La Selección Argentina como política de la esperanza

🇦🇷 En Qatar 2022 se juegan las ilusiones de millones de argentinos y argentinas. Frente a la resignación y el pesimismo que imperan actualmente en la sociedad, el sentimiento asignado al Mundial de Fútbol -un juego al fin- representa una salida emocional por demás arriesgada.

«Aquí sólo se habla de Qatar». Un grupo de amigos varones, que habitualmente discuten sobre fútbol argentino, rebautizan el nombre de su grupo de Whatsapp para aclarar que sus conversaciones tendrán un carácter monotemático a lo largo de noviembre y diciembre: el Mundial de Fútbol. No son los únicos trastocados por este evento internacional, sino que esta sensación alcanza incluso a quienes no se suelen interesar por la pasión futbolera. Escuelas, bares, clubes y oficinas de trabajo combinan desde juegos lúdicos hasta debates irracionales sin otra finalidad que elucubrar posibles resultados y futuros cruces entre seleccionados.

Desde antes de su llegada a Medio Oriente, la Selección Argentina abraza una ilusión pocas veces vista. Las expectativas desmedidas se habían caído de un plumazo tras el inesperado traspié contra Arabia Saudita, cual si fueran acciones de bolsa, pero ahora se van recomponiendo progresivamente en una escalada triunfal que ya depositó a la Scaloneta en los octavos de final. Si se observa el rendimiento colectivo mostrado contra Polonia, sobran razones para esperanzarse: Messi iluminado, Enzo Fernández a todo ritmo, Julián Álvarez encontrándose con el gol en el momento indicado. Al compás del buen juego, no caben dudas que la mejor defensa es un buen ataque y la Argentina logró este cometido con creces.

La Selección genera esperanza. ¿Y qué es la esperanza? En términos generales representa el conjunto de vivencias o experiencias fundamentales que movilizan los resortes de la vida y además suscitan las cuestiones del sentido. Desde una concepción religiosa depende de la fe en Dios -como ente creador y ser absoluto- y de la posibilidad de esperar cosas mejores en un «más allá». Desde una reinterpretación no religiosa, en tanto, se cree que la esperanza es más hija de la insatisfacción y el deseo que del miedo y la ignorancia.

De acuerdo con diferentes encuestas y sondeos de opinión pública en nuestro país, la decepción es moneda corriente y lleva a un panorama de ausencia total de expectativa de futuro. «Hay estudios que hablan de haber atravesado las cuatro etapas del duelo para, finalmente, asentarse en la de aceptación de la pérdida, es decir la resignación», señala una nota reciente de Página/12. Como el macrismo y el kirchnerismo habrían fracasado a la hora de generar expectativas positivas, existiría un humor social atravesado por la idea de que el futuro sólo será peor.

Foto: Franco Fafasuli / Infobae

Cuando existe angustia y apatía generalizada sobre lo que ocurrirá en el futuro, lo cual no puede achacarse exclusivamente al rol del gobierno actual sino que tiene su origen en el préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI) otorgado al expresidente Mauricio Macri en 2018, la actuación de la Selección Argentina en un Mundial de Fútbol puede convertirse en política de la esperanza. Esto parte de una percepción subjetiva basada en datos objetivos previos -en este caso la gran cantidad de partidos en que la Scaloneta mantuvo su invicto- que le darían sustento: lo real abierto a lo posible, lo posible preparado o anidado en lo real. 

¿Tiene un riesgo apostar a esta utopía concreta? Sin lugar a dudas que sí. El principal es una población que pase de la esperanza a la desilusión en cuestión de minutos. Al fin y al cabo se trata de un juego y sus resultados son impredecibles. La Universidad de San Andrés relevó que un 70 por ciento de los argentinos y las argentinas consideran el certamen de selecciones como «muy importante» para la sociedad, mientras que el 21 por ciento cree que es «algo importante». Y la política toma nota de esto: mientras Macri dejó de mostrarse en fotos desde Qatar tras ser tildado de «mufa», el propio presidente Alberto Fernández lo sigue desde la residencia de Olivos y aprovecha para mostrar en redes sociales a su bella familia (quizás el último activo que le queda).

Por ahora la Selección sigue, la Patria también.

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Sebastián Furlong

Estudié en la UBA, pero el adn de periodista lo construí pateando la calle. Sigo la agenda popular y analizo la política todos los días para aportar al quehacer colectivo. Recorrí una partecita de Latinoamérica y en Madrid toqué el cielo con las manos.