«Hemos conocido horas de triunfo»: cuando el deporte es un espacio de encuentro

⚽ En el aniversario de la final de la Copa Mundial de la FIFA Argentina 1978, El Grito del Sur habló con Gabriel Baggio, curador de la muestra “Hemos conocido horas de triunfo” que aborda el deporte, los vínculos sociales y su relación con la última dictadura.

La re-sensibilización de los espacios de encuentro que se forman a través del deporte, los vínculos humanos de contención que propician los clubes y potreros, los cruces con otras especies de la naturaleza, los encuentros espontáneos generados alrededor del juego, la pasión de los hinchas y la relación entre los campeonatos y su contexto socio histórico, son algunos de los puntos que estudia la muestra “Hemos conocido horas de triunfo”, montada actualmente en el Centro Cultural Haroldo Conti.

La exposición colectiva, curada por Gabriel Baggio -licenciado en Artes Visuales por la UNA y co director de la Licenciatura en Practicas Artísticas Contemporáneas junto con Florencia Levi en la Universidad Nacional de San Martín-, se inauguró en mayo y podrá visitarse hasta agosto del 2024. La muestra está formada por cinco artistas: Alejandra Lapacó, Edith Chiapetto, Emiliano Guerresi, Favio Gutiérrez y Julián Medina. Tres de estos artistas son jóvenes y están vivos, una fallecida -Chiapetto- y otra desaparecida -Lapacó-.

“Los clubes y espacios deportivos espontáneos pueden ser refugio, lugares de pensamiento alternativo, donde las prácticas artísticas en territorio y expandidas adoptan otras lógicas”, relata Baggio en el texto curatorial.

La misma sala donde vemos las obras sobre lienzo de Edith y las miniaturas realizadas sobre tapas de pintura de Emiliano, logra convertirse en un ring de boxeo o un club de ajedrez gracias a las activaciones que se realizan con bolsas y mesas con tableros de cuadrículas. Estos pequeños gestos hacen que la exposición disloque el sentido tradicional del espacio museístico. La sala blanca se corre de la idea “neutra” del arte respecto a la política para generar un ecosistema que sea habitado por la comunidad. El museo se convierte en un espacio de encuentro donde tejer complicidades, como el club de barrio. 

Algunas obras rozan lo metafísico, parecen arquitecturas diseccionadas. Otras apuntan al lenguaje del videojuego o al pixel. Las nuevas tecnologías también pueden ser concebidas como espacios de ocio capaces de reunirnos. Las minuciosas imágenes fragmentadas como piezas musicales muestran detalles ampliados, hiperrealistas. Esa cadena de relaciones que se urde alrededor del acto deportivo se despliega como un cuadro sinóptico en la pared del fondo del Centro Cultural. Los carnets de los socios desaparecidos se guardan en una vitrina.

La manera en la que el deporte forma comunidad lo convierte en un lugar de rebeldía nato, capaz de oponerse al individualismo a través del cual se fortaleció el gobierno de facto e intenta instalarse hoy en día la derecha. De hecho, esos vaivenes epocales laten alrededor de todo el recorrido, como búsquedas de sentido, destellos de esperanza.

Para conocer más sobre el trasfondo de la muestra y reflexionar sobre la relación que la dictadura tuvo con el deporte y su actual nexo con la política, El Grito del Sur se comunicó con Gabriel Baggio, quien como artista obtuvo el primer premio del Concurso Nacional de Artes Visuales en la orientación cerámica del año 2020. 

En 1977, a sus 19 años, Alejandra Lapacó fue secuestrada de su casa junto a su madre Carmen Aguiar de Lapacó, su novio Marcelo Butti Arana y su primo Alejandro Aguiar. Los cuatro fueron trasladados al centro clandestino Club Atlético. A los 3 días, su madre y su primo fueron liberados. Alejandra y su novio Marcelo están desaparecidos desde ese entonces.

¿Cómo surge la muestra? 

La muestra surge por una convocatoria de la coordinadora de artes visuales del Conti, Lorena Bossi, que me invitó a ocupar el espacio durante el momento tan particular que estamos viviendo. Yo ya había iniciado una investigación alrededor de la obra de Julián Medina cuando curé la muestra que realizó en un club barrial del conurbano. En ese sentido, se me ocurrió ampliar esa investigación y agregar otros artistas que trabajan en esa línea, como Gutiérrez y Guerresi. La intención era contrastar los vínculos que genera el deporte en los espacios barriales y subrayar la interacción social que se produce a través de estos lugares alternativos.

¿Qué rol tuvo el deporte durante la dictadura, pensándolo como aglutinador social?

Todos los lugares que fueron espacios de pensamiento fueron atacados por la dictadura. Si bien la muestra no gira en torno a eso, se sabe que algunos de ellos oficiaron como espacios de resistencia de manera clandestina. Previo a la dictadura eran lugares altamente comprometidos con la acción política porque permitían vínculos y formaban acciones colectivas. Es decir, en esos espacios sucedían actos de resistencia en términos de espacios de reunión. Lo que sí plantea la muestra es que de alguna manera sobrevivió, en términos más pequeños, este tipo de resistencias, ya sea alrededor de los clubes como en lugares no organizados, como potreros. En respuesta al presente que estamos viviendo, que lo pensamos en términos de consecuencia directa del gobierno de facto, quisimos generar cierta esperanza. Con la muestra intentamos marcar que no está todo perdido, que hay lugares donde se pueden gestar respuestas colectivas. Ese es el trasfondo de la investigación.

Edith Chiapetto egresó como Maestra Nacional de Dibujo de la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano. Asistió al taller de Juan Francisco Giacobbe. Entre 1971 y 1976 realizó exposiciones individuales en galerías de la Ciudad de Buenos Aires y en 1977 en el Museo de Arte Moderno; participó en Salones Nacionales, provinciales y municipales del Gran Buenos Aires. Falleció el 25 de julio de 1991 en Caseros.

¿Qué rol tienen los clubes de barrio en la conformación de las infancias y la sociedad en general?

Creo que no todo es color de rosa respecto a los vínculos y el deporte. Por ejemplo, en mi infancia los espacios de deporte fueron lugares de exclusión. Los clubes de barrio también son lugares donde te pueden hacer bullying o discriminarte porque no encajás en un estereotipo. Sin embargo, te confrontan con la sociedad y te permiten revisar cómo convivir en términos de sociabilidad posible. Muchas veces se logra transmutar esta segregación en términos positivos y se convierten en lugares donde ese individuo que fue marginado puede trasladar sus sentimientos hacia un lugar de acción política colectiva. También me interesaba mostrar a los clubes como lugares donde se generan vínculos inter especies, con animales, bichos o mascotas que permiten pensarse más allá de lo humano. 

Emiliano Guerresi se formó como artista en talleres, los cuales comenzó a frecuentar desde los 8 años. En 2019 recibió el Segundo Premio Categoría Menores de 35 años del Premio Nacional de Pintura del Banco Central. Fue seleccionado en el Salón Nacional de Artes Visuales (2021).
Participó de exposiciones colectivas como “23/20 La Celebración” (2017) y “Abunda” (2018) en el C.C. Borges, Premio MACSur (2022) y “FIGURITAS. Apariciones futboleras en el arte argentino” en la Casa Nacional del Bicentenario (2022). Vive y trabaja en Ezpeleta, sur del conurbano bonaerense.

¿Por qué optaste por sumar una artista como Alejandra Lapacó, que está desaparecida y sus obras no son explícitamente sobre el deporte? 

Las obras de Lapacó, si bien no abordan directamente el deporte, son parte de la colección del Conti y están en relación con la obra de Chiapetto, que sí está vinculada a la investigación sobre los clubes. Para mí es una estrategia curatorial incluir las obras de Lapacó porque permite hacer un llamado de atención sobre la lucha de los 70, y esos ideales revolucionarios. Sus obras son destellos y señales en las que podemos encontrar todavía hoy en estos lugares de sociabilidad alternativa. La intención fue marcar las pistas de construcción de una ética y de un ciudadano involucrado socialmente, que se pueden encontrar en los clubes, y ver qué pasaba con la vinculación entre los grandes ideales revolucionarios de los 70 y los gestos mínimos.

¿Cómo conviven las obras más abstractas con otras más figurativas e incluso con las intervenciones del espacio como las bolsas de boxeo y los tableros de ajedrez? 

En términos de las artes visuales, yo no creo posible hablar de abstracción. Considero que en la obra de Lapacó hay vetas surreales o metafísicas que nos están hablando de una mirada del mundo. La propia situación de que una mujer haya pintado esas imágenes en su tiempo es una posición que nos habla de un individuo particular con su manera de ver el mundo. Las intervenciones de las bolsas de boxeo, los tableros de ajedrez, el metegol y el buffet son casi una obra conjunta que hicimos con Julián Medina, tomando como referencia a esa primera muestra que te nombraba anteriormente en un club de barrio. Así como en ese momento él llevó sus cuadros al club, ahora la intención era traer algo del club al espacio de arte, trasladar esos agentes que propician la socialización. A veces los espacios artísticos son más pacatos y se hace complejo generar intercambios críticos entre sus visitantes. Para luchar contra eso realizamos este giro del sentido.

Favio Gutiérrez estudió la licenciatura y profesorado en Historia del Arte en la Universidad de Buenos Aires. Se formó en dibujo con Juan José Boccalandro, en pintura con Mabel Mellana y en croquis con Carlos Terribili en AEBA. Se especializó en pintura en la Escuela de Bellas Artes de Lanús y en aerografía junto a Cesar Deferrari. En 2019 formó parte del Proyecto PAC de la galería Gachi Prieto y del ciclo CIA Antifascistas. Durante 2021 participó del programa anual MANGLAR/RUDA en la ciudad de La Plata y del taller Arte en Territorio en el Centro Cultural Haroldo Conti. Actualmente se encuentra participando en la muestra final de AXA en el museo MACBA. Vive y trabaja en Avellaneda.

¿Pensás que es necesario que los deportistas se posicionen políticamente? 

Yo creo que todos los seres humanos tienen que manifestarse políticamente. De hecho, no estar pronunciándose ya es una postura política que demuestra muchas veces que se está valorando más el contrato con una marca que lo que piensan en términos de activismo. Soy un convencido de que el pensamiento está condicionado por los medios y las redes sociales y por eso considero que estas figuras son una ayuda fabulosa para gestar un pensamiento político. Creo que quienes lo sienten de corazón lo hacen, aunque sean re poquitos.

¿Cuáles son las características del vínculo entre deporte y política que se dieron en dictadura y perviven hasta el día de hoy?

La opresión que vivimos con el Mundial 1978, donde el nivel de impunidad era tan grande que podían estar secuestrando y matando gente al mismo tiempo que se desarrollaba un campeonato, no es tan fuerte al día de hoy pero tiene algunos rasgos de pervivencia. Ya tener un presidente que se comporta de manera muy similar a cómo se comportaban los dictadores, aunque fue elegido por el pueblo, es uno. Ahora no son secuestros ni extorsiones pero se niegan los espacios de entrenamiento a los deportistas, se recorta en becas y fondos que son responsabilidades estatales. En algún punto es un espejo de lo que sucedió en aquel momento, aunque cobre otras formas.

Julián Medina cursa actualmente la Lic. en Prácticas Artísticas Contemporáneas en UNSAM. Fue seleccionado para participar del Programa de Artistas de la UTDT Edición XI 2019/20. Entre el 2018 y el 2020 asistió al taller seminario de arte contemporáneo, contexto y realización de obra con Gabriel Baggio y en 2021 asistió a la clínica de obra de Verónica Gómez. Realizó gran cantidad de exhibiciones colectivas.
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Dalia Cybel

Historiadora del arte y periodista feminista. Fanática de los libros y la siesta. En Instagram es @orquidiarios