En el camino de Néstor

✍️ El Frente de Todos deja atrás el fantasma del default, pero ingresa en una etapa plena de acechanzas. Acordando con el Fondo al iniciar su gobierno, Néstor ganó tiempo. ¿Por qué negarle a Alberto una posibilidad semejante?

Aprobada en Diputados la renegociación de la deuda con el FMI mediante un acuerdo que también permitiría asegurar la sanción del Senado, el Frente de Todxs deja atrás el fantasma del default, pero ingresa en una etapa plena de acechanzas. En el terreno económico, el desafío -irrenunciable, aunque no fácil de lograr- es seguir creciendo y mejorar el ingreso de los sectores más castigados. En el corto plazo es probable que el crecimiento no se vea afectado, gracias a la estabilización del mercado cambiario y el ingreso de divisas con la primer remesa del FMI. Es evidente, sin embargo, que los márgenes se estrecharán a medida que se cumplan las exigencias de reducción del déficit fiscal. Esto exigirá mucha voluntad política y una sintonía muy fina en la acción de gobierno para redistribuir en un sentido progresivo la carga de la deuda y privilegiar el gasto productivo y de mayor impacto social. En este contexto, el control de la inflación es aún más importante para sostener los ingresos populares y asegurar la capacidad de gestión frente al embate de las corporaciones.

Las dificultades serán mayores en un escenario político que pone en cuestión la unidad del Frente de Todxs, el principal capital del actual gobierno. Es cierto que los integrantes del sector que votó en contra del entendimiento con el Fondo declaran que no se retirarán del Frente, pero la dinámica de la discusión revela un crescendo de las diferencias y los enfrentamientos. Es evidente que la discusión planteada manifiesta distintas evaluaciones de la gestión oficial y valoraciones también diferentes de la relación de fuerzas y los riesgos que entraña la coyuntura. Si bien la existencia de estas diferencias no debería sorprender en una coalición, todo se hace más complicado cuando las disputas por el poder llevan a exagerar las mismas. Esto es aún más peligroso en un contexto de hostigamiento mediático y cuando no faltan provocaciones graves como el repudiable atentado a la vicepresidenta. 

En un peronismo donde no faltan historias de rupturas, algunos medios comparan la actual controversia con la que enfrentó al llamado Grupo de los Ocho con Carlos Menem, a pesar de que son situaciones bien distintas. El espacio liderado por Chacho Álvarez y Germán Abdala rompió con el presidente riojano cuando éste ya había indultado a los genocidas, privatizado las empresas públicas y adoptado el manifiesto neoliberal del Consenso de Washington. Por poco generoso que se quiera ser con el actual presidente, no se encontrará medida alguna que emparente aquella gestión con la actual. La derecha ha demostrado siempre que acoge con beneplácito a todo tránsfuga que adopta sus ideas y combate con saña, como lo hace hoy con Alberto Fernández, a quienes -más allá de errores y dificultades- se esfuerzan por encontrar caminos para llevar adelante el proyecto popular. 

La victoria electoral de la oposición en las últimas elecciones no fue consecuencia (como ocurrió en 2015) de que moderara su propuesta o mintiera asegurando que respetaría muchas medidas económicas del kirchnerismo. Lejos de ello, Macri y sus candidatos radicalizaron esta vez su discurso introduciendo temas que antes parecían piantavotos, como la derogación de la ley de despido y la reducción de derechos laborales. Lejos de impedir el triunfo de quienes habían empobrecido y endeudado al país, esa derechización del discurso permitió también la emergencia de una nueva fuerza ultrareaccionaria encabezada por Javier Milei.

Las dificultades serán mayores en un escenario político que pone en cuestión la unidad del Frente de Todxs, el principal capital del actual gobierno.

Puede señalarse que esa derechización del electorado argentino coexiste con la recuperación del gobierno por fuerzas de centroizquierda en muchos países de la región. Es un dato importante que se reforzaría si, como es muy probable, Lula gana este año la presidencia del Brasil. Pero ello no permite considerar que asistimos a un avance incontenible del campo popular sino más modestamente que mejoran las condiciones para enfrentar al neoliberalismo en la región. Las dificultades que enfrenta el gobierno argentino y el hostigamiento que impide gestionar al presidente peruano, son ejemplos que muestran que no retrocede la ofensiva de las derechas apoyadas por los Estados Unidos contra los gobiernos populares. En 2015, algunos creyeron que habíamos dejado atrás el ciclo neoliberal y otros proclamaron que las transformaciones eran irreversibles. Si hemos aprendido la lección, celebremos hoy que se fortalezca la lucha contra el neoliberalismo, pero entendiendo que esa disputa no está resuelta y menos aún en la Argentina donde el avance de la derecha tiende a consolidarse.

En este contexto debe entenderse la actitud asumida por el gobierno argentino en relación con la gigantesca deuda contraída por Mauricio Macri con el FMI. El organismo hizo un préstamo tan inusual no sólo para ayudar al candidato que buscaba su reelección sino también para condicionar el futuro argentino y maniatarlo al sistema financiero internacional. Quienes hoy se niegan al entendimiento con el Fondo se ilusionan con atajos que no podrán liberarnos de ese encadenamiento. Como reclamó Alberto Fernández en su informe al Parlamento, es importante avanzar con la acción judicial contra Macri y sus secuaces por el delito que supone el gravoso endeudamiento y es bueno que la denuncia se lleve a los foros internacionales, pero tengamos presente que esto no resolverá el problema de los vencimientos de este mismo mes. Es imposible pagarlos y, si no se negocia, se disparará el precio del dólar, aumentará la inflación, se reducirá drásticamente nuestra posibilidad de crédito, la caída de las importaciones afectará el crecimiento y todo esto pesará severamente sobre los ingresos populares. 

Así lo entendió Néstor Kirchner en 2003, cuando acordó (en condiciones más duras que las hoy impuestas) hasta que el país pudo liberarse de los condicionamientos pagando la deuda con el FMI. Néstor supo aprovechar dos años con altas de crecimiento y buenos precios internacionales de nuestros productos, pero además se ganó el respaldo de los argentinos con medidas como el impulso de las políticas de Memoria, Verdad y Justicia y la restitución de los derechos laborales conculcados. Acordando con el Fondo al iniciar su gobierno, Néstor ganó tiempo. ¿Por qué negarle a Alberto una posibilidad semejante?

El compromiso asumido por el Presidente de promover la competencia interna en las PASO puede servir para ir definiendo el debate actual con la mayor participación y terminar con la práctica tradicional de designaciones a dedo que ha debilitado a nuestra fuerza. Pero aún falta más de un año para esa elección interna y el FdT sólo tendrá perspectiva de triunfo si a la buena gestión de la pandemia y la reactivación de la economía puede sumar logros en el control de la inflación y en la mejora de los ingresos populares. 

Acordando con el Fondo al iniciar su gobierno, Néstor ganó tiempo. ¿Por qué negarle a Alberto una posibilidad semejante?

La unidad es doblemente necesaria para afrontar la próxima elección: no sólo porque es imprescindible para una buena gestión de gobierno sino porque en sí misma es un activo que el electorado valora. La lucha entre peronistas facilitó la llegada del golpe en 1976 y, aunque las nuevas generaciones no vivieron esa experiencia, la derecha se apoya con éxito en cierta memoria para asociar en el discurso mediático a todo proyecto nacional y popular con el desorden y la violencia. La unidad en la gestión y el encauzamiento respetuoso de las discusiones internas se convierten, en consecuencia, en una exigencia fundamental. 

De todos modos, no es bueno subestimar la crisis que supone el enfrentamiento planteado en torno a un eje fundamental de la acción de gobierno. No vale en una situación como ésta ni la ingenuidad de creer que todo se resuelve con exhortaciones voluntaristas ni el realismo cínico que advierte la gravedad del momento y anuncia una fractura inevitable. La unidad es necesaria para que no naufrague en esta etapa el proyecto nacional y popular y todos los esfuerzos resultan pocos ante la magnitud del peligro. Quizás algunos piensen que una ruptura hoy puede perfilar una alternativa de poder para el futuro. La idea no nos convoca porque no sirve para enfrentar la dramática situación que estamos viviendo. Tenemos que unirnos para evitar el retorno de un neoliberalismo radicalizado que quiere superar su propio récord, para ahorrarle a los argentinos la reiteración de una experiencia que dejó marcas muy dolorosas en el cuerpo de la sociedad. 

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