La urbanización hace aflorar los sueños del San Isidro humilde y trabajador

🛠️🔧 A partir de las obras impulsadas por la Secretaría de Integración Socio Urbana, conducida por Fernanda Miño, y la labor del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), el barrio popular Sauce en la localidad de Beccar logró mejorar su calidad de vida. El impacto del plan Mi Pieza y las nuevas instalaciones eléctricas.

En el coqueto camino que va desde la Panamericana Ramal Tigre hasta la Costanera del Río de la Plata, a la altura de Beccar (San Isidro), unas casitas humildes con techo de chapa iluminan en forma distinta el paisaje y contrastan fuertemente con las suntuosas mansiones que caracterizan a la zona. Al doblar por la calle Onelli se accede al Sauce, un barrio popular que -de acuerdo con datos del Registro Nacional de Barrios Populares (Renabap)- alberga a 286 familias y se ubica a escasas diez cuadras del Barrio La Cava.

Al igual que La Cava, territorio mucho más grande y urbanizado en menor medida, el Sauce es una gota de agua en medio del desierto de los chetos. Una iglesia evangélica, un centro de atención primaria de la salud, un mercado de abasto y una biblioteca popular a la redonda. Esta última, denominada Club de Madres Barrio Sauce, oficia como lugar de encuentro y punto de partida de este cronista para ingresar en los pasillos angostos del barrio.

Ahí la caminata es precavida y la desprolijidad de los cables colgando parecen aves que circulan de un lado para el otro; no obstante, expresan un alto grado de precariedad que se ha traducido en incendios o accidentes. A simple vista se advierte que las vecinas y los vecinos están curtidos: eso no lo posibilitó ningún saber ancestral, sino haber atravesado cuatro años de macrismo y dos de pandemia.

El Sauce es un barrio popular que -de acuerdo con datos del Renabap- alberga a 286 familias y se ubica a escasas diez cuadras del Barrio La Cava.

Además se suman casi 40 años de possismo, una administración municipal heredada de padre a hijo pero que jamás viró su signo derechista. El contexto económico sigue siendo apremiante, pero ahora el Estado empezó a mostrar cierto dinamismo que lo volvió a convertir en un actor relevante y estimado por la vecindad.

La Secretaría de Integración Socio Urbana (SISU), conducida por la dirigente social Fernanda Miño, puso en marcha obras históricamente postergadas y que se tradujeron en mejor calidad de vida para la gente del barrio. Esta labor no fue realizada en solitario, sino que tuvo la activa participación de distintas cooperativas nucleadas en la rama Construcción del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE). En el marco del Proyecto de Obras Tempranas, se llevaron a cabo nuevas instalaciones eléctricas en 145 casas del barrio Sauce.

Natalia López, una de las vecinas beneficiadas, explica a El Grito del Sur que «antes tenía una sola térmica para toda la casa y a cada rato se me cortaba la luz. Por suerte nunca se me quemó nada, pero con la conexión anterior hasta los enchufes se derretían. Ahora anda todo mucho mejor».

«Tenía los cables y la chapa juntos, todo suelto. Mi principal temor era que se incendiara todo. La nueva colocación fue excelente. Me siento mucho más tranquila y segura ahora», cuenta por su parte Graciela Escobar, de 47 años, que se muestra admirada por el trabajo cotidiano del MTE.

Natalia López, una de las vecinas beneficiadas por las nuevas instalaciones eléctricas.

Si bien hay dificultades que son comunes, incluso en el Sauce las trayectorias son distintas: mientras Natalia tiene la posibilidad de estudiar abogacía en la universidad y soñar con un futuro mejor, Graciela se encuentra sin trabajo y afronta la titánica tarea de mantener a cuatro hijos. El día a día se torna impredecible y cuesta arriba, la comida brilla muchas veces por su ausencia.

Para muchas de estas familias, la presencia del Estado es indispensable y uno de los pocos motivos de esperanza. El rol de la SISU dentro del Ministerio de Desarrollo Social, en ese sentido, es fundamental: gracias a los ingresos provenientes del Aporte a las Grandes Fortunas y del impuesto PAIS, ya se invirtieron 108 mil millones de pesos en integración de los barrios populares (obras de urbanización, lotes con servicios y Mi Pieza), de los cuales 102 mil millones corresponden al Fondo de Integración Socio Urbana.

Otra de las políticas que se pusieron en marcha es el plan Mi Pieza, dirigido exclusivamente a mujeres de barrios populares relevadas en el Renabap y que brinda a las beneficiarias sorteadas un monto de hasta 240 mil pesos para refaccionar sus hogares. El objetivo del programa es integrar barrios populares con obras de urbanización, lotes sociales con servicios y masivos mejoramientos habitacionales. A nivel nacional, más de 150 mil mujeres están mejorando sus viviendas con Mi Pieza. «Estos proyectos generan trabajo en nuestros barrios y garantizan derechos a las familias más humildes de nuestro país», destaca Fernanda Miño. 

«Con Mi Pieza pudimos arreglar un piso que se nos había derrumbado y comprar cerámica, machimbre y arreglar el cuarto del fondo. Todavía tengo que mejorar la chapa porque me filtra cuando llueve», dice Haydeé Alderete, quien vive apretada junto a 5 familias en un espacio muy reducido. Respecto a los beneficios del programa, no duda y sentencia: «Fue una bendición tremenda».

«Con Mi Pieza pudimos arreglar un piso que se nos había derrumbado», dice Haydeé Alderete.

El cielo está gris oscuro y a lo largo de la caminata no aparecen indicios de que el sol vaya a asomar. Lejos del estigma que acecha a las y los habitantes de barrios populares cada vez que se discuten los «planes sociales», predominan quienes trabajan en el barrio -haciendo changas, trabajo doméstico o vendiendo cosas- y quienes se van más lejos para conseguir el pan necesario de cada día. La tranquilidad de la zona -en lo que fue un lunes cualquiera- es testigo de esta voluntad trabajadora, que a pesar de tener en muchas ocasiones el viento en contra sabe cómo sobreponerse y deposita en políticas de Estado el sueño de tener una vivienda digna y de una Argentina más justa.

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Sebastián Furlong

Estudié en la UBA, pero el adn de periodista lo construí pateando la calle. Sigo la agenda popular y analizo la política todos los días para aportar al quehacer colectivo. Recorrí una partecita de Latinoamérica y en Madrid toqué el cielo con las manos.