Diarios de humo: Día Mundial Sin Tabaco

🚬 En el Día Mundial Sin Tabaco, El Grito del Sur se comunicó con expertos y ex fumadores para armar la radiografía de un consumo tan personal como político. Ancestralidad, juventudes y cómo afecta la ley de Bases al mercado del tabaco.

“El lunes a la noche prendí un cigarrillo, le di tres secas y lo apagué. El martes hice lo mismo pero no lo apagué. Le di una seca, lo apoyé, se consumió, otra y otra y se acabó. Lo dejé consumirse. Lo quería fumar como si fuese un porro. Y de ahí nada. Me mantuve en base a porro y cucharadas de dulce de leche. Y chizitos, muchos chizitos”, escribió Sol Osorio en el diario que llevó mientras intentaba dejar de fumar. 

Su relato se extiende a lo largo de las páginas y se parece al de muchas personas que intentan alejarse del cigarrillo apelando a diferentes procedimientos que van desde los más rústicos -chicles, caramelos, infusiones- hasta parches y medicamentos. Todo se mezcla con un cúmulo de experiencias de displacer y ansiedad que dificultan el proceso. “Fumar desnuda, aún envuelta en la toalla, después de bañarme. Estuve más de una hora en la posición de fumar solo viendo porquerías en Instagram. Tuve el primer arranque fuerte, mucho deseo de fumar. Fume porro. Quedé contenta, manija y charlatana”, continúa la joven.

Cada 31 de mayo, desde 1987, se celebra el Día Mundial Sin Tabaco. Esta fecha fue instituida por la Asamblea Mundial de la Salud para llamar la atención sobre la epidemia de tabaquismo y sus efectos letales. Al día de hoy, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que hay 1.300 millones de consumidores de tabaco en todo el mundo y que éste mata alrededor de 8 millones de personas cada año: 7 millones son fumadores activos y más de 1 millón son no fumadores pasivos expuestos al humo ajeno. A su vez, la esperanza de vida de los fumadores es al menos 10 años menor que la de los no fumadores. Los datos se complementan a nivel local: en la Argentina mueren aproximadamente 42.000 personas al año por enfermedades ligadas al tabaquismo, fuma el 22% de la población adulta y se estima que el gasto por costos directos en salud asociados alcanzó los $840 mil millones en el año 2022. 

“No tengo abstinencia física. No me agarran escalofríos. Pero extraño mucho el ritualito, el hábito de la compañía. Si no fuese por el alquitrán y el cáncer de pulmón ese hábito no me haría daño, creo yo. Y no hay reemplazo para el ritual”, señala Sol.

“Cuando hablamos de tabaquismo hablamos de un problema de salud en general pero especialmente de un perjuicio para los jóvenes y niños”, explica Mario Bedosti, coordinador del área de incidencia de la Fundación Interamericana del Corazón (FIC) Argentina. Con este dato, Bedosti se refiere a la edad de comienzo del consumo: entre los 12 y 15 años. “Nosotros trabajamos en materia de salud pública incentivando las políticas de Estado que combaten el tabaquismo y creemos que una de ellas es la restricción de publicidad”, afirma.

Al igual que muchos chicos, la historia de Sol empezó de joven. Ella a los 12 comenzó a fumar y recién a los 36, en 2022, consiguió terminar con el vicio. Cuando hace el registro acepta frustrada que acumula más años de fumadora que de no. Si bien siempre fumó menos de una caja de cigarrillos por día, el dejar el tabaco le generó angustia, tristeza y ansiedad, algo que ella misma caracteriza como un duelo. 

“Vemos en otros países cada vez más publicidades orientadas a la niñez, de hecho ya hay promociones que usan dibujitos animados. Nosotros hemos llegado a realizar denuncias porque hay kioscos donde los vapeadores están en las mismas maquinitas donde se pueden adquirir peluches”, agrega Mario.

“Me costó. Me dieron ganas de llorar. Un poco me asusté. Pensé que la única forma en que agarre un cigarrillo ahora es si mi mano se mueve sola. No entiendo cómo, pero estoy muy convencida que no voy a poder mantener cada uno de los pequeños actos que necesito para tener un cigarrillo prendido en mi boca”, escribió Sol. Ella tiene muy en claro que el consumo de tabaco comenzó como una manera de provocar un daño en su cuerpo. A esto se le fueron sumando otros componentes sociales, el hábito de compartir el pucho y el halo de glamour que aún lo parece legitimar.

“La idea de que el tabaco legitima la personalidad de los más jóvenes ahora está trasladada a lo que llamamos ‘dispositivos emergentes’ que son los vapeadores, los calentadores de tabaco y otros productos”, afirma el politólogo. “Nosotros hicimos una serie de entrevistas con adolescentes para un estudio cualitativo, donde nos decían que los consumían porque los hacían ver cancheros, modernos, parecer más grandes. En nuestro país los vapeadores están prohibidos desde 2011 e igualmente son una moda. Tienen una construcción narrativa que atrae a jóvenes y niños”, explica Mario. Él refuerza que, aunque la idea popular es que estos dispositivos contribuyen a dejar de fumar, lo que se genera es un consumo dual. “Las restricciones de publicidad deben ser totales porque donde haya una excepción las empresas van a aprovechar”, sentencia. 

La historia detrás de la caja

El tabaco tiene una historia milenaria. Según estudios científicos, hace 10.000 años se cultivaba de manera habitual y se utilizaba en ceremonias religiosas entre los pueblos indígenas de Centro y Norteamérica. Las comunidades indígenas lo usaban con fines medicinales-terapéuticos, es decir como un purgante nasal con un preparado de hojas molidas combinado con otras plantas medicinales locales.

El primer contacto de los europeos con el tabaco se produjo cuando fue presentado por los indígenas locales en el segundo viaje de Colón. Sin embargo, fue Jean Nicot, entonces embajador francés en Lisboa, quien realizó una serie de experimentos para evidenciar el carácter curativo del tabaco y dio el nombre al principal alcaloide de la planta: la nicotina. En 1881 se patenta la primera máquina capaz de producir cigarrillos, con la posibilidad de fabricar 120.000 cigarrillos al día. En las dos grandes guerras mundiales hubo un suministro liberal de tabaco a los soldados como forma de subir su moral de combate y mejorar su disposición para la batalla.

“Ayer casi me rindo. No tomé el aceite a la noche, me olvidé. Casi me rindo. De repente tuve muchas ganas, como algo que no puedo manejar: como un antojo. También tuve un malestar físico. Una ansiedad que me habitaba el cuerpo y lo usaba de lenguaje. Ahí pensé si valía la pena el esfuerzo. Si de verdad iba a ser mejor mi vida si dejaba de fumar”, se extiende Sol. Ella cuenta que el aceite de cannabis, los chupetines y la comida fueron tres factores fundamentales para contrarrestar el efecto de la nicotina. A pesar de los ataques de ansiedad, escribir un diario y hablar con otros sobre el proceso ayudó a darle curso. Formar red en lo cotidiano le permitió sostener lo que se había propuesto. Sin embargo, la joven advierte que el cigarrillo continúa sin ser mal visto y que pocos fueron los profesionales de salud que la instaron a abandonarlo.

“Llevo más de 50 días sin fumar. ¿Y esto es todo? Esperaba meses de agonía y sufrimiento. Tiempos largos de exclusión y malestar. De envidia, de deseo reprimido, de angustia oral constante. De todo lo que tuve, pero por más tiempo. No voy a decir que estoy bien, que no sigo pensando en mí como una persona que fuma y está dejando”, vuelca en un archivo titulado “Cuaderno rojo”. 

En 1954, el epidemiólogo británico Richard Doll demostró que los fumadores tenían mayor probabilidad de sufrir cáncer de pulmón. En 1964 se publicó un informe detallando la creciente evidencia científica sobre el daño del tabaco a la salud humana, y relacionando inequívocamente el nexo causal entre el tabaquismo y el cáncer de pulmón. 

“Pasaron casi 20 días desde que agarré el cuaderno por última vez. El escribir cuando tenga ganas de fumar, y hasta que se me vayan las ganas, ya no es una buena propuesta. Lo que tengo ahora no son ganas de fumar. Es nostalgia”, sigue Sol.

El tabaco puede provocar enfermedades del aparato respiratorio, tales como la bronquitis y el enfisema. Se trata de dos fenómenos de tipo inflamatorio que pueden complicarse con lesiones obstructivas, de fibrosis alveolar e incluso de neumotórax. La nicotina tiene también un efecto directo sobre el sistema vascular, pudiendo producir gangrena como complicación de la enfermedad de Buerger. Por otra parte, se considera que el hábito del tabaquismo puede influir negativamente en la potencia sexual e infertilidad masculina. Sin embargo, Sol considera que está peor visto subir de peso por la ansiedad que genera la abstinencia que seguir fumando.

“Ayer no tuve ganas de fumar. Nada de ganas. Estaba con tres personas que fuman y las tres estuvieron cuidándome y yo estaba súper tranquila. No me podía reír mucho supuestamente, ni hablar tampoco por los puntos del dentista”. La joven cuenta que la intención de dejar de fumar vino con la pandemia, cuando se dejaron de fabricar los cigarrillos que le gustaban. A su vez, una serie de procedimientos odontológicos e intervenciones quirúrgicas fueron el puntapié para espaciar el consumo de tabaco en el tiempo. Pensar que siempre podría regresar era una tranquilidad, un comodín que dejaba bajo la manga pero al que no volvió a recurrir. “No hay feriado esta semana, por suerte para mi ansiedad. El ocio es mi momento de fumar. El ocio era mi momento de fumar. Me cuesta ahora separar uno de otro, así que voy tratando de no encontrarme con el ocio de forma recurrente”. 

Tabaco y ley Bases: ¿Qué repercusión tiene en nuestros pulmones?

Respecto al consumo de tabaco, existen medidas restrictivas a la publicidad y políticas de concientización en muchos países. En el nuestro rige la Ley 26.687 de Tabaco, sancionada en 2011 y promulgada en 2013, que se encarga de la «regulación de la publicidad, producción y consumo de los productos elaborados con tabaco».

En 2004, Bután se convirtió en el primer país del mundo en prohibir la venta y consumo público de cigarrillos. Sus habitantes pueden importarlos para uso personal, y después de pagar un impuesto del 100 % los pueden fumar en privado. 

“Las advertencias sanitarias son parte de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Incluso en algunos países directamente tiene que estar el paquete plano, es decir sin ningún diseño más allá de la advertencia. Sin embargo, ésta es una estrategia que tiene que complementarse con muchas otras”, informa Mario.

En el año 2023, en Argentina se vendieron más de 1.800 millones de paquetes de cigarrillos, lo que representa un 1,5% menos que el año previo y equivale a un consumo de 784 cigarrillos por habitante al año. Sin embargo, la ley Bases, que se encuentra actualmente en el Congreso, tiene un capítulo dedicado al tabaco que permitiría a las empresas bajar sus precios para hacerlos mucho más tentadores. “El capítulo de tabaco de la ley Bases es especialmente preocupante”, advierte Bedosti. “Hasta ahora no hay políticas más efectivas para desincentivar este consumo mortal que las de estipular impuestos altos que a su vez se trasladen a precios”.

La gravedad del asunto está dada porque la ley Bases busca modificar los impuestos al tabaco eliminando el importe mínimo que hay que tributar por cada paquete, que hoy ronda los $800. “Si se elimina este mínimo el precio queda librado al mercado, lo que va a llevar que las tabacaleras bajen el costo y a su vez va a aumentar su consumo”, enfatiza el especialista. “Esto no solo beneficia a las tabacaleras sino que vulnera una política de salud que es muy efectiva para la población”.

Bajo esta coyuntura, desde FIC alertan sobre la importancia de gravar el tabaco, ya que nuestro país tiene uno de los cigarrillos más asequibles del mundo, ocupando el puesto internacional 43 entre 177 países en términos de qué tan barato es consumirlos, y el puesto 4 entre los países de América Latina y el Caribe. Asimismo, advierten que en el último tiempo hubo un aumento de ventas de marcas más baratas, cuyo precio resulta más accesible debido a que hay tres empresas que lograron, a través de la judicialización, bajar sus precios. “En la discusión en el Senado se invitaron a las empresas tabacaleras y a las cámaras del sector pero no se llevó a ninguna fundación que promueva la salud. Nosotros luchamos muy fuerte para que se aborde el tema. Ahí se ve el poder del lobby que tienen los sectores corporativos”, cuenta el vocero de la organización.

“El tabaquismo tiene dos cargas: una carga de salud, que tiene que ver con el cáncer y las enfermedades asociadas, y una carga económica. Según un estudio reciente que realizamos desde el FIC, en 2022 el Estado solo llegó a cubrir un 29% del daño que provoca en términos de salud el cigarrillo. A su vez, estudiamos que el tabaquismo afecta más a las poblaciones más vulnerables. Las personas de bajos recursos se enferman más y si la persona se enferma genera un costo para su entorno a nivel cuidados”.

“Lo que más me cansa de esto es que sí puedo pero de verdad es muy difícil. Y no lo digo para aplaudirme, solo para abrir el paraguas, porque de verdad siento que me puedo quebrar. Es muy al límite de la sensación. Y aunque ahora, más tranquila, reconozco que no es para siempre, cuando aparece la sensación de ahogo viene acompañado con una certeza de permanencia”, cuenta Sol sobre el proceso de abstinencia.

Ella termina la entrevista asegurando que, a pesar de las dificultades y el nerviosismo, hay recompensas y vale la pena privilegiar la salud por sobre lo demás. Como síntesis en sus diarios escribió: “Creo que había puesto muchas expectativas en dejar de fumar. Sí es verdad que los cambios físicos van a ser enormes en forma comparativa, o sea, comparando las mismas condiciones si hubiese seguido fumando. Creo que estoy por hacer algo que suelo hacer frecuentemente: menosprecio lo que en un principio me costaba mucho. Una vez que logré hacerlo en vez de felicitarme me digo: ‘¿Por esto has hecho tanto escándalo? Tampoco era tan difícil’. Cuando sí es tan difícil”.

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Dalia Cybel

Historiadora del arte y periodista feminista. Fanática de los libros y la siesta. En Instagram es @orquidiarios