El intento de magnicidio y la crisis histórica de la verdad

😱 El intento de magnicidio contra la vicepresidenta también suscitó actitudes negacionistas por parte de sus habituales detractores políticos. ¿Por qué se impone la posverdad incluso en circunstancias de este tipo?

Increíble, pero real. El intento de magnicidio contra Cristina Fernández de Kirchner suscitó sospechas por parte de sus habituales detractores políticos: lejos de conmocionarse por el alcance del hecho, cierta masa incrédula planteó desde un primer momento que se trató de algo «armado» y que la vida de la vicepresidenta jamás corrió peligro. Nuevamente, para sorpresa de extraños, la política de la posverdad revela que los datos objetivos -un sujeto armado y gatillando sin éxito a pocos centímetros de CFK- tienen menos importancia para este sector que las opiniones y emociones que suscita.

Duele escuchar este tipo de opiniones negacionistas en un contexto de alto riesgo para la democracia argentina. Más si provienen de familiares o amigxs. Lo cierto es que dichas afirmaciones se sustentan en discursos de odio que se han instalado desde comienzos de la década pasada en la agenda pública local, los cuales circulan tanto en medios de comunicación tradicionales colonizados por el poder económico como en las redes sociales donde un grupo de «influencers» ultra-derechistas obtuvieron creciente popularidad. La principal característica de estas manifestaciones políticas es que se nutren de noticias falsas y mentiras infundadas, que han profundizado la llamada «grieta» a partir de una fuerte demonización de las identidades políticas kirchnerista y de izquierda.

Lamentablemente, la creencia negacionista de un sector minoritario -pero intenso a la vez- viene siendo moneda corriente cada vez que se presenta un suceso de magnitud. Ocurrió con la llegada de la pandemia y la declaración de la cuarentena obligatoria, cuando un grupo de energúmenos salió a las calles para reclamar por las libertades y el fin de la «dictadura sanitaria». Fueron los mismos que intentaron boicotear la vacunación contra el COVID-19, si bien el grueso de la sociedad les dio en ese momento la espalda. Sin embargo, estos grupos libran en forma incansable la batalla cultural con el objetivo de incidir en el resto y esta vez se encuentran en mejores condiciones que en anteriores períodos históricos.

El intento de magnicidio contra Cristina Fernández de Kirchner suscitó sospechas por parte de sus habituales detractores políticos.

Muestra de ello es el crecimiento en las encuestas de Javier Milei, actual diputado nacional y fiel representante político de este sector, y de la activa vida política de la mediática Amalia Granata. «Todo armado que pantomima!!! ya no saben que hacer para victimizarla ! Y para q suba en las encuestas ! demasiados obvios. Se les acaba la joda del choreo y la corrupción. Vamos argentina que podemos salir adelante sin estos delincuentes», dijo ayer en tono polémico (y repudiable) la diputada provincial de Santa Fe.

La verdad está en crisis. Después de lo ocurrido anoche en Recoleta, queda claro que un núcleo relevante de la sociedad -proveniente principalmente de sectores de clase media y alta- jamás va a creer en cosas que provengan de Cristina. La culpa siempre va a ser de ella. Producto de ideas preconcebidas (y arraigadas en su particular visión del mundo), estos sujetos y sujetas siempre van a encontrar el modo de hacer encajar la realidad a su antojo, cuestión que por otro lado habilita la mentira. A pesar de que existe una marea informativa las 24 horas del día, la posverdad se impone y da la respuesta: las pocas «noticias» que quedan en la mente son las que confirman lo que ya pensamos. Todo esto supone un grave riesgo para el funcionamiento de la democracia, puesto que a la corta o a la larga termina justificando cualquier tipo de metodología -violenta inclusive, como se vio ayer- para que estos grupos impongan su propia «verdad».

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Sebastián Furlong

Estudié en la UBA, pero el adn de periodista lo construí pateando la calle. Sigo la agenda popular y analizo la política todos los días para aportar al quehacer colectivo. Recorrí una partecita de Latinoamérica y en Madrid toqué el cielo con las manos.