Fotos: Sub cooperativa

«Ese día no sólo hice fotos: tuve que correr, pelear, armar barricadas»

📷A 20 años del estallido social y político compartimos las palabras de Nicolás Pousthomis, fotógrafo e integrante de Sub Cooperativa, que estuvo cubriendo el momento de los hechos.

Ese día no sólo hice fotos; tuve que correr, pelear, levantar gente herida, armar barricadas… y sin embargo, tengo las mejores imágenes que hice en mi vida. Es un conjunto de fotos tomadas con una cámara vieja por la que entraba luz y que trababa los rollos en medio de las tomas. La Nikon EM, que conseguí por 50 pesos, fue la cámara que me enseñó a trabajar y ese día, sin darme cuenta, fue el primero como reportero gráfico.

A partir de ahí, empecé a ganar plata con las fotos que hacía en la calle y en las marchas. Vislumbré entonces que en algún momento podría dejar de hacer cumpleaños de 15 y otras tranzas, que encima me salían muy mal, para vivir de la fotografía de prensa. Esas fotos del 19 y 20 curiosamente, me cerraron algunas puertas por las que en aquel entonces deseaba pasar y me abrieron a un mundo que desconocía.

Fotos: Sub cooperativa

Las puertas que se cerraron eran las de las redacciones de los diarios y agencias de noticias que enseguida me catalogaron como fotógrafo piquetero, por ende, me dejaron sin estatuto de fotógrafo profesional. Después de un tiempo de esforzarme para entrar, decidí quedarme del lado en el que habían disfrutado de mis fotos y no estaba tan seguro de querer formar parte del rubro en el que algunos sólo sacan fotos por dinero. Había conocido un espacio donde las fotografías tenían significado y servían para algo. Algunas personas necesitaban de verdad esas imágenes, y no podían pagar por ellas. Pero eso no me hacía menos fotógrafo. Me banqué no ser nadie para la gente de mi entorno cercano, familiares y otros fotógrafos que sólo te creen si tenés la chapa de Clarín.

Me quedé en el mundo que me había adoptado y su criterio era el que me importaba a la hora de juzgar mi propia fotografía. La Internet de Indymedia, incipiente y combativa, era una red que permitía hacer algo en grupo y de paso, ocuparse de uno mismo. Era la herramienta ideal para que los fotógrafos pudieran publicar sus fotos sin intermediarios, armarse una página personal y, por qué no, juntarse con otros para armar algo colectivo.

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El 20 de diciembre nos habĂ­a enseñado que lo que uno sueña se puede concretar. TambiĂ©n nos habĂ­a mostrado lo potente que era la acciĂłn colectiva, el poder al unir fuerzas. Me acuerdo que ese dĂ­a, en medio de los saqueos, renunciĂ© a hacerme con la cámara de mis sueños sĂłlo para preservar autĂ©nticas las razones del estar ahĂ­. VivĂ­a en aquel entonces justo a la vuelta del negocio de Nikon y pasaba por delante todos los dĂ­as. VendĂ­a empanadas por esa zona y siempre miraba la vidriera para ver quĂ© tenĂ­an de nuevo. Hacia diciembre de ese año, habĂ­an colocado en un trĂ­pode una de las primeras Reflex digitales, la D100 creo, o D1, no me acuerdo porque la verdad es que no tenĂ­a ninguna esperanza de poder conseguir una. TenĂ­a esa cámara vieja que me dijeron que alguna vez habĂ­an inventado para llevar a Vietnam: simple y rĂşstica para que los soldados la pudieran manejar sin tener conocimientos de fotografĂ­a.

El 20 de diciembre, ya despuĂ©s del anuncio de la huida de De La RĂşa, la calle Corrientes se transformĂł en un gran shopping a puertas abiertas, con las cortinas metálicas de los negocios cediendo una por una al paso de los manifestantes. HabĂ­a un espĂ­ritu de camaraderĂ­a impresionante, comparable para algunos con el festejo de los mundiales de fĂştbol. Con la salvedad que este lo habĂ­amos ganado nosotros, en la calle y arriesgando la vida. Con la euforia del momento me quedĂ© ahĂ­ un rato frente al negocio de Nikon esperando que le tocara su turno. Vi cuando lo empezaban a abrir y algo en mĂ­ se negĂł a ir en bĂşsqueda de esa cámara que necesitaba y que de alguna manera sentĂ­a merecerme. Finalmente, seguĂ­ mi camino con la gente que me habĂ­a cruzado ese dĂ­a pero sin la cámara.

Fotos: Sub cooperativa

Lo mismo me 20 de diciembre del 2001 pasĂł frente al Musimundo cuando la gente elegĂ­a los discos que se llevaba o agarraba directamente televisores y electrodomĂ©sticos. La verdad es que sentĂ­a que estaban en todo su derecho, pero me habĂ­a marcado tanto ese momento, sentir que uno habĂ­a puesto el cuerpo para la revoluciĂłn, que preferĂ­ quedarme sĂłlo con esa sensaciĂłn y asĂ­ no tener que dudar de mis intenciones al quedarme ahĂ­ luchando. 

RevelĂ© los rollos esa misma noche en mi departamento. Les mostraba los negativos reciĂ©n sacados del tanque de revelado a unos amigos que estaban ahĂ­ presentes. Ellos miraban dificultosamente unas tiras de pelĂ­cula chorreando fijador y chupando polvo adonde se veĂ­a lo que yo habĂ­a vivido. HabĂ­a partes enteras de los negativos arruinadas por las grietas de mi cámara, pero sentĂ­ que algunas imágenes estaban ahĂ­, testimoniando un hecho histĂłrico. Desde las entrañas, con la calle latiendo en unas fotos que expresaban, con sus imperfecciones, todo lo fuerte que fue. 

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Tal vez tomo mejores fotos ahora, con una cámara en condiciones y quizás tambiĂ©n con el tiempo mejorĂ© mi tĂ©cnica, pero seguro que nunca volverĂ© a sacar fotos tan buenas… Fotos con cantos de alegrĂ­a, gusto a sangre y olor a goma quemada.

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