«Buscamos justicia para que esto no pase más»

🏫 Un reciente allanamiento demostró el paso del sacerdote César Fretes por el Colegio del Salvador, donde habría vulnerado la intimidad de más de 40 estudiantes de entre 10 y 12 años. “Las autoridades fueron encubridores y partícipes necesarios para que eso ocurriera”, aseguró Pablo Vío, ex alumno de la institución.

Entre noviembre y diciembre de 2022, un conjunto de ex alumnos del Colegio del Salvador –ubicado sobre la Avenida Callao y Lavalle de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires– realizó ante la UFEM (Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres del Ministerio Público Fiscal de la Nación) una denuncia contra los directivos Luis Rafael Velasco (Provincial de la Compañía de Jesús y ex rector del colegio), Andrés Aguerre (actual rector de la Universidad Católica de Córdoba y ex rector del colegio), Alfonso José Gómez (Superior Provincial de la Provincia Argentino Uruguaya de Compañía de Jesús entre 2003 y 2009), Ricardo Moscato (ex rector y vicerrector del colegio), y Álvaro Pacheco (delegado del Provincial para la prevención y denuncias de abusos en la Compañía de Jesús en Argentina y Uruguay), por ser responsables, ocultar y solapar reiterados abusos sexuales que se cometieron en el instituto cuando eran menores.

La investigación quedó a cargo del Juzgado en lo Criminal y Correccional N°59 -a cargo de Alfredo Godoy- y la Fiscalía N°2 que encabeza Santiago Vismara, que como primera medida llevaron a cabo un allanamiento en la institución el pasado viernes 10 de marzo donde constataron el paso del sacerdote César Fretes por la institución, a la que ingresó en 1995 y desde donde vulneró la intimidad de más de 40 estudiantes de entre 10 y 12 años.

“Son documentos importantes, porque prueban y dan a conocer lo que venimos reclamando: las autoridades se enteraron previamente de las conductas abusivas de Fretes y no hicieron nada al respecto sino que fueron responsables, encubridores y partícipes necesarios para que nos pasara lo que nos pasó”, expresó Pablo Vío, ex alumno, denunciante y sobreviviente en diálogo con El Grito del Sur. 

“También muestran que ante las denuncias de padres el abusador volvió a ir al Colegio años después y no se hizo nada al respecto. Y no sólo eso, se lo trasladó a Mendoza donde estuvo en contacto con jóvenes”, señaló Vío respecto del religioso que murió en 2015.

“Empezar a buscar respuestas”: la confianza y amistad destaparon silencio

Pablo y Gonzalo Elizondo fueron los primeros en hacer públicas sus historias en julio del año pasado. “Si bien siempre supimos que había más víctimas, no teníamos dimensión de la cantidad ni de la gravedad de tantos casos. A raíz de poder hablar, comenzamos a conocer muchísimas historias de chicos que pasaron por lo mismo y en muchos casos, era la primera vez que lo podían hablar”.

Más allá del dolor, la convicción de saber que existen responsables directos además del abusador, los impulsó a “seguir con mucha más fuerza” y acompañados de otros ex estudiantes presentaron la denuncia que cuenta con el patrocinio de los abogados Pablo Mayer, César Mayer y Carlos Lombardi.

“Hubo gente que permitió que un pedófilo tuviera las puertas abiertas de un colegio para abusar sin ningún tipo de consecuencia. Lo hizo durante años, con un montón de chicos, y alertados previamente por la situación las autoridades de ese entonces prefirieron callar. Eso obviamente es lo que nosotros no logramos entender: cómo se le permitió continuar cerca de nosotros aún sabiendo la gravedad de sus actos, y lo que se podría haber evitado obviamente si se hubiera actuado como corresponde”, afirmó Pablo.

Colegio del Salvador

Gonzalo y Pablo se conocen desde niños y defienden su vínculo como hermanos, una fraternidad que los contuvo, que les creyó. “Pienso que de esa confianza y amistad, es que esto se destapó y nos permitió transitar este largo y doloroso camino juntos. Empezamos charlando del tema. Él se abrió conmigo una vez, y yo al escuchar su relato me di cuenta que no había sido el único. Sin él, no podría haber hecho esto y supongo que para él es igual. Eso nos unió, y nos dio muchísima más energía para empezar a buscar respuestas. Primero dentro de la institución (donde obviamente prefirieron darnos la espalda) y ahora en la Justicia”, aseguró con la fortaleza puesta en lo que vendrá.

¿Cómo sigue funcionando el Colegio Del Salvador y su estructura eclesial?

Actualmente Pablo tiene 32 años. Desde sus 4 hasta quinto año del secundario, asistió al instituto que abarca la totalidad de la Avenida Callao. “Disfruté mucho mi tiempo allí y a su vez también me ayudó a crecer, a conocer a muchos de mis amigos de hoy en día y a formarme. Pero eso no quita que lo que me sucedió a mí y a tantos otros chicos dentro de la institución fue gravísimo y seguramente haya tenido muchas consecuencias en nuestro posterior crecimiento y maduración. Porque si bien tuve una adolescencia a la que le tengo mucho cariño, también entiendo que lo que pasó me marcó e hizo que muchos de esos recuerdos hoy se vean manchados”, mencionó. 

Pasaron veinte años de su primaria, de las primeras veces que habló. ¿Qué cambió desde entonces? “El Colegio sigue como si nada”— visibilizó— “En ningún momento se comunicaron con nosotros, ni para escucharnos ni para pedirnos disculpas. Hay cierto nivel de cinismo y también de ‘cuidar su propio rancho’ que hace que para ellos esto, en vez de ser una situación dolorosa y dura pero que puede servir para ayudar a que no pase, se transforme en una especie de ‘guerra’ de desprestigio que no es nuestra idea. Nosotros buscamos justicia, poder sanar nuestras heridas y trabajar para que esto no pase más”. 

“Para mí la justicia es poder lograr que esto que nos pasó a nosotros no vuelva a pasar. O que por lo menos existan herramientas para niños y adultos, para poder enfrentarse ante estas situaciones de otra manera. No se trata de venganza, se trata de lograr en el ámbito correcto (el judicial) un camino que lleve a responsabilizar a quienes en su momento no hicieron nada. Y que sirva también para que dejen de existir estas actitudes cómplices donde se traslada a abusadores de ciudad en ciudad, se calla para no hacerse cargo y se busca revictimizar a las víctimas. El sistema en general está mal. Creemos que esto puede ayudar a cambiar aunque sea un poquito la forma en que tenemos de afrontar este tipo de situaciones”, concluyó.

Ante cualquier situación de vulneración de los derechos de niñas, niños y adolescentes, comunicate con las líneas 137 y 102 que brindan asesoramiento, asistencia, y contención de manera gratuita y confidencial.

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