«Las calles han resurgido y la voluntad popular se va a imponer»

🧐 El reconocido historiador Norberto Galasso analizó en diálogo con El Grito del Sur las jornadas de movilización ciudadana en respaldo a CFK y su posible candidatura presidencial. "Es imposible acallar la voz del pueblo con proscripciones", asegura.

Historiador con más de 50 ensayos escritos y riguroso conocedor del peronismo, Norberto Galasso conserva -a sus 86 años- una lucidez extraordinaria para analizar el pasado y el presente. En diálogo con El Grito del Sur, señala que el intento actual de encarcelar y proscribir políticamente a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner le recuerda a las épocas oscuras en que los sectores más conservadores intentaron desterrar al peronismo de la escena pública con golpes militares y violencia política.

“Es imposible acallar la voz del pueblo con proscripciones. Las minorías quieren mantener sus privilegios, pero deben aceptar que la democracia significa el gobierno del pueblo”, señala Galasso en una entrevista en profundidad con este medio. El historiador habla sobre las jornadas de movilización ciudadana de los últimos días en respaldo a CFK, de la unidad del peronismoy de la posibilidad de transformar estos ataques violentos en futuros éxitos políticos de cara a las elecciones presidenciales de 2023. 

Entre 1955 y 1973, pese a la proscripción y el exilio de Juan Domingo Perón se mantuvo firme la presencia de esta corriente política masiva. Hoy, casi 50 años más tarde, sectores del establishment político, mediático y judicial insisten con encarcelar a la principal dirigente del peronismo, Cristina Fernández de Kirchner. ¿Qué consecuencias sociales y políticas puede traer esta nueva estrategia de exclusión?

La actitud común de las minorías enriquecidas es buscar estas proscripciones cuando no pueden ganarle las elecciones al movimiento popular con sus partidos representativos. Esa proscripción, que es falsear la democracia, provoca a la larga o a la corta la ilusión de los sectores populares que quieren expresarse. Aquello ocurrió entre 1955 y 1973 con el Cordobazo, las huelgas y la reacción de sectores juveniles que adoptaron la metodología de la guerrilla para enfrentar esta situación anómala. Es imposible acallar la voz del pueblo con proscripciones. Las minorías quieren mantener sus privilegios, pero deben aceptar que la democracia significa el gobierno del pueblo. Ante la posibilidad de que Cristina pueda candidatearse y ser presidenta, recurren a una especie de Partido Judicial que ha inventado una serie de causas para generar un intento de proscripción. Los historiadores no podemos predecir lo que va a pasar, pero ya hace una semana que sectores populares están rodeando la casa de Cristina planteando que debe ser presidenta. En última instancia, ella va a decidir si es lo que corresponde. Lo que sabemos es que las calles han resurgido y la voluntad popular se va a imponer.

Fotos: Diego Martínez / Tiempo Argentino

¿Por qué ocurre esta reacción anti-peronista que aflora con fuerza en diferentes coyunturas históricas y que hoy busca proscribir?

Las minorías tuvieron privilegios durante mucho tiempo, especialmente en la Década Infame (1930-1945). A partir de esa época empezaron a perder privilegios, porque cuando iban a un restaurante tenían que compartir con gente del pueblo o lo mismo cuando iban a tomar un taxi. Todo eso generó que a través de los medios de comunicación de la época -La Prensa y La Nación- realizaran una crítica permanente sobre este avance de derechos, junto a los intereses extranjeros que se vieron perjudicados por esta política nacional. Los privilegiados nunca pudieron soportar esta situación y en sectores de clase media se creó un furioso anti-peronismo a partir de fábulas sobre Perón y Evita, que no se sustentan en argumentos claros.

¿Cómo se explica el hecho de que casi todo el arco del peronismo, incluyendo a gobernadores y la CGT, haya salido a denunciar el lawfare y respaldar a la actual vicepresidenta a pesar de las visibles diferencias?

Como todo movimiento amplio, el peronismo tiene sectores que quieren avanzar en transformaciones radicales -en el sentido de profundas- y otros que son moderados en sus posiciones. El peronismo es un río que arrastra elementos muy valiosos, pero también traidores. Frente al peligro del enemigo común, dado que dirigentes de Juntos por el Cambio han hablado de sacar por ejemplo el aguinaldo o de achicar los sindicatos, se produjo nuevamente la unión entre sectores que tienen algunas diferencias, pero que saben que lo peor sería un nuevo gobierno macrista. Ellos saben que la única forma de parar eso es con Cristina, la única dirigente del peronismo con suficiente apoyo popular para ganar las elecciones.

Este escenario se combina con un ajuste ortodoxo en curso que encabeza el ministro Sergio Massa, en línea con los dictados del FMI. ¿Es posible transformar los ataques violentos sobre la vicepresidenta en éxitos políticos mientras se profundice este plan económico?

Evidentemente ahí hay una contradicción. Se produce el resurgimiento del movimiento popular en un momento en que los precios de los artículos de primera necesidad se van por las nubes y las mayorías trabajadoras tienen dificultades para llegar a fin de mes. Esas dos cosas no se compaginan. Lo que pasa es que el país quedó endeudado terriblemente en la época de Macri y se destruyeron miles de empresas. El gobierno de Alberto Fernández intentó poner en marcha algunas medidas para revertir esta situación, pero esto terminó siendo muy limitado en un contexto de pandemia y luego de guerra. Estamos frente a una especie de desacople entre la política económica que puede formular Massa como una salida, que a lo sumo puede estabilizar e ir mejorando de a poco la situación, y el entusiasmo popular de esta última semana hacia la única dirigente que les transmite confianza. Esta contradicción es casi inevitable, porque hace aproximadamente un mes estábamos al borde de una devaluación.

Fotos: Diego Martínez / Tiempo Argentino

La sociedad continúa polarizada, pero con la llegada de Sergio Massa al Ministerio de Economía se apuesta otra vez por una figura de centro. ¿Por qué suele fracasar este intento de convertir al peronismo en un componente moderado del sistema institucional?

La crisis es muy profunda. En un país donde hay más del 40 por ciento de pobreza y donde hay provincias hundidas en la miseria, no se puede formular un programa moderado. Incluso Alberto Fernández intentó el diálogo, pero los sectores especulativos -alineados al capital extranjero y a las figuras más poderosas de la Argentina- rechazaron este consenso. Un peronismo moderado terminará como Pichetto, dejando de ser peronista, pasándose hacia el otro bando. No hay que tener compasión con los enemigos que infunden mentiras absolutas, eso quedó claro por ejemplo con el alegato de Luciani donde no dio una sola prueba para justificar la condena. El cambio tiene que ser profundo, hay que depurar la Justicia porque dicho poder está gobernando el país en perjuicio de las grandes mayorías de la población.

Teniendo en cuenta la compleja coyuntura y a poco más de un año de las elecciones presidenciales, ¿de qué forma pueden las fuerzas nacionales y populares que hoy integran el Frente de Todos salir de la actual encerrona política y económica?

La dirigencia del movimiento tiene que adoptar las medidas necesarias para frenar los aumentos de precios. Algo principal es que los salarios se recuperen, puesto que ya perdieron un 20 por ciento de su poder adquisitivo real durante el gobierno de Macri y han seguido perdiendo con este gobierno. No tiene sentido ver a algunos señores cenando amablemente con el Presidente de la Nación y al otro día pasando a todas sus sucursales un listado con aumentos de precios. Se están burlando, es lo que hizo Braun cuando estalló a carcajadas frente a sus amigos. Hoy se remarca todo, menos los salarios que corren por detrás de los precios. Eso hay que resolverlo cuanto antes para poder obtener un triunfo electoral en el año 2023.

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Sebastián Furlong

Estudié en la UBA, pero el adn de periodista lo construí pateando la calle. Sigo la agenda popular y analizo la política todos los días para aportar al quehacer colectivo. Recorrí una partecita de Latinoamérica y en Madrid toqué el cielo con las manos.