Si existe un lugar posible en el cual la contracultura pueda seguir viva, es definitivamente en Brixton, específicamente en el sur de Londres, ciudad y meca de la música contemporánea, manteniendo su reinado hace más de seis décadas en esa ardua tarea (God Save a la ciudad reina indiscutida de los festivales). El pasado sábado 25 de mayo se celebró la 3ra edición del festival Wide Awake en Brockwell Park: salvando las enormes distancias, parece ser que siempre hay un sur que grita en cualquier lugar del mundo.
De manera brillante y totalmente orgánica, es llamativo como este festival produce una atmósfera y un ambiente en el cual el thrash metal puede convivir con la psicodelia, el hip hop y el rock más tradicional, así como con prácticamente cualquier género musical existente. Se percibe (y efectivamente lo es) como el festival de música alternativa más importante de la ciudad y se realiza desde hace varios años con un programa cuidadosamente seleccionado que ha estado llenando los vacíos entre el post-punk, el pop alternativo y la música electrónica. Wide Awake se ha convertido en la salvación para todos aquellos que quieren escaparle a lo más comercial, y cada año sigue superando su alcance, peso e importancia en el rubro, tanto en términos de los nombres que aparecen en su cartel como por el eclecticismo de su oferta.
La curaduría de este evento es cautivadora: incorpora desde danza contemporánea, hasta un parque de la costa británico montado exclusivamente para el evento, con bandas que tienen una mezcla imponente de new wave de los 80 y electroclash de los 2000, y logran que la gente baile desde tempranas horas de la jornada. Y este es un dato no menor; además de la purpurina que circula, lo disruptivo no está solo en los looks de los asistentes, sino que arriba de los escenarios se habla de transfobia, de la cultura de los guetos y del genocidio en curso en Palestina.

En el escenario principal, la banda de culto Dry Cleaning está vendiendo su merch post-punk, solo unos minutos después de la excepcional actuación de Crumb con su indie elegante que dejó a la audiencia enardecida, como primera muestra de lo variado de la grilla.
Le sigue Slow Dive, quienes recientemente visitaron nuestro país, y aunque siempre suele sucederse esa maldita superposición de escenarios en los festivales, nadie quiso perderse el show de los hipnóticos Young Fathers; la banda escocesa es increíblemente poderosa. Una bocanada de autenticidad, originalidad y alegría desenfrenada aportaron a la puesta del sol una presentación memorable.
Llegando al final el (olvidado?) rock psicodélico tuvo su momento de gloria, mientras miles de fanáticos disfrutaron de un sábado inesperadamente soleado con la actuación de King Gizzard & The Lizard Wizard, que encabezó la lista como headliner y encargado del cierre del evento: y no solo cumplieron con las expectativas, sino que las superaron de forma contundente.
El wide awake como valor agregado, plantea una cuestión imprescindible; los cambios en la música son también una representación de los cambios sociales o un espejo de sucesos históricos puntuales, y también de sus marchas y contramarchas a lo largo de la historia. En la Inglaterra del post Brexit, las cosas están algo agitadas, y eso se percibe. Existen muchísimas disputas culturales que no son medibles en términos cuantitativos y que siguen perdurando o que están presentes en dimensiones simbólicas. No resulta raro que el precio de las entradas de este festival sea diametralmente más económico y accesible que todos los otros que hay por el país, y además en el mismo, realmente existe la presencia de minorías, de migrantes, de outsiders. Los actores sociales que entran en juego en este parque, son definitivamente diversos y alternativos.

En el libro “Subcultura”, Dick Hebdige, pone en tensión algunos de estos elementos; Brixton supo ser históricamente el barrio de los marginados, “delincuentes” y de aquellos migrantes de colonias británicas expulsados de sus lugares de origen, y fue por este motivo, el lugar donde la cofradía entre el reggae y el punk tuvo su gesta inicial. En este análisis, de la música reggae como un plafón para vehiculizar un mensaje religioso, mantener una identidad vigente, mostrar contradicciones y polarización sociales en tornos a la negritud, la raza, la etnia, se jugaba también la identificación ya sea directa o indirecta, o negativa o positiva, como un dispositivo clave para entender las relaciones entre las formas juveniles de sociabilidad de ese entonces. Aquello que en nuestro país muchas veces llamaron de forma bastante polémica y problemática: “las tribus urbanas”. En estas tierras, “lo punk” ha sabido ser una traducción blanca de la identidad étnica negra y de estas relaciones y vínculos fluidos; la unión devino por ser igual de perseguidos y estigmatizados por el sentido común de aquella sociedad conservadora en la Inglaterra de los años 70.
De alguna forma, el festival nos pone por delante, y con la música como vehículo principal, una historia llena de complejidades aún vigentes en el Reino Unido; las relaciones raciales, así como aspectos que tienen que ver con la apropiación cultural, o con la inspiración de otras culturas (hipster, beat ), etc. desde diferentes lugares. Es decir con una naturaleza cualitativa distinta, por ejemplo desde los beatnik y una visión romanizada de la negritud, hasta lo mismo que sucedió con el blues y el rock, donde en esa transformación o supuesta “generación espontánea”, se borraban muchísimas y profundas contradicciones de clase, que no podemos dejar de percibir.
Aquella idea de condición de exilio voluntariamente asumido del punk en sus inicios, se siente presente en este contexto, y no puede escaparse un pequeño análisis de la estética y la política en este suceso; la locación elegida, las imágenes planteadas, el arte que circula en el mismo y la curatela elegida, está bien lejos del Palacio de Buckingham y de todas las representaciones de la corona británica, y esto no es casualidad. Una brillante y fantástica apuesta para todxs aquellos que siempre nos sentimos más cómodos en los bordes.





