Ese dĂa no sĂłlo hice fotos; tuve que correr, pelear, levantar gente herida, armar barricadas… y sin embargo, tengo las mejores imágenes que hice en mi vida. Es un conjunto de fotos tomadas con una cámara vieja por la que entraba luz y que trababa los rollos en medio de las tomas. La Nikon EM, que conseguĂ por 50 pesos, fue la cámara que me enseñó a trabajar y ese dĂa, sin darme cuenta, fue el primero como reportero gráfico.
A partir de ahĂ, empecĂ© a ganar plata con las fotos que hacĂa en la calle y en las marchas. VislumbrĂ© entonces que en algĂşn momento podrĂa dejar de hacer cumpleaños de 15 y otras tranzas, que encima me salĂan muy mal, para vivir de la fotografĂa de prensa. Esas fotos del 19 y 20 curiosamente, me cerraron algunas puertas por las que en aquel entonces deseaba pasar y me abrieron a un mundo que desconocĂa.

Las puertas que se cerraron eran las de las redacciones de los diarios y agencias de noticias que enseguida me catalogaron como fotĂłgrafo piquetero, por ende, me dejaron sin estatuto de fotĂłgrafo profesional. DespuĂ©s de un tiempo de esforzarme para entrar, decidĂ quedarme del lado en el que habĂan disfrutado de mis fotos y no estaba tan seguro de querer formar parte del rubro en el que algunos sĂłlo sacan fotos por dinero. HabĂa conocido un espacio donde las fotografĂas tenĂan significado y servĂan para algo. Algunas personas necesitaban de verdad esas imágenes, y no podĂan pagar por ellas. Pero eso no me hacĂa menos fotĂłgrafo. Me banquĂ© no ser nadie para la gente de mi entorno cercano, familiares y otros fotĂłgrafos que sĂłlo te creen si tenĂ©s la chapa de ClarĂn.
Me quedĂ© en el mundo que me habĂa adoptado y su criterio era el que me importaba a la hora de juzgar mi propia fotografĂa. La Internet de Indymedia, incipiente y combativa, era una red que permitĂa hacer algo en grupo y de paso, ocuparse de uno mismo. Era la herramienta ideal para que los fotĂłgrafos pudieran publicar sus fotos sin intermediarios, armarse una página personal y, por quĂ© no, juntarse con otros para armar algo colectivo.

El 20 de diciembre nos habĂa enseñado que lo que uno sueña se puede concretar. TambiĂ©n nos habĂa mostrado lo potente que era la acciĂłn colectiva, el poder al unir fuerzas. Me acuerdo que ese dĂa, en medio de los saqueos, renunciĂ© a hacerme con la cámara de mis sueños sĂłlo para preservar autĂ©nticas las razones del estar ahĂ. VivĂa en aquel entonces justo a la vuelta del negocio de Nikon y pasaba por delante todos los dĂas. VendĂa empanadas por esa zona y siempre miraba la vidriera para ver quĂ© tenĂan de nuevo. Hacia diciembre de ese año, habĂan colocado en un trĂpode una de las primeras Reflex digitales, la D100 creo, o D1, no me acuerdo porque la verdad es que no tenĂa ninguna esperanza de poder conseguir una. TenĂa esa cámara vieja que me dijeron que alguna vez habĂan inventado para llevar a Vietnam: simple y rĂşstica para que los soldados la pudieran manejar sin tener conocimientos de fotografĂa.
El 20 de diciembre, ya despuĂ©s del anuncio de la huida de De La RĂşa, la calle Corrientes se transformĂł en un gran shopping a puertas abiertas, con las cortinas metálicas de los negocios cediendo una por una al paso de los manifestantes. HabĂa un espĂritu de camaraderĂa impresionante, comparable para algunos con el festejo de los mundiales de fĂştbol. Con la salvedad que este lo habĂamos ganado nosotros, en la calle y arriesgando la vida. Con la euforia del momento me quedĂ© ahĂ un rato frente al negocio de Nikon esperando que le tocara su turno. Vi cuando lo empezaban a abrir y algo en mĂ se negĂł a ir en bĂşsqueda de esa cámara que necesitaba y que de alguna manera sentĂa merecerme. Finalmente, seguĂ mi camino con la gente que me habĂa cruzado ese dĂa pero sin la cámara.

Lo mismo me 20 de diciembre del 2001 pasĂł frente al Musimundo cuando la gente elegĂa los discos que se llevaba o agarraba directamente televisores y electrodomĂ©sticos. La verdad es que sentĂa que estaban en todo su derecho, pero me habĂa marcado tanto ese momento, sentir que uno habĂa puesto el cuerpo para la revoluciĂłn, que preferĂ quedarme sĂłlo con esa sensaciĂłn y asĂ no tener que dudar de mis intenciones al quedarme ahĂ luchando.
RevelĂ© los rollos esa misma noche en mi departamento. Les mostraba los negativos reciĂ©n sacados del tanque de revelado a unos amigos que estaban ahĂ presentes. Ellos miraban dificultosamente unas tiras de pelĂcula chorreando fijador y chupando polvo adonde se veĂa lo que yo habĂa vivido. HabĂa partes enteras de los negativos arruinadas por las grietas de mi cámara, pero sentĂ que algunas imágenes estaban ahĂ, testimoniando un hecho histĂłrico. Desde las entrañas, con la calle latiendo en unas fotos que expresaban, con sus imperfecciones, todo lo fuerte que fue.

Tal vez tomo mejores fotos ahora, con una cámara en condiciones y quizás tambiĂ©n con el tiempo mejorĂ© mi tĂ©cnica, pero seguro que nunca volverĂ© a sacar fotos tan buenas… Fotos con cantos de alegrĂa, gusto a sangre y olor a goma quemada.






