Cuidar a otros: ¿qué rol cumplen los varones?

👨‍🍼 Juliana lanzó al mercado una pequeña valija llamada "Julián papá" para que los varones puedan involucrarse en los cuidados desde chicos a partir del juego. Con la aparición de este juguete se reabre la discusión acerca de la responsabilidad compartida de los cuidados entre los géneros. El Grito del Sur conversó sobre el tema con especialistas.

Ahora los nenes pueden jugar a ser papás. Hace alrededor de un mes Juliana, la reconocida marca de juguetes, creó una pequeña valija llamada Julián papá con el objetivo de que los varones puedan involucrarse en los cuidados, a partir del juego, desde una edad temprana. La valija incluye un peine, un cepillo, un pañal, una talquera, una mamadera y un sonajero, entre otros objetos. 

“No va a transformarse el mundo a partir de esto, pero está bien que empiece a naturalizarse la relación entre los cuidados y los varones”, opinó Ariel Sánchez, quien tiene a su cargo la Dirección de Promoción de Masculinidades para la Igualdad de Género del Ministerio de Mujeres y Diversidad de la provincia de Buenos Aires, en diálogo con El Grito del Sur. “Hay un problema estructural de desigualdad —advirtió Sánchez— que se inicia, muchas veces, con la desigualdad en las tareas domésticas y de cuidado de otras personas, que naturaliza ciertos roles y que a la larga termina provocando no sólo un trabajo que no es remunerado, como el de las tareas de cuidado, sino también una dificultad en el acceso al empleo formal”. 

“Si bien el cambio social no puede depender exclusivamente del mercado, la iniciativa me parece positiva porque los roles de género justamente se introyectan desde que somos muy jovencitos y jovencitas”, comentó a este medio, a su vez, Sol Prieto, exdirectora de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía de la Nación. “Leí hace poco que cuando las chicas llegan a segundo o tercer grado ya perciben que son peores en Matemática que los varones. Aunque la brecha se está diluyendo, los roles de género siguen funcionando en los docentes y demás —agregó Prieto—. Por eso me parece importante desarrollar desde el juego estas cuestiones. Las escuelas de fútbol para nenas van en esa misma dirección, de revisar cuánto de la crianza tiene que ver con los estereotipos de género”. 

“En la dirección venimos trabajando bastante el tema de paternidad y cuidado —contó Sánchez—. El programa Qunita bonaerense tiene no sólo un material de responsabilidad compartida en los cuidados sino también un apartado específico destinado a los varones con recomendaciones, para incluirlos en la conversación de los cuidados. No es lo mismo que el Estado te hable o no te hable del tema”. También dijo que el Ministerio del que forma parte acompañó la ampliación de la licencia por paternidad en la administración pública, que pasó a ser de quince días, y contó que la dirección que tiene a su cargo promueve espacios para conversar con varones sobre estos temas y que articula actividades con sindicatos, organizaciones y otras áreas del Estado. “Los mandatos de masculinidad que no están vinculados al cuidado afectan también las vidas de los padres y las de sus hijos, hijas e hijes al no estar presentes”, enfatizó Sánchez. 

Por su parte, Prieto destacó el Índice Crianza, una política que se implementó cuando ella formaba parte del Ministerio de Economía de la Nación. Se trata de un valor de referencia para saber cuánto destinan las familias a alimentar, vestir, garantizar vivienda, trasladar y cuidar a los hijos e hijas. El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) calcula la valorización mensual de ese índice. “Establece un monto de lo que cuesta criar a niños, niñas y adolescentes, considerando no sólo los bienes y servicios necesarios sino también el tiempo de cuidado”, contó Prieto. También mencionó la Calculadora del Cuidado, que buscaba visibilizar las tareas de cuidado y cómo están desigualmente repartidas, y el Programa Registradas, que subsidiaba el 50% del salario de las trabajadoras de casas particulares. 

Respecto de las resistencias que algunos varones muestran en relación a hacerse cargo de los cuidados de sus hijos e, inclusive, de otros familiares, Sánchez sostuvo que “aparece una negación, no tienen registro del uso de tiempo mental que implica el cuidado, de lo que necesitan los hijos e hijas mañana, pasado y la semana que viene. También hay una idea de ‘yo no sé cuidar, lo hace mejor la mamá, ella sabe más’, como naturalizando ciertos roles. Por eso me parecen bien las iniciativas como la de Julián papá, porque el cuidar se aprende. Y en el no cuidarse o no cuidar a otras personas hay un factor de riesgo importante, como la violencia por razones de género”. 

“Los mandatos de masculinidad que no están vinculados al cuidado afectan también las vidas de los padres y las de sus hijos, hijas e hijes al no estar presentes”, enfatizó Sánchez. 

Una de las diferentes facetas que tiene ese tipo de violencia se relaciona con el incumplimiento del pago de la cuota alimentaria. Un informe de 2022, titulado Incumplimiento de la obligación alimentaria en la provincia de Buenos Aires. Un problema estructural que profundiza las desigualdades de género y realizado por el Ministerio de Mujeres y Diversidad de la provincia de Buenos Aires, indicó que “más de la mitad de las mujeres encuestadas (66,5%) no recibe obligación alimentaria o sólo la percibe eventualmente”. El estudio también demostró que “en los casos en que el progenitor cumple con sus obligaciones alimentarias a través de dinero, el monto resulta escaso o alcanza a cubrir sólo algún gasto o necesidad particular de sus hijas o hijos”. 

En relación con estos datos, Sánchez afirmó que “las mujeres no son más pobres que el resto de la humanidad por nada. La feminización de la pobreza como fenómeno estructural tiene que ver con la distribución naturalizada de los roles, que termina generando que accedan menos al trabajo formal, que ganen menos y que el trabajo de cuidado no sea remunerativo”. También dijo que “hay una legitimación social para que el varón pueda huir, nadie lo cuestiona, y muchas veces reproduce el discurso de poner en duda para qué se usa la plata de la cuota alimentaria, pensando que quien se gasta la plata es la madre, como que está manteniendo a la madre, y eso es por estar ajenos a lo que implica el cuidado de los hijos en términos económicos”. 

A su vez Prieto dijo que, según una encuesta de UNICEF de 2023, el 67% de los varones no cumple con el pago de la cuota alimentaria. “Hicimos el Índice Crianza porque en dos de cada tres casos en Argentina hay incumplimiento del pago de la cuota. Es una medida bien concreta que sirve para acelerar las sentencias de juicios por alimentos que muchas veces tardan más porque los jueces tardan en determinar la cuota, especialmente cuando los progenitores tienen ingresos informales”, agregó Prieto. “La paternidad existe, quizás, como mandato biológico, pero en términos de obligación o vinculación para con los niños significa muy poco —reflexionó Prieto—. En todos los países tenés niveles similares de incumplimiento, salvo en los países escandinavos, que tienen desde hace cuarenta años una política consistente para tener un modelo de política familiar, o sea, para pensar un Estado de bienestar”. 

Respecto de los discursos que dicen que el Estado no debe intervenir en la organización interna de los hogares, Sánchez opinó que “somos sujetos públicos, lo que sucede en el hogar es parte de lo público. El modo en el que nos vinculamos tiene que ver con mandatos sociales y con cuestiones que afectan al derecho de las personas. El Estado se mete donde hay un derecho vulnerado para garantizar que ese derecho no se vulnere”. 

“Si queremos que todo siga como está, o sea, que los papás vivan casi sin conocer a sus hijos, sin tratar con ellos y sin cuidarlos, y que las mujeres sigan haciendo las tres cuartas partes de las tareas de cuidado, que no puedan participar del mercado de trabajo y que no tengan aportes previsionales —comentó Prieto—, esos discursos están bárbaros. Ahora, si queremos una participación más equitativa necesariamente el Estado tiene que intervenir, no hay otra opción empíricamente, no es algo ideológico ni valorativo. Si la licencia por paternidad es de dos días, ¿qué paternidad queremos que experimenten los varones?”.

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