Una nueva realidad virtual llegó para quedarse. Hace dos semanas OpenAI, una de las empresas de desarrollo de Inteligencia Artificial (IA) más importantes del mundo, lanzó la versión Chat GPT-4o. Su característica más llamativa es que, con una voz casi humana, puede interactuar con los usuarios en tiempo real como una persona. La aplicación también sabe programar, traducir, hacer ejercicios matemáticos y leer las emociones según cómo se encuentra el rostro de quien le habla.
Ante este escenario, es válido preguntarse qué va a pasar con los puestos de trabajo que hoy son realizados por humanos y mañana podrían ser ejecutados por la IA. “La discusión es si nos encontramos ante una amenaza por sustitución, ante una amenaza por los efectos que pueden reforzar la desigualdad dada o ante una potencialidad maravillosa para incrementar la productividad del trabajo. Pienso que la IA no es una amenaza en términos de sustitución del empleo sino en términos de desigualdad. Ante un incremento de la productividad del trabajo humano, el saldo de la incorporación de la IA puede ser una mayor concentración económica, informacional y de poder en pocas manos y una peor distribución de las ganancias de ese incremento productivo”, opinó Juan Manuel Ottaviano, abogado laboralista e investigador, en diálogo con El Grito del Sur.
Por su parte, Julián Mónaco, comunicador y becario doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), aseguró: “Yo participo activamente del sistema educativo y veo que hay una discusión sobre si la IA viene a reemplazar o no a los docentes. Yo tengo otra visión: ni estar parados en el lugar del reemplazo ni tampoco en una postura escéptica de rechazo a la tecnología. Los docentes nos tenemos que plantear cómo darles las herramientas a los estudiantes para que construyan preguntas complejas, para que tengan una posibilidad de integración en estos sistemas tecnológicos que no sea sólo a través de la lógica del consumo, para que la tecnología nos dé respuestas al problema del ambiente, del machismo y todas esas problemáticas que tienen una envergadura muy grande y que nosotros como individuos no podemos reconstruir porque somos pequeños. Pero tenemos que saber hacer las preguntas. Yo pensaría en qué tipo de interacción podríamos construir con la IA”.
En cuanto a qué podría ocurrir con los derechos laborales vigentes ante un crecimiento exponencial de la Inteligencia Artificial, Ottaviano sostuvo: “Yo veo en los sistemas automatizados y en la IA una enorme capacidad para organizar la producción, es decir, una mayor potencialidad para reemplazar a la gerencia que al empleado o a los puestos de trabajo. Esa es la discusión clásica, hoy reeditada, entre organización científica del trabajo e impacto en las condiciones laborales en términos de derechos. La pregunta sería qué generación de derechos laborales tiene que emerger para una nueva forma de organización científica del trabajo”.
Aunque el lanzamiento de la versión Chat GPT-4o es bastante reciente, miles de usuarios de distintas latitudes ya la están usando con fervor y comparten los resultados en las redes sociales. Algunas personas van cambiando su vestimenta hasta que la aplicación les indica cuál es la mejor ropa para presentarse en una entrevista de trabajo. Otros usuarios le piden consejos sobre cuál es la mejor forma de ganar un juego determinado y otros se muestran contentos porque la aplicación les canta el feliz cumpleaños. “Son escenas hogareñas donde parece que no hay entramado social. Yo quisiera interrumpir ese tipo de discursos. Tenemos que tener una mirada más bien sistémica de estos fenómenos y no quedarnos en esa perspectiva subjetiva e individual. Como personas participamos de un montón de sistemas: salud, educación, democracia. Un rasgo de esta época es que esos sistemas están cada vez más reconstruidos y saturados por distintas tecnologías. Habría que resituar estos fenómenos en una mirada global y pensar qué papel pueden cumplir los asistentes tecnológicos en cada sistema, quién los diseña, con qué valores, con qué fines, qué efectos producen y quién los controla”, opinó Mónaco.

Si bien Chat GPT-4o es la cara más reciente de la Inteligencia Artificial, hay que recordar que desde hace unos meses empresas como IA Super Brain, de China, han incursionado en la reconstrucción virtual de personas muertas. Dicho de otra forma, existe un tipo de IA que recopila videos, fotos y archivos de voz de una persona fallecida y después crea una versión digital de ella. El avatar es capaz de interactuar con los familiares del difunto como si se tratara del humano original. Esta situación plantea múltiples escenarios posibles, que van desde llevar alivio a los dolientes hasta realizar fraudes comerciales en nombre de la persona que ya no vive. Sobre este último punto, Ottaviano comentó: “Habría que evaluar si los usos de la IA o de otros sistemas automatizados respetan o no los datos sensibles, pero me parece que no hay que exagerar los riesgos potenciales. Hay que verificar qué pasa con los usos reales hoy, analizar qué reglas le vamos a imponer a la tecnología tal cual se presenta hoy. Los investigadores sociales y los decisores políticos tienen que tener la misma velocidad de acción que la que tiene la innovación tecnológica. Si le pierden el ritmo, estamos fregados”.
El debate sobre si la Inteligencia Artificial se convertirá en “amiga” o “enemiga” de los humanos con el paso del tiempo no está saldado. “Se la podría describir como una tecnología de la personalización, cuyo leitmotiv parece ser que está cada vez más cerca nuestro, incluso parece que nos conoce más que lo que nosotros nos podríamos representar en una conversación. Si convivimos con conjuntos técnicos que no nos producen ningún roce, que permanentemente alimentan lo que queremos y ya conocemos, eso nos resta capacidad para construir un vínculo más amplio y la escena social se nos vuelve esquiva, estamos más preparados para un diálogo sin fricción que para uno en el que haya contrapuntos”, comentó Mónaco. “Hay que poner a la técnica al servicio de lo humano y no al revés, volver a la centralidad de la vida en común, a la definición de lo que es o debería ser de todos y qué aceptamos o toleramos que sea de algunos”, concluyó Ottaviano.






