«La unidad del peronismo no es otra cosa que la perfecta inmovilidad»

🧐 Alejandro Horowicz, autor de "Los cuatro peronismos", charló con El Grito del Sur sobre el presente y futuro de la alianza del Frente de Todos, y los últimos movimientos de la oposición. "Para el gobierno es más fácil acordar con parte de la oposición que con parte del oficialismo", asegura.

Ensayista y Doctor en Ciencias Sociales, Alejandro Horowicz es un destacado intelectual argentino que se formó en la llamada izquierda nacional junto a Jorge Abelardo Ramos. Su escrito más conocido ha sido «Los cuatro peronismos» (1985), donde caracteriza al peronismo como una sucesión de distintas etapas: el peronismo fundacional de 1945 a 1955; el peronismo de la resistencia y de la burocracia sindical; el peronismo de la juventud y el regreso de Perón; y, finalmente, el peronismo de la disolución y la descomposición bajo el gobierno de Isabel Martínez de Perón.

En una entrevista con El Grito del Sur, Horowicz define al gobierno de Alberto Fernández como «el cuarto peronismo» y plantea que éste «no corrió ni un solo milímetro» la política de Mauricio Macri. «El Frente de Todos es una alianza ejecutada bajo ningún programa. Es una alianza cuyo único objetivo es ganar las elecciones. Y ellos pueden estar juntos para lograr ese único objetivo. A la hora de la verdad, unos piensan que hay que acordar con el Fondo y otros piensan que no», cuestiona. Y lanza una advertencia a futuro respecto a la oposición: «Basta mirar el tono girado a derecha del discurso político en Argentina para entender que Milei tira a Patricia Bullrich y Patricia al resto».

¿Cómo caracterizás a este peronismo del gobierno de Alberto Fernández?

Este es el cuarto peronismo, claramente. Ya ni siquiera tiene la música del tercero. El cuarto peronismo es un peronismo sin tarea histórica, simplemente se tiene que acomodar a los ajustes que impone el mercado mundial. En consecuencia, no puede tener un nuevo programa para la sociedad argentina porque el paradigma general en este momento está organizado del siguiente modo: lo que hoy es bueno para las empresas, es bueno para el país. Y como para las empresas lo único bueno es aumentar la rentabilidad, todo aquello que de algún modo ataque la rentabilidad empresarial es un ataque al país mismo. Ya no se trata de que exista alguna clase de proyecto nacional, de sustitución de importaciones o el que fuere, sino que el único proyecto nacional es la rentabilidad empresarial. Por lo tanto, existen objetivos nacionales: negocios de empresas en el mercado interno que están vinculadas al mercado mundial. En esos términos, la fuga de capitales es parte estructural de las necesidades del sistema financiero internacional. El resultado es que hoy el 50 por ciento de la población argentina es pobre. Macri determinó la política de Alberto Fernández y éste no la corrió ni un milímetro.

¿Qué elementos simbólicos y políticos aparecen provenientes de la etapa kirchnerista (2003-2015) y qué otros se han incorporado como insignia del albertismo desde 2019 hasta la actualidad?

El elemento simbólico es que existe una base militante, pequeña pero viva, que tiene una capacidad dinámica significativa y que es la más importante de las bases militantes existentes en la Argentina en este momento. Esa base militante es capaz de hacer una crítica verbal, es decir, puede decir ¨ésta no es nuestra música y tampoco nuestra letra¨. Esto muestra qué significa la unidad: la unidad del peronismo no es otra cosa que la perfecta inmovilidad. En estos términos, la inmovilidad -dentro de una estructura en crisis y en caída libre- significa la acentuación de todos los problemas estructurales: la deuda, la inflación, la regresiva distribución del ingreso y la comprensión que de ninguna manera una burguesía como la actual va a aceptar por acuerdo una redistribución que favorezca a los asalariados. Esa es una idea que solo se le puede ocurrir a Alberto Fernández. 

Hablabas recién de inmovilidad. ¿Por qué la alianza del Frente de Todos posee severas dificultades para desarrollar su gestión en términos políticos, económicos y sociales?

Porque es una alianza ejecutada bajo ningún programa. Es una alianza cuyo único objetivo es ganar las elecciones. Y ellos pueden estar juntos para lograr ese único objetivo. A la hora de la verdad, unos piensan que hay que acordar con el Fondo y otros piensan que no. Los que piensan que hay que acordar con el Fondo, es difícil que puedan cogobernar con quienes creen lo contrario. La idea de que se puede hacer una unidad alternativa, que no sea una unidad programática -con objetivos precisos y delimitados-, no es una buena idea. Bajo la responsabilidad directa de Cristina Fernández de Kirchner, se hizo en esos términos. 

¿Qué análisis haces de lo ocurrido recientemente en el Congreso con la votación por el acuerdo con el FMI? ¿Hubo ganadores y perdedores?

No cabe ninguna duda de eso. Para esta política del gobierno nacional, es más fácil acordar con parte de la oposición que con parte del oficialismo. Cuando los propios del Congreso no votan una política del Ejecutivo, rompen con el Ejecutivo. Uno puede vestir discursivamente cómo mejor le parezca esto, ese es otro problema. Pero creer que forman parte de un mismo gobierno porque tienen funcionarios que van al mismo edificio, es una ingenuidad.

«Los que piensan que hay que acordar con el Fondo, es difícil que puedan cogobernar con quienes creen lo contrario». Fotos: Juan Obregón (Perfil)

¿Qué implicancias tiene para el Gobierno haber votado con la oposición un proyecto de ley de esta magnitud?

Queda claro que para gobernar necesita de esa oposición y que el impedimento para esto es aquellos que resisten esa política.

¿Cuál es el rol que juegan los gobernadores y el massismo teniendo en cuenta la actual correlación de fuerzas que sostiene al Presidente?

El papel de los gobernadores siempre tiende a ser sobreestimado. Cuando se hace una lectura puramente institucional, como los gobernadores tienen senadores y diputados -éstos votarían lo que los gobernadores quieren-, esto es una cosa absolutamente relativa. Basta ver la distribución del ingreso nacional, el presupuesto nacional y la coparticipación federal -que es la forma en que los gobernadores asumen su cuota de poder- para entender que su poder es muy pequeño. Es un poder que se puede ejecutar en determinadas condiciones y una sola vez. Por lo tanto, se trata de un forcejeo que termina con alguna gragea que el Ejecutivo tira como adelanto transitorio del Tesoro y chau.

¿Qué riesgos y fortalezas entraña la postura de Máximo Kirchner y el camporismo pensando en el futuro cercano hacia 2023?

La postura de Máximo Kirchner es la postura de la gestualidad, de la música, de marcar que ¨esto no¨. Estos gestos se llenan o no de contenido si uno tiene una propuesta a continuación del gesto. Si el gesto muere en gesto, es eso.

En una entrevista con Perfil de octubre 2021, dijiste que «si el peronismo no tuerce este camino, 2023 es de Milei y Patricia Bullrich». ¿Por qué excluiste tanto a Mauricio Macri como Horacio Rodríguez Larreta de esta carrera presidencial?

No los excluí, simplemente di el tono. Basta mirar el tono girado a derecha del discurso político en Argentina para entender que Milei tira a Patricia Bullrich y Patricia al resto. Este no es un fenómeno argentino simplemente, sino que se relaciona con el modelo de derecha que podemos ver por ejemplo en Francia donde Le Pen no gana las elecciones pero corre todo el discurso político a la derecha, organiza la agenda de las elecciones. Esa es la victoria estratégica de la hegemonía de una corriente. Lo que se puede saber hoy es la orientación política de quienes encabecen.

«Basta mirar el tono girado a derecha del discurso político en Argentina para entender que Milei tira a Patricia Bullrich y Patricia al resto». Fotos: Juan Obregón (Perfil)

La imagen de Alberto Fernández se encuentra en caída constante; sin embargo, el Presidente deslizó que irá por la reelección. ¿Vislumbrás alguna figura que pueda constituirse en sucesora y renovar las expectativas en el electorado del Frente de Todos?

Eso forma parte del horóscopo político, actividad a la que yo no me dedico. Lo que quiero decir es lo siguiente: un presidente no puede no plantearse -cuando esto es legalmente posible- que no va a volver a ser presidente. Sino estamos en la tesis del patito rengo: si un gobierno está imposibilitado de hacer por la propia estructuración, lo cual lo empuja hacia la inmovilidad, y se suma un presidente que no puede reelegir, es un gobierno que ya no puede hacer prácticamente nada. Por lo tanto, Alberto Fernández no tiene ninguna otra posibilidad política que insistir en que él va a ser candidato.

La post-pandemia ya arrancó, pero el humor social muestra un fuerte descontento y la situación de conflicto bélico no resulta favorable. ¿Qué posibilidades reales hay de que el peronismo cierre filas nuevamente de cara a 2023 y, al mismo tiempo, logre avanzar en medidas redistributivas que permitan una reconciliación con sus votantes?

Que no se avanza en dirección a medidas redistributivas lo muestran las últimas paritarias, que se cerraron casi todas por debajo de la inflación. Esto es clarísimo. Segundo, la idea de que el peronismo puede permanecer unido es una fantasía literaria: el peronismo está partido en pedazos. La idea de que esos pedazos pueden recomponerse otra vez -en dirección a las elecciones del 2023- es la idea del 2019. Está claro que eso ya no funciona más. No me puedo imaginar a Máximo Kirchner sentándose una vez más, después de haber dicho lo que dijo. Es más fácil que Alberto Fernández arregle con segmentos del radicalismo que con Máximo Kirchner. Y es más fácil que esos segmentos del radicalismo arreglen con Alberto Fernández que con Macri. Hay una tendencia general a la dispersión política que va a quebrar no solo al Frente de Todos -que ya está quebrado- sino también a quienes no gobiernan. Vemos cómo la política extra discursiva gobierna la política discursiva y la somete.

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Sebastián Furlong

Comunicación (UBA). Periodista hecho desde abajo, con los pies en el barro. Fanático del fútbol y analista de la política.