«Una central nuclear no explota como una bomba atómica»

💣 Los ataques rusos contra centrales nucleares en Ucrania pusieron en vilo a la prensa occidental, que alertó sobre la posibilidad de que "estalle todo". Sin embargo, especialistas en seguridad nuclear contradicen estos dichos y plantean una mirada distinta.

El pasado 4 de marzo, las fuerzas rusas atacaron la central nuclear de Zaporiyia y a las pocas horas se hicieron con su control. Ubicada al sureste de Ucrania, Zaporiyia es la más grande de Europa y está dotada de seis reactores tipo WWER-1000 -con una potencia total de 6000 MW- que representan una quinta parte de la producción anual del país. Desde la prensa occidental hegemónica definieron este ataque como «temerario» porque «puso en riesgo a toda Europa». Sin embargo, especialistas en seguridad nuclear contradicen estos dichos y plantean una mirada distinta.

«A nivel comunicacional se tiende a confundir lo que es una central nuclear en uso pacífico con armamento nuclear, que es un dispositivo para causar un daño enorme. Una central nuclear no explota como una bomba atómica porque no es un artefacto bélico. Durante toda su vida útil está preparada para funcionar en forma segura», dijo a El Grito del Sur Aníbal Blanco, ingeniero nuclear e investigador de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). «Una de las razones de esto es que el enriquecimiento de su combustible es muy bajo: posee entre el 3 y el 5 por ciento del material fisible y el uranio 238 no sirve para funcionar como un artefacto explosivo», agregó. Quien también refutó la posibilidad de un accidente nuclear fue Rafael Grossi, argentino y director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA), quien señaló frente a estos hechos de público conocimiento: «No puede decirse que estemos frente a un riesgo inminente».

No obstante, Grossi decidió reunirse en forma separada con los cancilleres de Rusia y Ucrania, Serguéi Lavrov y Dmytro Kuleba respectivamente, con el objetivo de reforzar la seguridad de las instalaciones nucleares del país, que dispone de 15 reactores y varios almacenes de residuos. A partir de estos encuentros quedó plasmada una voluntad de diálogo para que no se concreten nuevos ataques a instalaciones nucleares. «Ucrania es uno de los países más nucleares de Europa, junto a Francia y Bélgica. De los 15 reactores, 6 están en Zaporiyia. Al comienzo de la guerra, Ucrania tenía el 54 por ciento de su generación eléctrica vía nuclear. Además de exportar uranio y minerales, la energía eléctrica que se produce por la energía nuclear es barata y segura», señaló el especialista de la CNEA.  

El pasado 4 de marzo, las fuerzas rusas atacaron la central nuclear de Zaporiyia y a las pocas horas se hicieron con su control.

Cabe destacar también que la central de Chernóbil, hoy paralizada, pero con el reactor accidentado cubierto por un enorme sarcófago, también se encuentra bajo ocupación rusa desde el 24 de febrero. Estos ataques tendrían la intención de cortar el suministro de electricidad en el área circundante. En tanto, el presidente de Rusia Vladimir Putin justificó esta medida como parte de evitar “provocaciones por parte de neonazistas o terroristas ucranianos, que podrían tener consecuencias devastadoras”.

La tensión en la zona donde se produjo la mayor catástrofe nuclear de la historia creció a medida que se produjeron nuevos enfrentamientos, con un consiguiente aumento de los niveles de radiación que finalmente permanecieron bajos y no representaron ningún peligro para las personas, según informó la OIEA.

Si bien todo indica que los incidentes en las inmediaciones de las centrales nucleares podrían decrecer a partir de ahora, el daño -que siempre puede ser mayor- ya está consumado. «Ambos países en conflicto saben que el ataque a una instalación nuclear es considerado un crimen de guerra. Por lo que una vez finalizada ésta, deberán verse frente a tribunales internacionales», concluyó Aníbal Blanco.

Compartí

Comentarios

Sebastián Furlong

Estudié en la UBA, pero el adn de periodista lo construí pateando la calle. Sigo la agenda popular y analizo la política todos los días para aportar al quehacer colectivo. Recorrí una partecita de Latinoamérica y en Madrid toqué el cielo con las manos.