progresismo cultural es un fuego amigo que a veces no suma para nada, hay que tratar de cambiar eso y traducirlo en políticas culturales. 

¿Crees que el involucramiento de L-Gante en cuestiones políticas podría poner un freno a los discursos anti-política e impactar positivamente en los públicos jóvenes que lo siguen? 

Yo no creo que vaya a pasar ninguna de las dos cosas de manera definitiva. Puede ser que haya personas que lo siguen y se acerquen o miren a la política de otra manera, así como puede haber gente que lo critique un montón y deje de seguirlo por meterse en política, vista como un espacio de suciedad, inmoralidad y corrupción. Asimismo, puede suceder que los jóvenes que ya están involucrados celebren el acercamiento de una figura como L-Gante porque le suma al proyecto en conjunto. No creo igualmente que la respuesta sea blanco o negro. 

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Sebastián Furlong

Licenciado y profesor en Ciencias de la Comunicación (UBA). Periodista comprometido con los intereses populares.