«Cuestión de Peso vende la idea de que no existen otras corporalidades»

👤 La vuelta de "Cuestión de peso" coincide con la ola de conservadurismo que se instaló tras la llegada de Javier Milei a la presidencia. En una entrevista con El Grito del Sur, la activista e influencer Brenda Mato analiza las nuevas particularidades del programa televisivo y afirma tajante: "Nadie mejora su vida por haber bajado 1,100 kg".
18/05/2024

Volvió “Cuestión de peso” y con el reality ya hay un par de clips que circulan en redes sociales: un postre que no se comparte porque “la próxima te corto la mano”, una bailarina erótica con familia evangélica, un joven –“el chico play”– que desayuna seis panchos y sentencia: “cuando te dicen que el gordo es feliz es mentira”, familiares que anotaron a las y los concursantes porque “me angustia verlo(s) así”; hasta uno de ellos –que en su presentación lo mostraron manifestando que comer así lo iba a llevar al “mismito infierno”– estuvo internado hace algunos días. Para su presentación, todos los y las participantes fueron renombrados, etiquetados por la producción: “La madre del milagro” por una joven que sobrevivió a una complicación riesgosa en una endoscopía, “el vendedor ambulante”, “el gaucho”. Por el contrario, desde el entorno del fundador -el Dr. Alberto Cormillot- aseguran que sólo los sábados comen lo que llaman “la porquería”. Para el médico, la porquería es un medallón y medio de pollo y quince papas fritas.

“Si sos una persona gorda, que viviste toda tu vida con gente que te dijo que todo tu cuerpo está mal, que te vas a morir, que tu única oportunidad de la vida es ser flaca y que la solución a todos tus problemas es bajar de peso, que tiene que ser a cualquier costo, y que todo lo malo que te pasa es porque sos gordo y viene un programa que te ofrece el oro y el moro y la solución de tu vida. ¿Qué vas a decir, que no?”.

Brenda Mato recibe un mensaje privado por Instagram. Transcurre el 2017, y la producción de “Cuestión de Peso” prepara su carta de participantes para una tercera conducción, a cargo de Fabián Doman; años después al debut del reality, en 2006 a cargo de Andrea Politti, quien popularizó y luego buscó desprenderse del ciclo que nació como una versión de Gran Hermano; y de la sucesión de Claribel Medina y de Mariano Peluffo. 

“Hace un par de años me han escrito para ir a participar”, cuenta a El Grito del Sur la también estudiante de sociología y artista en el espectáculo “Sex”. “Me querían como participante. Me acuerdo que me contactó una productora y pensé: ‘me parece que le pifié hasta al perfil, reina’ y tres posibilidades: ‘están haciendo investigaciones o son unos morbosos o no entienden a quién están pretendiendo llamar’”— recuerda con humor —“En general cuando se encuentra con estas situaciones, una siempre tiende a pensar mal. Pero a la vez me dije: ‘tal vez… si me dan la oportunidad de que como activista pueda poner mi voz y hablar, pueda servir’.

Brenda Mato

La citación para la entrevista fue en Palermo. Allí la recibió una de las encargadas del proceso de casting. “Antes de arrancar le dije ‘quiero hablar con vos’. Te cuento, este es mi activismo, no estoy de acuerdo con esto y esto. Mirá, a mí no me interesa ser participante pero lo que te puedo ofrecer para participar es hablando de cuestiones de diversidad corporal. Me dijeron ‘no gracias’. ‘Hasta luego, me di media vuelta y me fui’”, repasa la experiencia. “No les sirve tener ahí una persona que hable desde otro lado que no sea el que le es útil al programa”, concluye.

“Es una cuestión muy cínica salir a contactar a muchas referentes gordas de redes sociales, ya sean modelos, activistas, bailarinas”, reflexiona Brenda. De este modo, y a través de compañeras es como se enteró que este 2024 el programa iba a volver a emitirse. “Lo primero que suelen hacer desde la producción es tratar de cooptar a esas personas. Quieren de alguna forma, demostrar o vender que el discurso que mantenemos desde los activismos o quienes defendemos la posibilidad de existir en otras corporalidades es mentira, y que nuestra postura no es sostenible”, señala.

El relanzamiento del programa, con la sorpresiva conducción de Mario Massaccesi, coincidió no sólo en paralelo con Gran Hermano, sino con el Día Internacional sin Dietas. Hace exactamente un año, conversamos con Brenda en el marco de la fecha. ¿Simbólico, no? El Día Internacional sin Dietas es una efeméride muy importante para el activismo de la diversidad corporal, porque pone de manifiesto todo lo que nos afecta la industria de la dieta en general: cómo cada vez personas y más jóvenes desarrollan trastornos de la conducta, de la alimentación, y que además estos métodos son insostenibles. Esto se suma a que la Argentina es el segundo país (luego de Japón) con mayor índice de casos de trastornos de conducta alimentaria (TCA). Según reporta la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (ALUBA), entre un 10 y 15% de la población nacional tiene algún trastorno en la conducta de su alimentación.  

Brenda aporta que en esta edición se revisaron un par de conceptos, de terminología. “Se la pasan remarcando que no mandan dietas”— advierte — “Agarraron muchísimo el discurso activista de la discriminación, del estigma de peso, de la gordofobia; lo que significa que claramente todo el trabajo que venimos llevando hace muchísimo tiempo desde los movimientos activistas, les está haciendo mecha, y les está afectando. El problema es que lamentablemente siempre encuentran la forma de que el agua corra para su molino”. 

@samiisammm

Que hubieran hecho ustedess ??? Lxs leo #cuestiondepeso #cp #cdp

♬ sonido original – Samii

Para estos días, otro testimonio se volvió viral. Desde su cuenta de TikTok, una bailarina y docente de danza contó cómo vivió el proceso de casting para “Cuestión de peso”. Luego de dos etapas de selección, le confirmaron que el programa no entrega una remuneración económica a sus participantes, a diferencia de otros certámenes. “Ustedes me van a decir ‘pero bastante que estás en el programa’. No amor. Mi cara, y la de todos los que están en ‘Cuestión de peso’ es lo que hace subir el rating y con eso se le paga a cada persona. ¿Cómo no me vas a pagar si te estoy cediendo mi derecho de imagen que es lo más caro que hay?”, pone de manifiesto, y señala el caso de las y los participantes de esta edición, que o no tienen una ocupación laboral, o el caso de otra joven que se dedica al trabajo sexual por plataformas.

“¿Cómo? ¿Si no me pagás un sueldo para dejar toda mi vida y participar en tu reality de qué vivo? O sea, claro, si hay mejoras, mi salud ¿pero a qué costo? Porque si el resto de mi vida se derrumba mientras estoy bajando de peso, como que no tiene ningún sentido. Pero bueno, es lo que ellos tratan de vender. Además, lo morbosos que son en el proceso de casting”, complementa Brenda. “No te preguntan cuáles son tus hábitos, sino cómo es tu relación con la comida y cuánto comés, cuándo te juntás a comer, todo alrededor de la comida. Porque el morbo de ellos tiene que ver con presentar personas supuestamente adictas a la comida, ¿no?”, cuestiona. 

En otro orden de prioridades, en un informe histórico con el que acompañaron la apertura del programa, mencionan como hito la sanción de la “Ley de Obesidad” –como la llamaron– y propiamente nombrada Ley de Prevención y Control de los Trastornos Alimentarios. De correr en una cinta al lado de una pileta con fuego y otros episodios probablemente ni comparables, queda sólo el archivo.

Luego de situaciones de cancelación, ¿por qué creés que vuelven con “Cuestión de peso”?

Vuelve como están volviendo un montón de cosas. Hay una ola de conservadurismo muy grande que que ha retornado como contra respuesta a todo lo que hemos avanzado en materia de derechos: en Latinoamérica, me refiero a la ley de matrimonio igualitario, la ley de identidad de género, la ley de talles, la IVEToda esa violencia que se baja desde los puestos altos desde el mismísimo presidente (Javier Milei) diciendo las barbaridades que dice hasta las personas que lo rodean. La temporada de Doman la terminaron levantando prácticamente porque no tenía rating, la gente no la miraba (actualmente es el segundo programa más visto de la franja horaria junto a Cortá por Lozano). Hay una vuelta de muchos discursos que creíamos que ya estaban saldados, explicados, entendidos y sin embargo están reaccionando con muchísima fuerza, ¿no? No olvidemos que la televisión es formadora de opinión. En el mismo horario que está “Cuestión de peso” hoy, hace un par de años teníamos a Darío Barassi y conduciendo un programa.

¿Cuánto tiene que ver que se dé en simultáneo el fenómeno “Gran Hermano”?

Todo lo que pasa en la televisión es recíproco con lo que sucede socialmente y cómo reaccionamos ante eso. Entonces, digo: ¿cuál es el límite? Sabemos que “Gran Hermano” está guionado, que a los participantes les dan información sobre qué hacer y qué no, de lo que sí funciona, y lo que no. Lo que pasó entre la edición anterior y la actual es un fiel reflejo de la sociedad. En la primera, ganó una persona que básicamente no hacía nada y que su opinión era neutra, lo que se llama ahora el argentino de bien, que no se metía en conflictos, que era buena persona y hegemónicamente bonito. Hoy estamos a un nivel de violencia completamente avalada y aplaudida. Digo, estamos ante un triple crimen por lesboodio en Barracas. Entonces, cuál es la vara moral de ‘Ay, ¡qué violenta esta chica del reality!’ Pero después veo a alguien agrediendo al lado mío sin hacer nada. Estamos pegados ahí, esperando a ver qué otra barbaridad va a decir esta chica (en referencia a la participante Furia). 

Incluso se dio en el proceso de casting, donde recurría el “no me gusta trabajar”. ¿Ves que se replican estos elementos en común?

Por supuesto, totalmente. Es que no es deliberado. Es la construcción que sirve el gordo vago, el gordo que no se quiere. Vi un recorte diciendo que cualquier gordo que te dice que es feliz es mentira porque ningún gordo puede ser feliz. Evidentemente, él conoce absolutamente todos los gordos del mundo y él puede hablar por todos los gordos del mundo (ironiza). Interviene también la meritocracia. El otro día una chica me pasó una captura de pantalla que era justamente de la hermana de uno de los participantes: «La vida de Camila está cambiando: Bajo 1,100 kg». La vida de nadie cambia por bajar 1,100 kg. Una persona los sube o los baja constantemente. Nadie mejora su vida por haber bajado 1,100 kg. Hay algo que me parece súper importante: yo no puedo ir en contra de las propias, de las experiencias personales de cada persona. No puedo decirles es mentira cómo percibís vos tu cuerpo, y que tu experiencia estuvo mal cuando no lo piensa. Pero el poder y la coerción no se ejercen necesariamente con una pistola en la cabeza.

Mencionaste las modificaciones que hizo el programa, en incorporar términos como gordofobia, hábitos de alimentación y no dieta. ¿En qué sentís que eso se está aplicando y de qué forma?

Principalmente en la elección del conductor. Eligieron una persona que es muy querida por el público, que tiene unos modos muy cuidadosos. Siento que, en ese sentido, también juega la cuestión de la infantilización que se hace con respecto a los participantes. En otras ediciones anteriores, Doman o Andrea Politti, tenían personalidades un poco más fuertes que resultaron más chocantes. Hoy sabemos que eso funciona. El otro día una participante me dijo que el nombre exacto es reeducación alimentaria, lo cual es una mentira. Quieren plantear esta falsa idea de que no aplican restricciones. 

¿Qué rol y responsabilidad tiene la parte médica en todo esto? 

Cuando voy a una consulta médica existe un rol desigual. Pero también, como toda ciencia, está construida por seres humanos y los humanos son factibles de equivocarse y de ser corrompidos. Ese discurso hegemónico, que es empezar a basar una medicina no centrada en el peso de patologizar, no a la gordura, entendiendo que existe la diversidad corporal y entendiendo que el peso no es un indicador necesario de definición de salud y que no se puede saber si una persona está saludable simplemente con el hecho de mirarla. Un conocido de mi marido, que fue ex participante, y que no logró bajar lo que le prometieron, terminó haciendo la bariátrica. En el último tiempo, si te ponés a investigar, cosa que no ha pasado en las primeras temporadas, muchos participantes terminan con cirugía bariátrica. Se vende como el programa más saludable de la televisión argentina. No hay violencia que se pueda avalar en pos de la salud. Entiendo que mientras discutimos sobre “Cuestión de peso”, hay gente que ni siquiera puede poner un plato de comida en su mesa. Creo que es momento de organizarnos, de ponerle el cuerpo.

En su sentido más metafórico, cada participante deja su cuerpo en la pantalla.

Compartí